La caída del Banco Popular (o la historia de una pesca madrugadora)
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La caída del Banco Popular (o la historia de una pesca madrugadora)

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Imagen: EC Diseño.

Los periodistas nos dedicamos a hacer la calle, a salir de pesca, con el objetivo de traer la mejor mercancía posible para los lectores. La historia de la exclusiva del Banco Popular, el primer banco intervenido en la Unión Europa desde que la supervisión financiera se hace por las autoridades de Fráncfort y no por las nacionales, nace de lo que sería un pequeño madrugón para un periodista.

Debido a las altas horas a que solemos terminar una jornada laboral que por lo general no tiene horario fijo, pero que la mayoría de las veces se alarga hasta las tantas, que te convoquen en un hotel a tomar un café a las ocho de la mañana no suele ser muy habitual. Somos obreros distintos. Pero, como las funerarias, esta profesión no tiene horas. Hay que estar cuando toca, con indiferencia del día de la semana o el momento del día. Por si acaso, hay que acudir. Así fue como conseguimos la primera y gran pista del Popular, de su estado crítico y de la decisión de su consejo de administración de ponerlo a la venta antes de que quebrara.

En realidad, el café mañanero no tenía un motivo especial, ni la fuente nos había dado ninguna indicación por teléfono sobre qué íbamos a hablar. Más bien, yo tenía otras potenciales noticias en la cabeza, otras operaciones corporativas de las que intuía que mi fuente podía saber detalles. Pero, tras la típica introducción general sobre el mundo, la política y los grandes búfalos del Ibex 35, mi interlocutor me sugirió: "Sigue lo del Popular. Es un tema ya de vida o muerte".

Aunque eran conocidas las dificultades del banco, que había cambiado de presidente y consejero delegado apenas hacía unos meses, con una brusca lucha de poder de una entidad gobernada por el Opus Dei, era difícil creer que al Popular le quedase tan poco de vida. "O encuentran alguien que lo compre ya o se declara en quiebra al ritmo que salen los depósitos cada día", me añadió.

"No jodas", fue la exclamación con la que respondí a semejante información, sobre la que rápidamente me surgieron preguntas y dudas: ¿está ya en venta? ¿Han contratado a algún banco de intermediario para canalizar el proceso de ofertas? ¿Cuánto dinero está saliendo por las ventanillas cada día? "Tú síguelo y rápido, que quienes lo tienen que saber ya lo saben y están haciendo números", añadió.

En realidad, el café no tenía un motivo especial, ni la fuente nos había dado ninguna indicación por teléfono sobre qué íbamos a hablar

Por lógica, quienes lo tenían que saber eran el Ministerio de Economía, el Banco de España y los potenciales compradores, entre los que solo podía haber bancos nacionales con músculo suficiente y algún extranjero en busca de una oportunidad única, histórica, de hacerse con una entidad financiera con mucha huella entre las pymes y muchos clientes minoritarios fieles. Confirmarlo fue relativamente fácil. Saber que Lazard y JP Morgan eran los asesores del consejo de administración del Popular para buscar un comprador, algo más difícil. Tener una cifra bastante certera del dinero que huía del banco por la inquietud de los grandes clientes institucionales requirió de algún café más.

"¿Estás seguro? Esto es gordo"

Una vez ya estando seguros de que teníamos el pescado, un besugo, un rodaballo salvaje, un atún de almadraba, de los que pocas veces se pillan, me dirigí en la mañana del 11 de mayo de 2017 al despacho del director, Nacho Cardero. "El Popular está en venta. O lo venden ya o quiebra", le puse encima de la mesa. Me miró estupefacto y preguntó lo habitual: "¿Estás seguro? Esto es muy gordo. No lo podemos dar si no lo tenemos bien chequeado".

"Segurísimo", fue muy respuesta, que no escondía la responsabilidad de saber que esa información, convertida en noticia, afectaba a cientos de miles de accionistas, muchos de ellos pequeños inversores, que tenían parte de sus ahorros en su banco de toda la vida. Un señor banco del que nunca había habido dudas sobre su solvencia. Un banco vinculado al Opus Dei, la primera gran institución eclesiástica de este país, algunos de cuyos miembros más significativos eran o habían sido ministros o ejercido grandes cargos.

