Una inflación histórica, una amenaza cada vez más seria para la economía
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Repunte de los precios al 7%

Una inflación histórica, una amenaza cada vez más seria para la economía

El repunte de los precios en EEUU sigue ganando fuerza y parece obligar a la Fed a actuar pronto y con contundencia para evitar perder el control de la situación

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La realidad ha vuelto a hacer un roto a los relatos que aún sostienen que la elevada inflación actual es un problema transitorio. El repunte interanual del 7% que registraron los precios al consumo en Estados Unidos en diciembre no solo impacta por tratarse de la cifra más elevada registrada en los últimos 40 años, sino porque en su letra pequeña encierra numerosas razones para temer que el alza de los precios en la mayor economía del mundo representa la mayor amenaza de desestabilización para los mercados financieros globales en 2022.

Desde que empezaron a manifestarse las primeras presiones inflacionarias, a inicios del año pasado, fueron muchas las voces que se alzaron para restarles importancia, atribuyéndolas a una serie de anomalías provocadas por la pandemia y augurándoles un pronto final. Ese final se ha ido posponiendo una y otra vez, pero la esencia del relato se ha mantenido firme hasta hace bien poco, bajo el argumento de que el alivio de las tensiones que afectan a las cadenas de suministros permitirá una normalización de los precios.

Esa idea sigue vigente, aunque ahora no se espera que torne en realidad hasta la segunda mitad del año. Y, mientras tanto, la persistencia de unas tasas de inflación extraordinariamente elevadas ya estaría dando lugar a efectos más persistentes, que amenazan con enquistar la situación.

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“La suposición es que las tensiones en la cadena de suministro comenzarán a disminuir a partir del verano, mientras que el ímpetu alcista de la vivienda debería desvanecerse a medida que aumentan las tasas hipotecarias. Los costos de endeudamiento más altos en general deberían comenzar a quitar algo de fuerza a la economía. Luego está la perspectiva de caídas directas en algunos componentes, como los precios de los automóviles de segunda mano, que han subido más del 50%”, observa James Knightley, economista jefe internacional de ING, quien, sin embargo, augura, que el IPC estadounidense se mantendrá por encima del 3% durante todo el año.

Pero peor que esto son los riesgos de que estas previsiones se queden cortas -sobre todo, teniendo en cuenta la dosis de incertidumbre que añade ómicron-, lo que sin duda obligaría a la Reserva Federal de Estados Unidos a actuar con mayor severidad de la que hoy asume el mercado. “Después de todo, los costes laborales se están acelerando, las empresas tienen poder de fijación de precios, los bloqueos de Asia en respuesta a una política de cero covid corren el riesgo de prolongar las tensiones en la cadena de suministro, mientras que la reconstrucción del inventario podría mantener la demanda superando la oferta por un buen tiempo”, continúa Knightley.

En este escenario, una subida de los tipos de interés ya en marzo parece fuera de discusión e incluso empieza a vislumbrarse la posibilidad de un final anticipado de las compras de activos. “La Reserva Federal podría utilizar la opción que ofrece el final anticipado de su programa de flexibilización cuantitativa (QE) y subir los tipos de interés ya en marzo”, observa Silvia Dall’Angelo, economista senior de Federated Hermes. Y algunas firmas auguran ya hasta cuatro subidas de los tipos este año y otras tantas el próximo para detener lo que el propio presidente de la Fed, Jerome Powell calificó este martes como la principal amenaza para las perspectivas económicas.

El repunte de diciembre se produjo pese a cierto alivio en la energía y los alimentos

Se puede hacer un esfuerzo en interpretar señales positivas en el dato conocido este miércoles, evidencias de que el techo estaría próximo. Así, se podría destacar -como han hecho algunos expertos- que en tasa intermensual el repunte fue de cinco décimas, una cifra que sin ser reducida sí representa una ralentización respecto al 0,8% del mes anterior.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta ralentización fue resultado en gran medida de un alivio en los precios de la gasolina y de los alimentos que parece difícil que se mantenga en los próximos meses, a tenor de la evolución reciente de las materias primas en los mercados.

Tras el viraje emprendido por la Fed en los últimos meses, una vez asumido que el de los precios representa un problema mucho mayor de lo que se venía planteando, los mercados parecen convencidos de la capacidad del banco central para evitar verse sumido en un escenario de elevada inflación de forma persistente. Y de hecho la reacción del dólar o el bono estadounidense a 10 años a las cifras conocidas este miércoles parecen evidenciar la expectativa de que, ahora sí, el banco central no dudará en actuar con la contundencia necesaria para atajar la amenaza. Más difícil será que lo logre sin provocar un frenazo brusco del crecimiento del país. Y eso, sin duda, son malas noticias para la economía global.

La realidad ha vuelto a hacer un roto a los relatos que aún sostienen que la elevada inflación actual es un problema transitorio. El repunte interanual del 7% que registraron los precios al consumo en Estados Unidos en diciembre no solo impacta por tratarse de la cifra más elevada registrada en los últimos 40 años, sino porque en su letra pequeña encierra numerosas razones para temer que el alza de los precios en la mayor economía del mundo representa la mayor amenaza de desestabilización para los mercados financieros globales en 2022.

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