Cinco errores críticos

Por qué EEUU recuperó en 2013 el dinero del rescate y España perderá 60.000 millones

Diez años después de la quiebra de Lehman Brothers, EEUU ha recuperado el dinero del rescate y con beneficios, pero España ya sabe que la mayor parte nunca volverá

Foto: El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, en la salida a bolsa de la entidad. (EFE)
El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, en la salida a bolsa de la entidad. (EFE)

Hace diez años el coloso estadounidense Lehman Brothers se acogía a la Ley de Quiebras de EEUU y protagonizaba la mayor caída de una empresa en el país. Este error colosal de todos los implicados hizo temblar los cimientos del capitalismo y del sistema financiero global. Muchos temían que sería el fin de la economía tal y como se conocía, pero la intervención rápida y decidida del Gobierno de EEUU y la Reserva Federal salvaron al país de la debacle.

No deja de ser paradójico que el país que originó la crisis y que más recursos destinó a rescatar al sector financiero haya conseguido recuperar todo el dinero público invertido, mientras que España ya ha asumido que la mayor parte nunca se recuperará. Los intereses políticos, la ineficiencia de la estructura europea y el mal diseño de los rescates terminaron por generar un agujero de miles de millones de euros para los contribuyentes. Según los cálculos del Banco de España, unos 60.000 millones de euros se perdieron para siempre como consecuencia de cinco malas decisiones.

1. La obsesión de ocultar la crisis

El secretario de Estado del Tesoro estadounidense en 2008, Henry 'Hank' Paulson, no se imaginaba las gravísimas consecuencias de permitir la quiebra de Lehman Brothers. Sin embargo, el desplome de las bolsas mundiales hizo comprender a Paulson que necesitaba realizar un gran rescate a todo el sector para cortar todas las dudas. Después de varios intentos fallidos, el 3 de octubre de ese año, se aprobó el rescate del sector con el programa TARP (Troubled Asset Relief Program).

Este desarrollo legislativo permitió al Gobierno de EEUU inyectar más de 350.000 millones de dólares en el mercado para la compra de activos y de capital. Una decisión rápida que frenó la crisis y devolvió la confianza al país. El resultado fue que EEUU salió de la recesión a mediados de 2009 y desde entonces no ha vuelto a caer. Justo lo contrario que España, que no salió de la recesión hasta 2010 y en 2011 volvió a caer otra vez como consecuencia de la misma crisis financiera que se decidió ignorar.

Al contrario que en EEUU, donde el Gobierno actuó rápido y con contundencia, en España, el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero trató de negar la crisis por todos los medios. "No me parecía ir a elecciones con la palabra crisis", reconoció posteriormente el entonces vicepresidente económico, Pedro Solbes. En su estrategia de 'mirar para otro lado', el Gobierno dejó que los bancos superasen los problemas por sí mismos en lugar de inyectar dinero público, como sí hizo EEUU. "Hubo errores de apreciación en cuanto a cómo podrían corregirse los desequilibrios de la burbuja", explicó el exgobernador del Banco de España, Luis María Linde, "el Gobierno intentó minimizar a corto plazo el coste de la crisis bancaria".

"No me parecía ir a elecciones con la palabra crisis", reconoció posteriormente Pedro Solbes

Esta lentitud al afrontar la crisis fue crucial para agravar la recesión. Las dudas se extendieron a bancos que estaban más sanos, los activos inmobiliarios aceleraron su depreciación y el crédito se frenó en seco, lo que contagió también a la deuda de España.

2. Los intereses políticos en las cajas

Durante los años de la burbuja inmobiliaria, las cajas de ahorro se habían convertido en auténticas herramientas de financiación en manos de los políticos. Estas entidades pagaban las promesas electorales de los políticos y, además, concedían créditos sin control de riesgos. El resultado fue una bomba de relojería que estalló con la crisis en EEUU.

La singular personalidad jurídica de las cajas complicaba las distintas vías de solución

A partir de 2008, las cajas se convirtieron en el 'cortijo' de los políticos autonómicos, lo que dificultó la situación. Ni siquiera había una estrategia para sanear el balance. El subgobernador del Banco de España en esos años era José Viñals, quien lo explicaba así: "La singular personalidad jurídica de las cajas complicaba las distintas vías de solución". Los gestores que habían provocado el agujero seguían al frente de las cajas bloqueando cualquier posible solución. Vetaron las fusiones, retasaron las inyecciones de capital y frenaron ventas a otras entidades...

"Se deberían haber privatizado las cajas de ahorro", lamentó más tarde Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España entre 2006 y 2012, pero no se hizo porque "los partidos políticos se dedicaron a ocuparlas". Tal era el control de los gestores de las cajas que cuando se decidió sacar a bolsa a Caja Madrid y Bancaja, el Gobierno tuvo que respetar los cargos de los presidentes de las dos cajas quebradas, Rodrigo Rato y José Luis Olivas.

3. El BCE no reacciona

El presidente de la Reserva Federal en esos años, Ben Bernanke, era uno de los mayores estudiosos de la crisis financiera de los años treinta en EEUU. Él sabía que lo más importante era recuperar la liquidez en el mercado para que el crédito volviese a fluir y no se disparasen los costes financieros de las empresas y las familias, de modo que sacó el 'bazooka'.

Tras la quiebra de Lehman Brothers puso en marcha toda una batería de estímulos monetarios nunca antes vista, que incluía la compra de deuda, hipotecas y una ventanilla de descuento de activos ilimitada para los bancos. Esta estrategia fue clave para recuperar la confianza de los agentes económicos: las bolsas comenzaron a calentarse y volvió la inversión.

