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El dólar 'salva' a Maduro: Venezuela deja atrás la hiperinflación y el régimen se apuntala
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TRAS MÁS DE CUATRO AÑOS DE CAOS

El dólar 'salva' a Maduro: Venezuela deja atrás la hiperinflación y el régimen se apuntala

La divisa estadounidense desplaza al bolívar y suaviza la crisis monetaria. El foco de inquietud se desplaza a Oriente Medio: Turquía y el Líbano ya lideran las subidas mensuales de precios

Foto: Un hombre observa los precios en una tienda de Caracas. (EFE/Miguel Gutiérrez)
Un hombre observa los precios en una tienda de Caracas. (EFE/Miguel Gutiérrez)

Suele ocurrir con los populismos en América Latina: cuanto más antiimperialistas son, más acaban dependiendo del dólar. Y Venezuela no es una excepción. Tras más de dos años de hiperinflación, el presidente del país, Nicolás Maduro, decidió que el socialismo podía esperar.

—Ese proceso que se llama dolarización puede servir para la recuperación y el despliegue de las fuerzas del país. Es una válvula de escape. Gracias a Dios que existe.

La frase, pronunciada el 17 de noviembre de 2019 ante el veteranísimo periodista —hoy ya fallecido— y destacado dirigente chavista, José Vicente Rangel, resonó en los hogares de los venezolanos a modo de alivio. Muchos ya llevaban tiempo empleando la divisa estadounidense en su día a día, como escudo protector ante un bolívar que ya no valía nada. Como dijo cuatro décadas atrás el entonces presidente español Adolfo Suárez en otra intervención televisiva, el Gobierno pretendía elevar a la categoría política de normal lo que en las calles ya era normal.

Foto: Una mujer muestra billetes de dólar en Caracas. (EFE)

La transición venezolana hacia la estabilidad monetaria ha durado otros dos años y, paradójicamente, ha concluido con un reforzamiento del autoritarismo gobernante. Maduro ha superado la mayor crisis del chavismo a costa de una renuncia a sus principios ideológicos, un fuerte ajuste fiscal y, sobre todo, una rampante desigualdad entre las clases acomodadas con acceso a los dólares y quienes siguen viviendo a expensas de la maltrecha moneda nacional.

Tras un lustro de hiperinflación, el más largo en cualquier país del mundo desde la Nicaragua sandinista de finales de los ochenta (1986-1991), Venezuela ha conseguido cerrar 12 meses consecutivos con subidas de precios inferiores al 50%. En diciembre, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan la ha sucedido al frente del dudoso cuadro de honor de los países más inflacionistas.

El milagro del dólar

El principal responsable del milagro es el dólar. Pese a que el Gobierno todavía mantiene la ficción del bolívar, el país funciona, de facto, con una economía dolarizada. El Banco Central de Venezuela inyectó en 2021 más de 1.500 millones de divisas estadounidenses para luchar contra la inflación y la mayoría de los salarios del sector privado ya se abonan en esta moneda. Luis Oliveros, profesor de la Universidad Metropolitana de Caracas, celebra el flamante pragmatismo de un Ejecutivo que durante años se negó a asumir la única salida posible a la espiral de precios: "La dolarización ha tenido un papel importantísimo. Maduro pasó de prohibir las operaciones en dólares a darle gracias a Dios".

La moneda norteamericana se ha erigido en la referencia que la economía venezolana necesitaba, frente a un bolívar comatoso al que se le han eliminado 14 ceros en los últimos 14 años —el récord lo tiene Zimbabue, con 25—. "Con la dolarización, la gente puede ahorrar y la economía puede fijar precios, planificarse y pensar en el futuro", añade Luis Oliveros desde Caracas. Pero el proceso no es neutro: hay ganadores y perdedores.

Entre los primeros está el Estado, que todavía paga los sueldos en bolívares, lo que supone un inmenso alivio para las maltrechas cuentas públicas a expensas de los funcionarios. Muchos de ellos buscan un segundo o hasta un tercer trabajo para recibir dólares. "Hoy la mayoría de la población tiene ingresos en divisa", apunta Luis Oliveros. O, al menos, un salario indexado a la evolución del tipo de cambio. Asdrúbal Oliveros, economista y director de la asesora financiera Ecoanalítica, calcula que dos terceras partes de las transacciones comerciales y el 86% de los depósitos bancarios ya se expresan en dólares: "Es un elemento de certidumbre, clave para [controlar] las subidas de precios".