Tras un debate de cuándo era el momento más idóneo para publicarlo, se decidió que, dada la trascendencia de la información, cuanto antes. Los impositores, los accionistas y el mercado en general tenían derecho a conocer la noticia tan pronto como pudiéramos tenerla montada, revisada y editada hasta el mínimo detalle por las consecuencias que pudiera tener. No solo para el autor, sino para El Confidencial.

Recibimos cientos de correos con todo tipo de insultos y amenazas por parte de lectores y supuestos accionistas o ahorradores del banco

A las 17:13 lanzamos el 'scoop', que tuvo un impacto inmediato en la cotización del Popular. En cuestión de minutos, pasó de estar subiendo con fuerza, a acabar con un brusco descenso. El impacto fue tan relevante como los cientos de correos electrónicos y mensajes con todo tipo de insultos y amenazas por parte de lectores y supuestos accionistas o ahorradores del banco. Una verdadera avalancha que después se complementó con una amenaza por parte del consejo de administración del Popular de interposición de una querella.

Además, el banco envió un desmentido categórico, que nos dejaba a los pies de los caballos. Pero teníamos una bala de largo alcance. Aunque no pensábamos utilizarla en un principio, las amenazas y el comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores negando la información nos llevaron a publicar unas declaraciones que nos hizo el presidente del propio Popular que no hacían más que confirmar nuestra información, si bien se quejaba de la dureza del titular. "Saracho encarga la venta urgente del Popular a JP Morgan y Lazard por riesgo de quiebra".

La noche entre el jueves 11 y el viernes 12 dormí poco, muy poco y mal. Más o menos lo mismo que el editor, José Antonio Sánchez, y el director, al verles las caras el viernes por la mañana. Nos jugábamos mucho. En realidad, el periódico, con sus más de 150 puestos de trabajo en aquel momento. Una querella por una cantidad proporcional a la caída en bolsa suponía una millonada que ninguno, ni a título individual ni como empresa, podíamos asumir.

Foto: Imagen: Irene de Pablo / El Confidencial Diseño.

Los medios competidores compraron en la mañana del viernes el comunicado oficial del Popular, sin dar atisbo de credibilidad a nuestra información. Solo a partir del domingo, una vez que los colegas de otros periódicos indagaron un poco, empezaron a intuir que la noticia iba a misa, que todo era cierto y que el fin del Popular era cuestión de días. Grandes cabeceras, con sus intereses comerciales, pasaron de desmentir el 'scoop' de forma categórica a decirse: "Hostias, que es verdad y hay que arremangarse".

El 6 de junio, desde Bruselas, la Junta Única de Resolución (JUR), dependiente del Banco Central Europeo, interviene el banco y dictamina que "debido a la reciente situación de liquidez, el BCE ha decidido que Banco Popular estaba quebrado o probablemente quebraría". En una subasta exprés, realizada de madrugada, el 7 de junio se lo vende al Banco Santander por un euro.

Grandes cabeceras, con sus intereses comerciales, pasaron de desmentirlo a decirse: "Hostias, que es verdad y hay que arremangarse"

El consejo de administración del Popular había cumplido su amenaza y, antes de ser destituido por la quiebra, había presentado la querella contra El Confidencial y este juntaletras. Obviamente, quedó archivada dos meses después porque el juez había comprado la veracidad de la información, corroborada por la intervención del Popular, la primera que ha ocurrido en Europa.

Un caso que a día de hoy sigue en los tribunales, con numerosas demandas y querellas de accionistas contra el presidente del banco y las autoridades europeas. De hecho, la presidenta de la JUR, Elke Konig, acaba de ser llamada a declarar por la Audiencia Nacional. Hay más de 1.300 millones de euros en juego, que es lo que valía el Popular antes de su caída.

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