Por el contrario, en el Viejo Continente, el Banco Central Europeo se comportaba a imagen y semejanza del Bundesbank alemán. El presidente en esos años, Jean-Claude Trichet, puso en marcha una política monetaria conservadora que ahogó la economía con el único objetivo de combatir una inflación inexistente. Para culmen de sus errores, en 2011 subió los tipos de interés en dos ocasiones para responder a la salida de la recesión de Europa, lo que provocó una segunda recesión más profunda.

Este hecho dio la puntilla a España. Los tipos de interés se dispararon, la prima de riesgo alcanzó los 640 puntos básicos y hundió definitivamente el precio de los activos. En el año 2012 España ya estaba condenada y no podía hacer nada para evitar el rescate. El mercado exigía una rentabilidad superior al 7% para aceptar la deuda española, mientras que EEUU emitía cuatro veces más barato gracias a las políticas de la Fed. Las pérdidas acumuladas en los balances de las entidades eran tan profundas que sería imposible recuperar el dinero inyectado.

A partir de julio de 2012, ya con un nuevo presidente al mando: Mario Draghi, el BCE adoptó la estrategia expansiva de la Reserva Federal. El resultado fue un éxito: en unos meses consiguió reducir la prima de riesgo de los países europeos hasta mínimos históricos. Primero bajó los tipos, después inyectó liquidez y, por último, compró activos. Su actuación salvó a Europa del colapso, pero ya era demasiado tarde para revertir el daño causado a la banca española.

4. Guindos quiso ser protagonista

El 4 de enero de 2012 el Gobierno salido de las urnas, el de Mariano Rajoy, comenzaba a tomar posesión de sus carteras. El nuevo ministro de Economía era Luis de Guindos, un experimentado banquero y macroeconomista que había sido el responsable en España de Lehman Brothers. Su afán de protagonismo le llevó a conceder su primera entrevista al 'Financial Times', y a lanzar un misil de flotación contra los bancos. Guindos aseguró que la banca española necesitaba 50.000 millones de euros en provisiones extra.

Si ya había dudas sobre la solvencia del sector, se disiparon de inmediato. Tal cifra abrumó al mercado (Bankia apenas había conseguido captar 3.000 millones con su salida a bolsa), y disparó las dudas sobre la solvencia de todo el sistema financiero. Para agravar más la situación, Guindos no dijo de dónde saldría el dinero, ni precisó cuánto tiempo se tardaría en cerrar el agujero. Estas declaraciones acabaron de expulsar del mercado a las entidades españolas. Ya no había financiación para ellas. Todas, quebradas y saneadas, sufrían por igual.

[Ajuste de cuentas: ¿qué es lo que pasó entre De Guindos y Rato?]

Para cerrar este agujero, el ministro lanzó dos decretos, conocidos como 'Guindos I y II', con los que exigía provisiones de miles de millones a los bancos. Las entidades tuvieron que cargar estas provisiones contra resultados, lo que generó pérdidas millonarias cada trimestre. En lugar de generar confianza, provocó una estampida de inversores que hizo imposible la supervivencia del sector.

Las decisiones habían sido tan malas y se habían retrasado tanto que el precio de los activos estaba hundido. No había forma de recuperar el dinero

Ese mismo año, en junio de 2012, España no aguantó más y pidió el rescate. El agujero creado hasta ese momento era tan grande que ya no había forma alguna de recuperar el dinero inyectado.

Las decisiones habían sido tan malas y se habían retrasado tanto que el precio de los activos estaba hundido. Ya no había forma de recuperar el dinero dilapidado. Para comprender la gravedad de la caída del precio de los activos basta con mirar la evolución del precio de las viviendas, que fue el origen de la crisis. En EEUU, las casas recuperaron su valor precrisis en 2016 y ahora cuestan ya un 12% más que en plena burbuja. Por el contrario, en España, los precios siguen hundidos un 25% pese al repunte de los últimos trimestres.

Lo mismo ocurre con la bolsa. El Ibex todavía cotiza un 40% por debajo de los máximos alcanzados en 2008, mientras que el S&P ha duplicado su valoración. Es evidente que, si el precio de los activos sigue hundido, no se puede recuperar el dinero inyectado.

5. Rescates mal diseñados

España no solo llegó tarde a los rescates, sino que además los diseñó francamente mal. Un informe del Banco Central Europeo elaborado en 2015 puso de relieve que las fórmulas empleadas por las autoridades españolas tenían todos los ingredientes para que el dinero fuese imposible de recuperar.

En EEUU, los rescates se destinaron principalmente a recapitalizar los bancos, de modo que el Gobierno se quedaba con acciones de esas entidades. Así, si su negocio mejoraba y el precio en bolsa subía, como ocurrió, el Estado solo tenía que vender esos títulos y recuperar el dinero.

En España, sin embargo, se emplearon otras fórmulas. Una de ellas fue el esquema de protección de activos (EPA), que consistía en que se respaldaba con dinero público operaciones en las que se vendía un banco nacionalizado a una entidad privada para proteger al banco comprador de las posibles pérdidas latentes en el balance.

Como es comprensible, las entidades compradoras hicieron florecer todas las pérdidas posibles para aprovechar íntegramente los esquemas de protección de activos. Tras esta operación, el Estado no conservaba ningún activo, de modo que no había dinero que recuperar. En algunos casos, se vendieron entidades nacionalizadas por un euro, lo que también hacía imposible recuperar el dinero.

En otros casos, el Estado se quedó con activos que eran claramente ilíquidos, como es el caso de la Sareb, que sigue generando pérdidas. Decisiones que provocaron que el Estado no se quedase con activos líquidos tras la inyección de capital. El resultado es que casi no había dinero que recuperar. A día de hoy solo quedan pendientes de venta las acciones de Bankia.

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