el banco central es incapaz de detener la sangría

Máxima tensión en Turquía: ultima un plan de choque tras la caída del 30% de la lira

El banco central ya ha subido los tipos del 8% al 18% y ha gastado el 15% de sus divisas, con la inflación en el 15%. Esta sangría perjudica a grupos como BBVA o Mapfre

Foto: Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía. (EFE)
Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía. (EFE)

Turquía lideró el crecimiento en 2017 entre las grandes economías del mundo. Pero detrás de la expansión del PIB del 7% lo que hay es una tendencia desbocada que dispara la vulnerabilidad del país por la deuda externa, la inflación o la caída de su divisa, la lira, que este jueves se desploma otro 4%. El mercado ya empieza a poner en precio la posibilidad de un colapso.

Ankara asegura que este viernes presentará un nuevo plan económico para tranquilizar a inversores y empresarios, según ha dicho el ministro de finanzas, Berat Albayrak, y recoge el ‘FT’. Pero el mercado ha perdido la confianza en Recep Tayyip Erdoğan, que logró una importante victoria electoral en junio, con una visión de un político cada vez más autoritario que dejó la política económica en manos de su yerno Albayrak, que hasta ahora no se había pronunciado en pleno castigo financiero al país. Además, en los últimos días los inversores han puesto en precio el riesgo de un conflicto diplomático con Estados Unidos por decidirse a comprar petróleo iraní. El envío de una delegación diplomática a Washington para aliviar la tensión no ha servido para que el mercado la relaje con la lira.

En un comunicado, el Ministerio de Finanzas asegura que mantendrá el déficit presupuestario por debajo del 2%, y rebaja el pronóstico de crecimiento del 5,5% anterior a una horquilla entre el 3% y el 4%, y espera que el déficit por cuenta corriente caiga del 4%, justo una de las variables que más preocupan en los análisis de la economía otomana.

Los seguros de impago (CDS, por sus siglas en inglés) han duplicado su cotización en el acumulado del año, con un acelerón en el último mes (ver gráfico). Los de largo plazo ya pasan holgadamente de los 400 puntos, como ocurrió en España en plena crisis de deuda, aunque aún están lejos de ejemplos recientes como el de Grecia.

Curvas de CDS: de arriba abajo, la primera, la actual; la segunda, hace un mes; la tercera, en diciembre. (Fuente: Bloomberg)
Curvas de CDS: de arriba abajo, la primera, la actual; la segunda, hace un mes; la tercera, en diciembre. (Fuente: Bloomberg)

No obstante, este aumento es sintomático de la presión del mercado. La lira cae este jueves casi un 4%, agrandando su sangría hasta el 30% en el acumulado del ejercicio frente al euro, y marcando nuevos mínimos en 0,157 euros. El cambio ya se deteriora más del 50% desde el final de 2015. Por su parte, los bonos siguen el mismo camino, con un aumento del interés de los títulos a 10 años hasta el 18,5% desde el 11% de diciembre, mientras que el precio de estos bonos en el mercado secundario es del 30% en el mismo periodo. Para un inversor europeo, las pérdidas se multiplicarían por el tipo de cambio.

Evolución de la lira contra el euro en 2018. (Fuente: Bloomberg)
Evolución de la lira contra el euro en 2018. (Fuente: Bloomberg)

La mayoría de economías emergentes sufre cada vez que hay un endurecimiento monetario en Estados Unidos y suben los tipos, como ha ocurrido con el bono norteamericano a 10 años, que ha alcanzado el 3%. Gran parte de la deuda privada y pública de estos países está en dólares, con lo que cuando la política de la Reserva Federal (Fed) se vuelve más restrictiva, estas economías pasan un examen, que Argentina primero y ahora Turquía están suspendiendo. Argentina detuvo la hemorragia parcialmente, al pedir asistencia al Fondo Monetario Internacional (FMI), algo que se había rumoreado esta semana con Ankara tras una información de Bloomberg que finalmente Turquía ha desmentido. Su relación compleja pasada con el FMI hace difícil que vuelva a tenerla.

