GOLDMAN SACHS Y JP MORGAN NO LOGRAN SALVARLA

Los inversores de EEUU hundieron el precio de la OPV de Telxius por debajo de 11 euros

La decisión de suspender la salida a bolsa de Telxius por parte de Telefónica se explica porque las órdenes estaban por debajo de 11 euros, por culpa de los inversores de EEUU

Foto: Sede central de Telefónica, el llamado Distrito C en Las tablas (Madrid). (EFE)
Sede central de Telefónica, el llamado Distrito C en Las tablas (Madrid). (EFE)

La mala evolución del 'roadshow' de la salida a bolsa de Telxius en Estados Unidos, donde las órdenes entraron a precios muy bajos y arrastraron a la baja a las europeas, ha sido el detonante de la suspensión de la operación anunciada este jueves por su matriz, Telefónica. Según fuentes conocedoras de la situación, el grueso del libro se encontraba por debajo de 11 euros y ni Goldman Sachs ni JP Morgan, los coordinadores globales de la OPV, han sido capaz de encontrar un inversor ancla ('anchor') que salvara la operación.

La colocación de Telxius ya nació con mal pie y, aunque hubo momentos para la esperanza, ha acabado de la peor manera posible: con la suspensión final de la operación por parte de Telefónica. Nació con mal pie porque era parte del plan B de la operadora para evitar una bajada de rating después de que la Comisión Europea anulara la venta de O2 (su filial británica) a Hutchinson Whampoa por unos mareantes 12.000 millones de euros. Había que sacar ese dinero de otro sitio -Telefónica tiene una deuda de 50.000 millones y se había comprometido a reducirla- y una de las opciones era Telxius, por la que esperaba obtener un mínimo de 2.100 millones.

Pero el mercado huele la sangre y sabe que, cuando una compañía vende a la fuerza, se le puede apretar bien en el precio. Y es lo que ha hecho. Aparte de que tampoco convencen las estratosféricas valoraciones con que cotizan negocios parecidos al de la filial de infraestructuras: Cellnex, por ejemplo, tiene una valoración de a más de 15 veces su Ebitda; y, para conseguir su objetivo, José María Álvarez-Pallete (presidente de Telefónica) necesitaba sacar Telxius a bolsa con un múltiplo de más de 14 veces.

José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica. (Reuters)
José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica. (Reuters)

Así que, cuando comenzó el período previo a la colocación -lo que se denomina en el argot 'inveestor education'-, Álvarez-Pallete se encontró con la desagradable sorpresa de que los primeros sondeos entre los potenciales compradores exigían un descuento del 15% respecto a Cellnex. Su respuesta fue intentar ganar tiempo para reconducir la situación -retrasó cinco días el inicio de la venta- y rebajar sus pretensiones como un signo de acercamiento a los inversores: fijó una banda de precios entre 12 y 15 euros, que valoraba la compañía como máximo de 3.750 millones y reducía los ingresos potenciales para la operadora a entre 1.090 y 1.364 millones.

Estados Unidos: donde se torció todo

Así comenzó el 'roadshow' (gira por las principales capitales financieras para convencer a los inversores de acudir a la colocación). Y lo hizo con bastante buen pie, según las fuentes consultadas, ya que en Europa la demanda doblaba a la oferta y los precios de las órdenes, aunque estaban en la parte baja, se encontraban dentro de la banda. La esperanza volvía a los cuarteles de Las Tablas. Pero cuando el equipo de la OPV saltó el charco, las cosas se torcieron de forma irremisible: los inversores norteamericanos no veían claro el negocio del cable submarino (que supone el 60% del beneficio de Telxius) y no aceptaban la valoración de la compañia. Sus órdenes entraron por debajo del rango del folleto, lo que arrastró al resto de interesados: muchas órdenes anteriores se reformularon bajando el precio.

Ahí sonaron todas las alarmas. Goldman Sachs tomó las riendas de la operación y se convirtió en el únito interlocutor de Telefónica. Según las fuentes consultadas, el banco de inversión puso todo su empeño en encontrar un 'anchor' (ancla), un gran inversor que pusiera una orden de gran volumen y que se comprometiera a no salirs en los primeros días de cotización. La denominación de ancla hace alusión a que da confianza a otros barcos (otros inversores) en que pueden agarrarse a ella, y se deciden a participar en la operación.

El logo Goldman Sachs en el parqué de la Bolsa de Nueva York. (Reuters)
El logo Goldman Sachs en el parqué de la Bolsa de Nueva York. (Reuters)

El mirlo blanco no apareció

Hasta ayer mismo mantuvieron la esperanza de que apareciera en el último momento el mirlo blanco que salvara la operación. Pero no aparecía. Y Goldman no tuvo más remedio que presentarse ante Álvarez-Pallete con un libro en el que la oferta estaba sobresuscrita más de dos veces... pero por debajo no sólo de los 12 euros de la parte baja de la banda, sino de 11. ¿Qué hacer? Una opción era reducir el tamaño de la colocación, pero se descartó de inmediato porque suponía alterar las condiciones de la venta (menor liquidez para la acción) y eso permitía a los inversores retirar sus órdenes. Sólo quedaban dos posibilidades: bajar el precio lo que hiciera falta o suspender.

Telefónica estaba dispuesta a bajar, pero no tanto, siempre según las fuentes. Por eso dio a los colocadores una última oportunidad para que buscaran ayer a unos cuantos inversores potentes dispuestos a comprar entre 11 y 11,5 euros. Si los encontraban, seguiría adelante; pero por debajo de 11, nada. No los encontraron. Así que la única salida que quedaba era suspender. Algo que desde un colocador calificaban ayer de "ridículo espantoso", pero que, desde la perspectiva de Telefónica, tampoco es tan malo: bajar demasiado el precio para realizar la colocación a toda costa también habría lanzado un mensaje negativo, ya que el propio Álvarez-Pallete había asegurado que Telxius “no se venderá a cualquier precio porque no hay ninguna necesidad”.

Sea como fuere, la operación ha sido un fracaso que deja muy tocados a Goldman Sachs y, en menor medida, a JP Morgan en un mercado como el español, ayuno de operaciones  corporativas. Y que obliga a Telefónica a replantearse su estrategia para evitar la temida rebaja de 'rating' sin reducir su intocable dividendo. Porque después de lo ocurrido con Telxius, no hay demasiadas esperanzas a corto plazo de que vaya a poder colocar mejor otras filiales, como la alemana o la propia O2.

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