El dólar ha salvado la economía a costa de aumentar la desigualdad, que ya está entre las mayores de América

Sin embargo, hay quienes no se pueden permitir participar en el circuito dolarizado. Surge así una economía paralela, formada por pensionistas y demás subsidiados del Estado, pero también por trabajadores de las zonas marginales. El dólar ha salvado la economía a costa de aumentar la desigualdad, que ya está entre las mayores de América. Según la 'Encuesta de condiciones de vida' presentada en septiembre por la Universidad Católica Andrés Bello, el 76,6% de los venezolanos padece una situación de pobreza extrema, entre ellos el 75% de los empleados públicos, al ingresar menos de 1,2 dólares al día. La crisis del coronavirus y la escasez de combustibles ha dado la puntilla a una población que ha visto esfumarse tres cuartas partes de la renta nacional en la última década. Asdrúbal Oliveros perfila el escenario: "La salida de la hiperinflación es más una formalidad académica que una mejora para la gente. Hay una desigualdad creciente que se ha exacerbado con la dolarización".

placeholder Manifestación de pensionistas en Caracas (Venezuela). (EFE/Rayner Peña)
Manifestación de pensionistas en Caracas (Venezuela). (EFE/Rayner Peña)

La austeridad bolivariana

Pese a los brotes verdes, Venezuela es incapaz de dar respuesta a los problemas sociales de sus ciudadanos. "El Estado ha colapsado, no tiene capacidad para hacer políticas públicas", denuncia el director de Ecoanalítica. Durante los últimos años, los ambiciosos programas que caracterizaron la época de prosperidad han ido devaluándose en favor de los subsidios directos y el reparto de comida, en un contexto de contención del gasto. Paradójicamente, el mismo milagro económico que ha permitido dejar atrás la hiperinflación también ha condenado a muchos venezolanos a la pobreza extrema. Para sacar a todos los habitantes de esta situación, los autores de la 'Encuesta de condiciones de vida' calculan que las transferencias deberían incrementarse hasta 37,6 veces. Pero el régimen tiene otros planes.

La austeridad es la nueva divisa de Maduro, y le ha permitido reducir el déficit público desde cotas cercanas al 30% en 2017 hasta una horquilla actual que Luis Oliveros calcula entre el 5 y el 7%, a falta de datos oficiales. A mayor equilibro presupuestario del Ejecutivo, menores necesidades de financiación monetaria para el Banco Central, aunque eso signifique dejar por el camino a millones de familias. "Lo peor de la crisis ya pasó, pero el resultado es un país más pobre. La crisis es gigantesca y no se ha acabado, seguimos teniendo problemas para crecer", destaca el profesor.

Foto: Un billete con la cara del presidente Nicolás Maduro (Reuters).
El monstruo de la dolarización
Alicia Hernández. Caracas

La mayor parte del ajuste fiscal ha venido por la vía del gasto, ya que los ingresos del Estado apenas han aumentado con el encarecimiento del petróleo de los últimos meses. Las sanciones económicas, que obligan al régimen a vender el crudo con descuento, y la reducción de la producción —desde los más de tres millones de barriles diarios durante la época de Hugo Chávez hasta los 554.000 actuales, según la OPEP— hacen que la entrada de divisas gracias a la exportación del oro negro ya no sea la que era. A cambio, la apertura de la economía hacia las importaciones de todo tipo de bienes, más baratas que la producción autóctona, ha ayudado a controlar la inflación. Es lo que en la teoría económica se conoce como anclaje de precios: los importes en dólares han tendido a subir, pero no tanto como los expresados en la moneda nacional. En la Venezuela de 2022, austeridad no significa autarquía.

El futuro se abre paso con el régimen

La economía de mercado se ha abierto paso con la proliferación de la iniciativa privada, en un escenario marcado por una palabra: pragmatismo. Por un lado, el Gobierno ha relajado los controles de precios, que, según Luis Oliveros, "generaban desabastecimiento y mercado negro". Por el otro, los empresarios han ido asumiendo paulatinamente que resulta más efectivo adaptarse a las actuales reglas de juego que fiar todas las inversiones a un cambio político tantas veces frustrado. Los errores de la oposición y las arbitrariedades de Maduro le han permitido al régimen sobrevivir hasta ahora, pero el factor determinante para que lo haga en el futuro son las perspectivas económicas.

