La huella de la subida del salario mínimo: datos frente a buenas intenciones
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La huella de la subida del salario mínimo: datos frente a buenas intenciones

La advertencia del Banco de España de que la subida del SMI en 2019 provocó la pérdida de hasta 170.000 empleos azuza el debate sobre la conveniencia de volver a elevar esta figura

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Oficina de empleo.

Aunque no debiera ser lo corriente, con frecuencia, en los debates económicos los datos suelen ser soslayados. Así ha sido lo ha ocurrido tradicionalmente con la discusión en torno al salario mínimo, un eje de polémica en el que el ruido ideológico ha tendido a eclipsar cualquier intento de evaluar pros y contras de una manera racional.

Como observaba de forma gráfica el profesor de la Universidad de Valencia Javier Ferri en un artículo publicado en el blog 'Nada es gratis' el pasado febrero, "cualquier persona sin el corazón de rosegón olvidado en una despensa se alegraría" por el hecho de que los salarios más bajos suban. Sin embargo, a la hora de juzgar la conveniencia de una medida de este tipo es imprescindible dejar a un lado los sentimientos para dar precedencia a la razón. Y esta no puede más que apoyarse en los datos.

Y datos son los que ha presentado este martes el Banco de España para juzgar la huella que la anterior subida del SMI ha dejado en el mercado laboral español y las conclusiones no son del todo alentadoras. Según la institución que dirige Pablo Hernández de Cos, el alza de los sueldos más bajos, del 22% en 2019, significó la pérdida de entre 90.000 y 170.000 puestos de trabajo, entre empleo destruido y no creado. Una merma que resulta tanto más significativa si se tiene en cuenta que esa subida salarial se digirió en una economía que crecía a tasas del 2%, en lo que suponía su sexto año consecutivo de expansión.

La subida del SMI en 2019 fue digerida por una economía que crecía a tasas del 2%

Las cifras del Banco de España podrían admitir réplica desde el lado de los datos. Pero generalmente los defensores de las subidas mínimas se han aferrado a un discurso de justicia social al que no han sido capaces de acompañar de números. Y el peligro es que se caiga en los mismos errores ante la renovada pretensión del Gobierno y, más en concreto, de la titular de la cartera de Trabajo, Yolanda Díaz, de retomar las subidas del SMI, que permanece congelado desde el pasado 1 de enero.

Cualquier subida de los salarios más bajos en el contexto actual parece especialmente controvertida, pues, 'a priori', tendría un impacto directo sobre algunas de las empresas más penalizadas por la crisis del coronavirus y que aún hoy, pese a la progresiva mejora de las expectativas de recuperación, siguen viendo su horizonte plagado de incertidumbres. No en vano, son sectores como el de la hostelería y el turismo los que cuentan con una mayor proporción de trabajadores afectados por el SMI.

Como han advertido con frecuencia los economistas, uno de los principales problemas del incremento del salario mínimo en España es que afecta por igual a todas las industrias. Y si bien en algunas se podría considerar que las circunstancias permiten absorber un incremento de los costes laborales, para otras muchas puede suponer la diferencia entre aumentar o reducir sus plantillas, si no entre seguir operativa o cerrar sus puertas. Son estas las cuestiones que deben tenerse en cuenta a la hora de plantear una medida como la subida del SMI para evitar que las buenas intenciones acaben arrojando resultados contraproducentes.

Medidas como el SMI conllevan inevitablemente un coste sobre la creación de empleo

Es cierto, no obstante, que en mercados complejos como el laboral las medidas no pueden leerse únicamente bajo un planteamiento binario de buenas o malas, sino que con frecuencia es preciso asumir ciertos efectos negativos en pos de otros favorables si se entiende que estos prevalecen. Es decir, la del salario mínimo es una de esas políticas que, 'per se', se asume que conllevan un cierto lastre a la disposición de los empresarios a contratar (del mismo modo que ocurre con normas como la de la indemnización por despido), pero se comprende que implica una serie de ventajas a la hora de facilitar una retribución no abusiva de los trabajadores suficientemente elevada para compensar los daños.

Cuál es el daño asumible por volver a elevar el SMI es un asunto mucho más difícil de valorar y en él, inevitablemente, entra en juego la voluntad política. Parece obvio que en un país como España, en el que tantos millones de trabajadores permanecen expulsados del mercado laboral, la prioridad debería ser reducir trabas para la creación de empleos antes de plantear la mejora de las condiciones de quienes ya lo tienen. Pero este es un punto que puede admitir debate, siempre que se haga envuelto en datos y no solo en planteamientos ideológicos.

El Banco de España ha puesto sobre la mesa una serie de datos. A partir de ellos (o de otros, si los tiene y los expone con transparencia), debería basar el Gobierno cualquier próximo paso sobre el salario mínimo.

Aunque no debiera ser lo corriente, con frecuencia, en los debates económicos los datos suelen ser soslayados. Así ha sido lo ha ocurrido tradicionalmente con la discusión en torno al salario mínimo, un eje de polémica en el que el ruido ideológico ha tendido a eclipsar cualquier intento de evaluar pros y contras de una manera racional.

Pablo Hernández de Cos Banco de España Costes laborales Empleo SMI
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