Por qué Cataluña ya no pone nerviosos a los inversores internacionales
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ha dejado de ser un riesgo para los mercados

Por qué Cataluña ya no pone nerviosos a los inversores internacionales

El mercado ha recibido con llamativa tranquilidad el refuerzo electoral de los independentistas, demostrando que hoy su preocupación se centra en otras cuestiones

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El resultado que este domingo arrojaron las urnas en las elecciones catalanas supuso todo aquello que hace tan solo unos años habría puesto en guardia a los inversores internacionales. El refuerzo de los partidos independentistas, con una sólida mayoría, habría sido leído, inevitablemente, como un incremento de la amenaza a la integridad española, con severas consecuencias para las perspectivas económicas del país.

Este lunes, sin embargo, la fortaleza evidenciada por el Ibex, con ganancias superiores al 1,8%, y la estabilidad del mercado de deuda se convirtieron en los termómetros que mejor evidenciaron que para los inversores el desafío secesionista catalán ha dejado de representar una inquietud inmediata. "Cataluña ha dejado de ser un riesgo para la percepción de los mercados de la economía española", corrobora Raymond Torres, director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas.

Foto: La torre Agbar de Barcelona. (Reuters)

Este cambio en la relevancia que los inversores vienen dando al lío catalán es algo que se puede observar desde hace varios meses e incluso trimestres. Frente a la avalancha de informes y análisis que entre finales de 2017 y principios de 2018 trataron de calibrar el impacto de la situación —un impacto siempre pintado con visos inquietantes—, el riesgo catalán hace tiempo que ha desaparecido de la primera plana en los análisis económicos de la situación española.

Las agencias de 'rating' ya no señalan el problema catalán entre los principales riesgos

Incluso para las agencias de 'rating' ha pasado a ser una cuestión secundaria en sus evaluaciones de la economía española, al considerar que la amenaza se ha ido diluyendo con el paso del tiempo. En un reciente informe, la agencia Moody's subrayaba: "Calificamos el riesgo político interno como 'a', mejorado el año pasado con respecto a la puntuación anterior de 'Baa' para reflejar la reducción de las tensiones entre el Gobierno central y el Gobierno regional catalán y su impacto limitado en la economía o las métricas fiscales de España".

El cambio en el Gobierno de España, a mediados de 2018, con una postura mucho más favorable al diálogo por parte del Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez, fue acogido desde un primer momento por los analistas como una vía hacia un enfriamiento de las tensiones que, pese al mantenimiento de las tiranteces, parece haberse concretado.

Como observa Torres, en la fase álgida del conflicto, fueron muchas las predicciones catastrofistas que se vertieron sobre el futuro de la economía catalana y, con ella, de la española, y que terminaron por demostrarse excesivas. "La economía catalana no se desplomó tras los eventos, lo que hubiera arrastrado al resto de la economía del país", indica el experto de Funcas.

Foto: Nadia Calviño, vicepresidenta del Gobierno. (EFE)

Esto no significa, sin embargo, que el embate secesionista haya salido gratis en términos económicos. "Se produjo un impacto, pero más difuso, a más largo plazo. Se nota en la evolución de la economía catalana, que se acerca a la media en vez de aparecer como una de las locomotoras, como antes de 2017", añade Torres.

Pero lo cierto es que estas cuestiones ya están integradas en la visión que mantiene el mercado de la situación española. Y no se erigen precisamente como las más acuciantes. Si el mercado se mueve por narrativas, la crisis del coronavirus, con todas sus secuelas, ha puesto sobre el tapete una serie de vulnerabilidades esenciales de la economía nacional que se antojan a los ojos de los inversores mucho más serias que las que puedan derivarse de un conflicto político que, con todas sus idas y venidas, parece llamado a seguir generando más ruido que consecuencias reales.

El mercado tiene fijada su atención en la capacidad del país para lidiar con la crisis

Desde este punto de vista, desde el Ministerio de Economía, que dirige Nadia Calviño, pueden observar con relativa tranquilidad los sucesos de la política catalana, con la confianza de que, en ausencia de una brusca escalada del desafío independentista, no será de ahí de donde surjan las principales dudas que puedan albergar los inversores sobre el país.

Pero esto no significa, ni mucho menos, que los retos sean más llevaderos, porque España necesita dar respuesta a múltiples desafíos derivados de la actual crisis, entre los que la implementación de ayudas directas a las empresas más afectadas se presenta como uno de los prioritarios. En este sentido, el mensaje de Calviño de que las ayudas estarán aprobadas en marzo supone un paso en la buena dirección, pero que debe ser seguido de una rápida puesta en marcha para maximizar su eficacia y evitar que lleguen cuando el agujero se haya hecho demasiado grande.

Foto: El vicepresidente de la Generalitat en funciones de presidente, Pere Aragonès. (EFE)

No en vano, España acumula muchos meses de retraso respecto a sus países vecinos en medidas de este tipo, a pesar de que la crisis ha golpeado con mayor dureza en la economía nacional.

Cataluña, de momento, no parece llamada a desbordar la tensión. Pero son muchos los cabos sueltos en el panorama económico que aún pueden volver a convertir España en un objeto de preocupación para los inversores internacionales.

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El resultado que este domingo arrojaron las urnas en las elecciones catalanas supuso todo aquello que hace tan solo unos años habría puesto en guardia a los inversores internacionales. El refuerzo de los partidos independentistas, con una sólida mayoría, habría sido leído, inevitablemente, como un incremento de la amenaza a la integridad española, con severas consecuencias para las perspectivas económicas del país.

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