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Tensión en los mercados: cuando los inversores redescubren el riesgo
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Aumentan los recelos

Tensión en los mercados: cuando los inversores redescubren el riesgo

Aunque los sustos recientes han resultado efímeros, reflejan una creciente inquietud entre los inversores sobre la solidez de los pilares que han venido sosteniendo las bolsas

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A las turbulencias que se registraron este martes en los mercados, sucedió este miércoles una sesión de alivio que alimenta la percepción entre muchos inversores de que lo acontecido no deja de suponer un desliz más dentro de una historia de éxito bursátil aún en marcha. Al fin y al cabo, si las bolsas se recuperaron con presteza del susto propiciado la semana anterior por Evergrande no hay razones por las que este último tropiezo no pueda quedar en una mera anécdota en el corto plazo.

Como observan los analistas de Bankinter, la recuperación económica parece bien anclada y los bancos centrales lo siguen respaldando con políticas monetarias expansivas. Aunque muy poco a poco la pandemia -y con ella las restricciones asociadas- sigue remitiendo, y el repunte del consumo favorecido por la normalización de las actividades viene en apoyo de la mejora de las cuentas corporativas, lo que, unido a la falta de alternativas debería seguir sustentando la buena marcha de las bolsas.

Sin embargo, parece haber elementos para no zanjar el análisis de lo acontecido de forma tan superflua. Las correcciones no son ni mucho menos una anomalía en mercados alcistas como el actual, que ha llevado a las bolsas mundiales a perforar continuamente máximos históricos. Pero si después de siete meses de ganancias ininterrumpidas la renta variable global está camino de registrar su peor saldo en año y medio, con picos de volatilidad que no se veían desde inicios del ejercicio y con las ventas generalizándose a casi la totalidad de los activos financieros, es obvio que algo está cambiando en el sentir de los mercados.

Las bolsas mundiales están camino de registrar su peor mes en un año y medio

Y no faltan razones para ello. Porque los inversores se han movido desde hace varios trimestres, tras el 'shock' inicial de la crisis del coronavirus, en un escenario en el que han abundado los riesgos, pero consistentemente eclipsados por la promesa de una recuperación más o menos cercana y la red de seguridad tejida por gobiernos y bancos centrales, con sus millonarias políticas de estímulos fiscales. El resultado fue que las bolsas -con sus excepciones- borraron con sorprendente prontitud las huellas de la crisis y se animaron a explorar nuevos récords, alentados por las brillantes perspectivas que se erguían tras la montaña del covid.

Aunque los tiempos han podido resultar inciertos, la realidad se ha ido ajustando a esos parámetros: la pandemia ha ido tornando en un problema sanitario y económico muy inferior a lo que fue en sus primeras etapas y las economías y las empresas han salido del agujero de la crisis con una fuerza inusitada. Sin embargo, lo que queda en adelante empieza a perder ese brillo original.

La recuperación económica sigue en marcha, pero se ralentiza a una velocidad superior a lo que se asumía inicialmente y lo que en un principio se leía como un freno puntual empieza a alimentar teorías sobre una ralentización de mitad de ciclo. “Después de una recesión relámpago provocada por la pandemia, llegó una recuperación igual de súbita. Lo que ha tomado trimestres e incluso años en suceder en recesiones anteriores, ocurrió en la actual en cuestión de semanas o meses. La siguiente etapa podría ya estar en marcha: una desaceleración de mitad de ciclo”, observan en Julius Baer.

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Y lo peor para los inversores es que este cambio de contexto económico se aproxima en el mismo momento en que el respaldo fiscal de gobiernos y bancos centrales empieza a enviar señales de repliegue. Los problemas del Gobierno de Estados Unidos para sacar adelante sus billonarios planes de infraestructuras o las pretensiones de la Reserva Federal y el BCE de iniciar en los próximos meses la reducción de sus políticas extraordinarias de estímulos así lo atestiguan.

Ni la ralentización del crecimiento, desde las tasas históricas registradas en los trimestres previos, ni un cambio de sesgo en las políticas fiscales una vez encarrilada la recuperación debe suponer una sorpresa. Pero ante una y otra se ha levantado un invitado incómodo, el brusco encarecimiento de las materias primas y el consiguiente auge de la inflación, que amenaza con agudizar el frenazo económico y acelerar el giro de los bancos centrales, socavando los dos pilares que han venido soportando la bonanza de las bolsas.

La caída al unísono de bolsas, bonos, oro o bitcoin revela la escasez de refugios

Un incremento de las incertidumbres que ha desvelado de súbito a los inversores que navegan los mercados financieros escasos de botes salvavidas, como quedó en evidencia -de nuevo- este martes, cuando las caídas de las bolsas coincidieron con las de los bonos, el oro y hasta las criptomonedas, avivando la percepción de riesgos.

El mercado todavía tiene razones para seguir confiando en el futuro a medio plazo. Y el rebote de este miércoles así parece confirmarlo. De hecho, la visión imperante entre los expertos es que los problemas de suministros y el auge de las materias primas se irán mitigando con el paso de los meses, la amenaza de la inflación se diluirá y la economía, aunque a ritmos más moderados que a inicios de este año, mantendrá una inercia positiva, quizás reforzada si resultan exitosos a largo plazo los planes de inversiones puestos en marcha en diversas jurisdicciones.

Sin embargo, los inversores empiezan a percibir que, aunque ya están en cierta medida recogidas en las valoraciones, tan favorables expectativas no están ni mucho menos garantizadas, y que en caso de que algo salga mal podrían encontrarse sin red de seguridad ni vía de escape. Solo esa sensación puede explicar una mayor susceptibilidad a cualquier cosa que indique peligro, ya sea la crisis de Evergrande o la escalada de los precios del petróleo. Los riesgos no tienen por qué materializarse ni truncar la inercia ascendente de los mercados a medio plazo. Pero ahora que los inversores han redescubierto el riesgo es previsible que cualquier paso adelante resulte algo más difícil.

A las turbulencias que se registraron este martes en los mercados, sucedió este miércoles una sesión de alivio que alimenta la percepción entre muchos inversores de que lo acontecido no deja de suponer un desliz más dentro de una historia de éxito bursátil aún en marcha. Al fin y al cabo, si las bolsas se recuperaron con presteza del susto propiciado la semana anterior por Evergrande no hay razones por las que este último tropiezo no pueda quedar en una mera anécdota en el corto plazo.

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