Incapaz de estabilizar la economía

En cualquier caso, Turquía se desangra ante la presión del mercado. Los inversores están deshaciendo sus posiciones en la economía otomana o apostando contra ella a marchas forzadas, sin que el banco central de Turquía (CBRT, por sus siglas) haya sido capaz de frenar la sangría. La autoridad monetaria, cuestionada por Erdoğan, ha subido los tipos de interés de referencia del 8% al 18% en 2018 y ha gastado el 16% de sus reservas en divisas internacionales.

El CBRT comenzó 2018 con más de 88.000 millones de dólares en moneda extranjera, cifra que ya se ha reducido hasta los 74.000 millones, según las últimas estadísticas publicadas por el banco central hasta junio. Durante las últimas semanas, ha puesto más dinero en juego, pero ni con este método ni con la subida de tipos ha conseguido estabilizar la lira, todo lo contrario. Tampoco con medidas como simplificar su política monetaria al agrupar los diferentes tipos de referencia que tiene.

Además, ha tratado de trasladar al mercado un mensaje de que será aún más restrictivo, ya que reconoce que la depreciación de la lira impacta en la inflación obligando a un endurecimiento “por más tiempo”, según su último informe sobre la evolución de los precios. Pero aun así, los tipos reales (descontando la inflación) siguen al 0%. “Con la aceleración de la inflación, impulsada aún más por una lira debilitada y el aumento de los precios del petróleo, la tasa repo de una semana del 17,75% parece insuficiente para poner un piso bajo la lira y controlar la inflación. Que esto no esté sucediendo es la razón principal por la cual el banco central no parece capaz de ejecutar su mandato con plena libertad”, arguye Bart Hordijk, analista de Monex Europe.

La divisa continúa con su desplome, lo que supone más presión inflacionista, ya que se encarecen las importaciones, mientras que la atracción de turismo por la caída de los costes y el abaratamiento de las exportaciones puede continuar con un crecimiento desbocado. De hecho, la OCDE pronostica expansiones alrededor del 5% para este y el próximo año, aunque el Gobierno turco ha reducido sus expectativas. Pero el mercado no duda de la capacidad inmediata de crecimiento, sobre la que incide Erdogan al mantener una política fiscal expansiva, sino sobre su vulnerabilidad.

El propio Carlos Torres, consejero delegado de BBVA, lo reconoce ante los analistas pese a a confirmar su apuesta en Garanti, entidad turca en la que el grupo español es el máximo accionista. El problema es precisamente que el crecimiento no es sostenido, como muestra la balanza por cuenta corriente, que arrojó en 2017 un déficit de más del 5% del PIB, el peor saldo entre las grandes economías emergentes, y que Ankara espera que se reduzca por debajo del 4% este año, siendo aún elevado.

Balanza por cuenta corriente en los principales emergentes. (Fuente: DWS)
Balanza por cuenta corriente en los principales emergentes. (Fuente: DWS)

España y otros países comprobaron con dureza en 2008 cómo un desequilibrio en la balanza de pagos debilita la posición de una economía ante cualquier ‘shock’. La deuda externa ya pasa del 50% del PIB, con cerca de 500.000 millones de dólares, según el Tesoro turco, mientras que el apalancamiento del sector privado es del 72% del PIB, según Solunion.

La situación de Turquía supone un castigo para BBVA, que obtuvo el 16% de su beneficio en el país en el primer semestre. Las ganancias atribuidas al grupo que preside Francisco González desde Garanti aumentaron un 26% interanual en liras, pero se mantuvieron constantes en euros. Tampoco es bueno para Mapfre, cuyo beneficio generado en el país cayó un 68% interanual, hasta los 8,8 millones, apenas el 2%, frente al 7% del año anterior.

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