Los cabos sueltos de la recuperación: incertidumbres el día después del covid
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Informe del Banco de España

Los cabos sueltos de la recuperación: incertidumbres el día después del covid

El Banco de España vislumbra ya un futuro próximo sin la incidencia del virus sobre la economía, pero sometido a riesgos por sus posibles secuelas a medio plazo

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Los avances en la campaña de vacunación se han conjugado en las últimas semanas con una serie de datos alentadores para infundir un nuevo aliento a las expectativas de recuperación económica. Un optimismo que también se respira en las previsiones emitidas este lunes por el Banco de España, que suponen una sensible mejora de las proyecciones publicadas tres meses antes y que permiten atisbar que la economía nacional haya borrado ya las huellas de la crisis a finales del próximo año.

Las correcciones de los pronósticos han sido constantes a lo largo de una crisis que ha conllevado un grado de incertidumbre casi sin precedentes sobre la evolución de los distintos indicadores económicos. Pero, aunque el propio Banco de España admite que sus nuevos números siguen sometidos a una elevada dosis de inseguridad, la evolución de la pandemia le permite plantear ya una realidad, a partir de 2022, en la que las cuestiones epidemiológicas dejen de condicionar la evolución de la economía. Sin nuevas variantes del virus resistentes a las vacunas, el covid-19 debería dejar de suponer un problema significativo para la actividad económica.

Sin embargo, la institución que dirige Pablo Hernández de Cos también es clara a la hora de señalar que la eliminación del que ha sido, sin duda, el principal lastre para el crecimiento del PIB en España y el mundo no supone ni mucho menos el fin de los riesgos a los que se enfrenta el relato de la recuperación, y que le obligan a dibujar escenarios divergentes en sus pronósticos, tanto para mejorar sus previsiones centrales como para empeorarlas, retrasando la vuelta a los niveles precrisis hasta 2023.

El Banco de España plantea que ya en 2022 el virus dejará de condicionar la economía

"En 2022 y 2023, los elementos diferenciadores de los distintos escenarios no tienen una naturaleza epidemiológica, pero sí tienen como denominador común la incertidumbre acerca de las consecuencias económicas de la pandemia en el medio plazo, por lo que respecta tanto a los posibles cambios en el comportamiento de los agentes como a las secuelas que la crisis puede dejar sobre el tejido productivo de la economía", apunta el documento de la institución, antes de pasar a detallar los principales factores a vigilar.

Entre estos es de resaltar la evolución de las elevadas cantidades de ahorro acumuladas por las familias desde el estallido de la crisis y de cuya evolución dependerá en gran medida la reactivación del consumo. Y, en este sentido, el Banco de España asume, en su escenario central, que la tasa de ahorro de las familias no se reducirá a los niveles precovid ni siquiera en 2023, un augurio que se explica porque los hogares que más han ahorrado corresponden a los de rentas más altas, con menor propensión al consumo; el gasto que dejó de realizarse corresponde, en gran medida, al consumo de servicios, que no es tan fácil de recuperar 'a posteriori' como en el caso de los bienes; y "los hogares podrían restringir voluntariamente sus niveles de gasto en anticipación de que el elevado volumen de deuda pública acumulado con la crisis conduzca a un aumento de impuestos en el futuro". Una mayor cautela por parte de las familias conduciría a una recuperación aún más lenta de esta partida.

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Muy relacionado con este punto estarían las incertidumbres sobre la recuperación del turismo, dado que los niveles de ahorro precautorio que decidan mantener las familias tanto en España como a nivel exterior podrían actuar como un freno para el reinicio de los viajes internacionales. Del mismo modo, cuestiones como las dudas sobre la reactivación de los viajes de negocio o la persistencia o no de la preferencia por los viajes domésticos que se ha observado desde el estallido de la crisis pueden ralentizar la vuelta de esta actividad, tan fundamental para la economía nacional, a las cotas previas a la crisis.

A esto, el Banco de España suma los riesgos sobre la estabilidad del tejido empresarial una vez que la pandemia haya remitido, dados los cambios estructurales que podrían afectar en los años siguientes a la estructura productiva del país. A este respecto, la institución que dirige Hernández de Cos advierte de que, en un escenario negativo, "el sobreendeudamiento de algunos segmentos del tejido societario, como consecuencia del largo periodo de severa reducción de ingresos durante la pandemia, conduciría a un volumen mayor de quiebras empresariales. El consiguiente impacto negativo sobre las ratios de capital de las entidades financieras conduciría a un encarecimiento de la financiación a hogares y empresas, así como a una disminución de su disponibilidad, con la consiguiente repercusión negativa sobre la actividad económica".

Una ola de quiebras por las secuelas de la crisis es uno de los riesgos más evidentes

Qué duda cabe que dar por finiquitada la pandemia representa un escenario sumamente deseable con implicaciones de enorme calado para las perspectivas de la economía española. Sin embargo, y pese a su tono general positivo, el informe del Banco de España representa un claro recordatorio de que el fin del virus no supone, ni mucho menos, un punto final para los desafíos de la economía.

Es lógico que tras un 'shock' como el que ha supuesto la pandemia para España sean innumerables las incertidumbres económicas que se ciernen sobre el futuro económico del país. E, inevitablemente, muchas de ellas caen en el ámbito de los factores incontrolables, ante los que el Gobierno nacional difícilmente puede actuar. Pero, cuando entran en juego cuestiones como la confianza de los consumidores o la capacidad de las empresas para reponerse de los daños de la crisis, sí parece factible dibujar políticas capaces de contener los escenarios más desfavorables.

Como el informe del supervisor señala, las políticas aplicadas hasta la fecha se han mostrado en buena medida efectivas, y son la base de las mejores expectativas de recuperación actuales. Una vez que la epidemia deje de ser la gran preocupación, sería conveniente no perder de vista que la economía seguirá precisando de una elevada dosis de soporte y certidumbre para recobrar la estabilidad perdida.

Los avances en la campaña de vacunación se han conjugado en las últimas semanas con una serie de datos alentadores para infundir un nuevo aliento a las expectativas de recuperación económica. Un optimismo que también se respira en las previsiones emitidas este lunes por el Banco de España, que suponen una sensible mejora de las proyecciones publicadas tres meses antes y que permiten atisbar que la economía nacional haya borrado ya las huellas de la crisis a finales del próximo año.

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