los inversores señalan turquía y eeuu

Torres hereda un BBVA tercero en España y con lunares fuera (Turquía y EEUU)

Francisco González señaló ayer a su heredero al frente de BBVA: Carlos Torres. Aunque hasta entonces puede pasar de todo, le deja tarea pendiente en España, Turquía y EEUU

Foto: Francisco González (i) y Carlos Torres, en la presentación de resultados de BBVA de 2017. (Reuters)
Francisco González (i) y Carlos Torres, en la presentación de resultados de BBVA de 2017. (Reuters)

La incógnita de si Francisco González cumplirá su obligación estatutaria de retirarse como presidente de BBVA a los 75 años (la incumplió cuando llegó a los 70) se despejó el jueves en la presentación de los resultados de 2017: lo hará. Y también quién será su sucesor: será del equipo actual del banco y "no habrá sorpresas". Eso quiere decir que el elegido es el consejero delegado, Carlos Torres (aunque podría mantener su cargo junto a un presidente no ejecutivo, que sería José Manuel González Páramo). Aunque quedan casi dos años para el relevo, Torres hereda un banco muy grande, rentable y digitalizado, pero que se ha quedado atrás en España y que debe solucionar sus problemas en Turquía y Estados Unidos.

El propio FG admitió que el banco tiene que mejorar mucho en nuestro país: "España acapara el 50% de los activos del banco y aporta el 16% del beneficio. Debería contribuir más. Es cierto que aquí ha habido una crisis brutal y eso pasa factura, pero lo normal es que vaya aportando más hasta que su beneficio esté en línea con sus activos". Pero no solo se trata de la rentabilidad, sino también del tamaño: BBVA se convirtió en el líder por cuota de mercado con la compra de CatalunyaCaixa hace cinco años, pero ahora ha sido superado por CaixaBank y, sobre todo, por el Santander tras la compra del Popular. Además, con los tipos en cero, su única vía para ganar más son las comisiones.

La falta de rentabilidad y de volumen tiene como solución más expeditiva una compra en nuestro país, donde solo Bankia o Sabadell le proporcionarían esa masa crítica. Y entre los dos, la elección más obvia es la primera, porque le daría una cuota superior al 20%, solucionaría la papeleta de la privatización al Estado y obtendría más sinergias (aparte de las cuestiones personales). Además de la reducción del coste de financiación, el aprovechamiento de los créditos fiscales (DTA) y la optimización de los activos ponderados por riesgo, ventajas que cita Mediobanca en el informe sobre esta posible operación del que informó El Confidencial. Y no hay que perder de vista que se trata de la última oportunidad que tiene BBVA de alcanzar el liderazgo en España.

El ministro de Economía, Luis de Guindos (i), y el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri. (EFE)
El ministro de Economía, Luis de Guindos (i), y el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri. (EFE)

Ayer, el presidente de BBVA planteó que, por principios, no quieren meterse en adquisiciones de "bancos físicos" porque les distraen de su objetivo, la transformación digital. Pero admitió que a nadie le amarga un dulce: "Eso no significa que, si aparece un banco perfectamente claro, limpio en capital y a buen precio, no lo hagamos, porque todos queremos clientes y los clientes son muy leales en banca. Y meter clientes siempre es interesante porque el coste marginal de atenderlos es muy pequeño". Y, como dijo Luis de Guindos en el Congreso, Bankia es el banco más capitalizado de España.

Estados Unidos: faltan rentabilidad y tamaño

Es decir, comprar Bankia podría ser cuestión de precio. Y a ese respecto lanzó otro mensaje muy claro al Gobierno: que se olvide de recuperar los 22.000 millones de ayudas públicas: "Bankia es un tema muy político y muy complejo, y el discurso debe ser realista. Hay que decir a la gente que se privatizará cuando mejor convenga a los intereses del país, pero no que se van a recuperar las ayudas públicas, porque van a ser irrecuperables salvo que haya un milagro, y no creo en ellos".

Logotipo de la NBA cuando la patrocinaba BBVA. (EFE)
Logotipo de la NBA cuando la patrocinaba BBVA. (EFE)

Precisamente, una posible adquisición de Bankia podría forzar al BBVA a desprenderse de su unidad en Estados Unidos, Compass. Mediobanca plantea esta alternativa y otros analistas e inversores consideran que el banco tiene ahí unos problemas muy similares a los de España: rentabilidad por debajo de la esperada y falta de masa crítica. JP Morgan confía en que pueda mejorar su beneficio en un entorno de subida de tipos por parte de la Reserva Federal, pero otros analistas son más escépticos: "BBVA está estancado en Estados Unidos, no es rentable y lo mejor que podría hacer es venderlo, porque allí sí va a encontrar compradores si pone un precio razonable", señala uno de ellos.

Turquía: problemas más allá de las cuentas

Por último, está la cuestión de Turquía. Aunque el discurso oficial es que va muy bien porque la economía crece al 7% y Garanti es el líder del mercado, también es cierto que está creciendo la morosidad con fuerza y que la lira turca sigue penalizando mucho las cuentas (y cubrir ese impacto sale muy caro). Es muy significativo que Torres se limitara a decir que espera una mayor inversión en 2018... en liras. Tanto Morgan Stanley como Merrill Lynch creen que es insostenible el bajo nivel de provisiones actual —esto es, tendrán que subirlas en 2018 y eso lastrará el beneficio—. Y todo el mundo considera que no podrán repetir las ganancias de 2017 con los bonos ligados a la inflación en ese país (el principal motor de su resultado).

Pero, además, Turquía supone un quebradero de cabeza para BBVA más allá del puro negocio. Las autoridades europeas no apoyan precisamente al régimen de Erdogan y el Banco Central Europeo anda preocupado por el riesgo que puede suponer la presencia en ese país para la solvencia de los bancos que supervisa: no se puede descartar una nacionalización de la banca. Por tanto, tampoco sería extraño que el banco español se plantee una retirada, aunque aquí es más complicado: como le pasaba al popular con Värde Partners en WiZink, el único comprador factible serían los antiguos dueños de Garanti, Dogus. Y lo harían a un precio mucho más bajo del que vendieron, con fuertes minusvalías para BBVA.

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