La lucha contra la pobreza energética no puede demorarse más
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Un reto social y medioambiental

La lucha contra la pobreza energética no puede demorarse más

La pobreza energética sigue afectando a las personas y familias con mayor vulnerabilidad económica. Detener esta lacra social antes de que se cronifique es factible y urgente. El acceso a la energía debe ser reconocido como derecho

placeholder Foto: Cocina de gas (EFE)
Cocina de gas (EFE)

La erradicación de la pobreza energética es un reto que se nos sigue escapando como sociedad. No conseguimos dar con la tecla para eliminar esta falla que divide la sociedad y que atañe a un derecho tan básico como el acceso a la energía. Estamos hablando de un problema latente que solo se manifiesta en el debate público y mediático cuando su precio en el pool eléctrico se dispara y la brecha aumenta, pero que es una realidad constante para millones de españoles.

Según su definición más aceptada la pobreza energética es 'la incapacidad, por motivos económicos, para mantener una temperatura adecuada en las viviendas, que permita unas condiciones de vida dignas y saludables, debido a la ineficiencia energética del hogar.'

Algo tan básico como poder mantener nuestra casa a una temperatura confortable es una verdadera pesadilla para algunas familias

La realidad es que sus causas están siendo ampliamente analizadas desde diferentes puntos de vista, encontrándonos con que los factores que más influyen son el alto precio de la energía, los bajos niveles de renta y el deficiente acondicionamiento energético de las viviendas. Un cóctel de precariedad, injusticia social e ineficiencia que puede dar lugar a que los núcleos familiares más vulnerables, porque sus miembros estén en situación de desempleo o con bajos ingresos, no puedan pagar la factura del gas o la luz o esta les suponga un gasto tan elevado que no lo puedan afrontar, perdiendo el servicio o, en algunos casos teniendo que recurrir a energías mucho más ineficientes y peligrosas (braseros, viejas estufas, etc.).

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Reunión de la Ministra Teresa Ribera con el tercer sector sobre la pobreza energética (EFE)

Esta situación deja entrever que el problema, por lo menos en origen, es económico, así como pueden serlo sus múltiples soluciones, pero el impacto derivado afecta a un asunto crítico como es el bienestar de las personas (estrés, depresión, enfermedades respiratorias, etc.).La pobreza energética es un problema social que no trasciende, que no se visualiza porque sucede dentro de las cuatro paredes de la vivienda, afectando, además de a la salud, a la vida social y familiar.

Foto: Nieve acumulada en el tejado de las viviendas de Toledo. (EFE)

Según la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) durante 2019 en España un total de 6,8 millones de personas sufrieron condiciones de precariedad asociadas a la pobreza energética. El equivalente al 15% de la población residente no pudo cubrir sus necesidades energéticas básicas. Además, se estima que la pobreza energética podría ser responsable de entre 2.300 y 9.300 muertes prematuras al año en función del mayor o menor rigor con el que se manifiesten los inviernos o veranos.

El bono social no funciona

En abril de 2019 el Gobierno hizo pública la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética que, entre otras muchas propuestas, incluía la aprobación de un nuevo bono social eléctrico que, a pesar de aportar una ligera mejora a las condiciones de precariedad de algunas familias, ha sido ampliamente insuficiente como señalan asociaciones expertas que analizan su aplicación.

Es una realidad que el bono social eléctrico no funciona. Es ineficiente y dista mucho de ser la panacea. Y lo acaecido en 2020 daba buena muestra de ello, ya que, según datos de la CNMC, durante el impacto económico más álgido causado por la pandemia de la Covid-19, concretamente en agosto y septiembre, el número de beneficiarios cayó en 146.477 abonados.

Así pues, el llamado “escudo social” no resulta tan efectivo como se anuncia, lo que nos lleva a la reflexión de que para afrontar un problema tan serio como el de la pobreza energética necesitamos medidas coyunturales, como avanzar hacia medidas que contribuyan a un abaratamiento mucho mayor de la energía, y otras estructurales, como la urgenet necesidad de mejorar de las condiciones de habitabilidad de nuestro parque de viviendas.

placeholder Concentración contra la pobreza energética (EFE)
Concentración contra la pobreza energética (EFE)

Si miramos a la factura de la luz como una de las principales causas de la pobreza energética (España tiene la 5ª factura eléctrica más elevada de toda la Unión Europea para el consumidor doméstico), observamos que una de las causas principales es el elevado término de potencia (parte fija) que tiene la tarifa eléctrica actual. Es lógico pensar que esta es una de las principales líneas de actuación, como propone la Fundación Renovables, sobre todo porque deriva de los costes regulados que se asumen en la tarifa y que suponen un 61% del total (el coste de la energía completa el 39% restante).

Disminuir ese coste regulado por el Gobierno, extrayendo partidas fijas de la tarifa eléctrica que no deberían estar incluidas (políticas energéticas y territoriales cuyo coste recae en el consumidor doméstico), junto con la revisión de la carga impositiva (no podemos tener un 21% de IVA en la electricidad), son opciones factibles para conseguir abaratar la factura.

Foto: Foto: EFE

Por otro lado, existe la posibilidad de reducir el coste de la energía que consumimos (parte variable), es decir, el precio que pagamos por el kWh. Y en este importante capítulio entran en juego las energías renovables, ya que por sus menores costes variables abaratan el precio de la electricidad en el pool. Sin embargo, también se podría plantear la revisión del modelo marginalista en la fijación de precios del mercado eléctrico y la imposición del impuesto al CO2 a tecnologías limpias, no emisoras de gases de efecto invernadero (GEI). La puesta en marcha de estas actuaciones, con sus múltiples derivadas, puede repercutir en una rebaja sustancial de la factura de la luz, de manera directa e inmediata.

Mejorar el aislamiento

Otro de los apartados de mejora es el de las condiciones de aislamiento de los edificios de viviendas. En este apartado cabe destacar que su rehabilitación energética puede ser una buena fuente de actividad económica y laboral. En España, según el INE, el 97% de los edificios construidos no cumplen las exigencias de eficiencia energética en vigor y el 53% de estos carecen de aislamiento térmico. Emprender un programa nacional de rehabilitación de viviendas contribuiría a una mejora de la eficiencia energética e impulsaría a su vez el empleo.

Según los informes de las certificaciones energéticas de edificios, más del 70% del parque revisado dispone de una calificación inferior a C (entre A y G, siendo A la más eficinete y G la menos). Así pues es una necesidad urgente, al ser también una vía de lucha contra el cambio climático, trabajar en la mejora de la calidad del aisalmiento y la eficiencia energética de nuestras viviendas.

placeholder Las mejoras de aislamiento pueden impulsar el sector de la vivienda (EFE)
Las mejoras de aislamiento pueden impulsar el sector de la vivienda (EFE)

El Gobierno se puso manos a la obra publicando, en julio de 2020, la Estrategia a largo plazo para la Rehabilitación Energética en el Sector de la Edificación en España (ERESEE 2020), recibiendo el visto bueno desde Bruselas, cuyos objetivos a 2030 implican la rehabilitación de la envolvente de 1,2 millones de viviendas y la sustitución de más de 3,5 millones de sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria (ACS), con una inversión total de 25.951M€. Las cifras marean, pero pese a ello todavía falta incluir instrumentos financieros y fiscales y objetivos de incorporación de renovables y de autoconsumo. En resumen, queda bastante margen de mejora y es urgente ponerse a trabajar cuanto antes para avanzar en este tema.

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