"La posibilidad de otro ciclo hiperinflacionario está ahí, le ha pasado a muchos países"

Según un informe de Credit Suisse, el PIB de Venezuela creció un 8,5% en términos reales durante 2021, tres puntos más que la estimación anterior, y aumentará un 4,5% en 2022. El proceso de formación de precios de la economía, "aunque todavía muy distorsionado, parece estar mejorando", añade. El pronóstico de la entidad financiera es que la inflación se sitúe en un 150% este año, frente al 686% con el que cerró el anterior. El corolario está claro: "Es probable que el Gobierno perviva durante los próximos años". Ambos expertos coinciden con el vaticinio, pero Asdrúbal Oliveros matiza: "La profunda desigualdad puede exacerbar conflictos".

Lo cierto es que la crisis continúa, y la tendencia positiva no debe confundir el cuadro general. Venezuela celebra una tasa mensual que sería escandalosa en cualquier país del mundo durante todo un año: con unos datos como los actuales, es muy difícil que aumenten el poder adquisitivo, la capacidad de ahorro y la calidad de vida de los ciudadanos. La dolarización ha llegado para quedarse, y Credit Suisse prevé que siga profundizándose en el futuro, pero no supone ninguna panacea frente a un problema crónico que coloca palos en la rueda del crecimiento. "La posibilidad de volver a un ciclo hiperinflacionario está ahí, les ha pasado a muchos países. Normalmente los desequilibrios no se corrigen de forma estructural", advierte el director de Ecoanalítica.

Foto: Billetes de dólares y bolívares. (EFE) Opinión

Para atacar a fondo las disfuncionalidades del sistema, el primer paso es recuperar una política monetaria cabal. El Banco Central de Venezuela ha optado por contener los mecanismos de devaluación, y durante los cuatro últimos meses ha mantenido el tipo de cambio inalterado, algo totalmente impensable hace no tanto tiempo. "La clave en la reciente mejora de la inflación ha sido la intervención del Banco Central en el mercado de divisas, que ha mantenido el tipo de cambio contenido y proporcionado un ancla nominal a la economía", destaca Credit Suisse. El abandono de los tics autárquicos ha ido en consonancia con esta nueva realidad. Pero Maduro ya tiene quien lo sustituya.

Erdogan es el nuevo Maduro

La tentación de devaluar la moneda y favorecer la competitividad resulta tan antigua como la existencia de los métodos de pago. En cambio, no hace falta ser experto en macroeconomía para saber que, si esta práctica se realiza de forma desaforada, con criterios políticos y no técnicos, la consecuencia es el descontrol de la inflación. Suele ocurrir en los países autoritarios, cuando el cesarismo de los líderes pisa la independencia de los bancos centrales. Y supone un fiel reflejo de la deriva hacia la autocracia. Ocurrió en Venezuela hace unos años; ahora está sucediendo en Turquía.

Mientras Turquía se hunde, en el Palacio de Miraflores sacan pecho: "2022 será el año del resurgimiento"

El país euroasiático (13,6%) superó al caribeño (7,6%) como líder mundial de la inflación en el mes de diciembre, seguido muy de cerca por el Líbano (10,6%), que vive una grave crisis política y no levanta cabeza desde que una explosión sacudiese el puerto de Beirut el pasado verano. La causa de la escalada de precios en Turquía es muy sencilla: Erdogan ha bajado los tipos de interés en un momento de elevada inflación, alimentando la espiral. Lo que resulta sorprendente es que el dirigente islamista haya justificado su decisión precisamente con el pretexto de luchar contra la inflación, algo que atenta contra la más elemental lógica económica. Por el camino, la lira ha perdido el 80% de su valor, tres gobernadores del Banco Central han perdido su puesto y los ciudadanos, gran parte de su poder adquisitivo.

Mientras Turquía se hunde, en el Palacio de Miraflores sacan pecho. "2022 será el año del resurgimiento", proclamó Nicolás Maduro el pasado 16 de enero. Por fin puede mirar a alguien por encima del hombro, aunque sea por haber cometido los mismos errores que él. O casi.

Suele ocurrir con los populismos en América Latina: cuanto más antiimperialistas son, más acaban dependiendo del dólar. Y Venezuela no es una excepción. Tras más de dos años de hiperinflación, el presidente del país, Nicolás Maduro, decidió que el socialismo podía esperar.

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