Las otras consecuencias de la guerra comercial para Estados Unidos

Emprender el camino del proteccionismo es sencillo y suele generar buenos resultados los primeros años. Lo difícil es salir de él si te quedas en una posición de desventaja competitiva

Foto: El presidente Donald Trump en un congreso sobre comercio en Illinois (EEUU). (Reuters)
El presidente Donald Trump en un congreso sobre comercio en Illinois (EEUU). (Reuters)

Los estadounidenses son pragmáticos. Mientras la economía vaya bien no tienen mucho que objetar a su presidente. Pueden no estar de acuerdo con sus políticas o sus formas pero valoran positivamente que Trump se centre en hacer crecer su economía.

La histórica reducción del impuesto de sociedades (del 35% al 21%) está suponiendo un revulsivo para la actividad y es un potente bálsamo interno para que su presidente pueda emprender su guerra comercial con el objetivo de reducir el crónico déficit comercial americano.

Una vez más, se está demostrando que quien golpea primero da dos veces. La evolución de las bolsas está anticipando un mayor crecimiento de Estados Unidos y un menor crecimiento en el resto del mundo, sobretodo en algunas economías emergentes.

Sin embargo, el proteccionismo también tendrá consecuencias negativas para los norteamericanos. La primera será el aumento de la inflación. Por el lado de la oferta, si Estados Unidos debe producir allí lo que actualmente se produce en el resto del mundo a menor coste aumentarán los precios. Sobre todo teniendo en cuenta que su tasa de desempleo está en mínimos. Si sigue importando del resto del mundo, los precios subirán por el efecto de los aranceles. Por otro lado, el dinamismo económico generará una mayor demanda que también presionará los precios al alza.

Pero las peores consecuencias para Estados Unidos llegarían más adelante, sobre todo si la guerra comercial se alargase durante años o décadas. Los aranceles en los primeros eslabones de la cadena de valor (acero, aluminio y otras materias primas) y los mayores costes laborales harán disminuir progresivamente la competitividad de las empresas que producen en Estados Unidos. Serán necesarios más aranceles o subvenciones para que puedan competir. Es decir, seguirán levantando muros al libre comercio.

Si decidieran aislarse durante años o décadas del resto del mundo las inversiones se desplazarían a otras zonas geográficas y participarían de una manera menor en el crecimiento futuro. Para cuando se quisieran dar cuenta tendrían un gran problema porque lo que durante mucho tiempo les protege les hará más débiles.

Emprender el camino del proteccionismo es sencillo y suele generar buenos resultados los primeros años. Lo difícil es salir de él si te quedas en una posición de desventaja competitiva.

En otras palabras, retirar en unos meses los aranceles sería malo para muchas empresas americanas, pero hacerlo dentro de unos años sería todavía peor. Ahora los mercados están centrados en los efectos positivos a corto y medio plazo, deberían tener también en cuenta el largo plazo.

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