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El futuro del trigo, en el aire: necesitamos soluciones para seguir llevando pan a la mesa
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El futuro del trigo, en el aire: necesitamos soluciones para seguir llevando pan a la mesa

Si, como está previsto al ritmo actual, la temperatura media del planeta aumenta 2,7 °C a finales de siglo, el trigo que conocemos hoy no generará tanto grano como requerimos

Foto: Cosechadora de trigo. (iStock)
Cosechadora de trigo. (iStock)

Desde que el ser humano descubrió la agricultura hace, aproximadamente, 10.000 años, la hemos perfeccionado tanto que las cosas que cultivamos hoy en día poco tienen que ver con sus versiones 'naturales'. En un proceso de ingeniería genética (no en un laboratorio, sino identificando y mezclando variedades) hemos conseguido que las plantas de las que dependemos para comer sean más resistentes a la sequía, al calor, al frío, a las enfermedades y a las plagas; y, al mismo tiempo, produzcan mayores cosechas, con granos más grandes y nutritivos.

Esto, por una parte, ha tenido en los últimos 10 milenios un gran impacto en las áreas naturales que antes estaban 'asalvajadas' (en el buen sentido de la palabra, claro), dado que ahora son monocultivos. Esto supone una pérdida de biodiversidad en grandes extensiones de terreno alrededor del mundo, así como una amenaza directa a los ecosistemas presentes en esas zonas que, irónicamente, son esenciales para la producción de esos mismos cultivos.

Nuestros cultivos no están preparados para aguantar los 2,7 °C de calentamiento global previstos a día de hoy

Otra de las crisis a que nos enfrentamos hoy en día es el agotamiento de los recursos que el propio suelo puede ofrecernos. Según apunta uno de los principales expertos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), Jason Clay, "nuestro planeta necesitará producir más comida en los próximos 40 años que la que ha generado en los últimos ocho milenios".

Esto es pedirle a algo fundamental (pero que normalmente pasamos completamente por alto), la tierra, que lleve a cabo un esfuerzo titánico. Además, a día de hoy, según datos de la organización The Wold Counts, el 75% del área cultivable del planeta ya está degradado, y se espera que para el año 2050 esta cifra alcance el 90%.

placeholder Nosotros dependemos del trigo, pero el trigo depende del clima. (Unsplash)
Nosotros dependemos del trigo, pero el trigo depende del clima. (Unsplash)

Pero, curiosamente, no es este el principal problema al que se enfrenta nuestra mayor fuente de alimentos, dado que es el cambio climático el que, si las previsiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) se cumplen, pondrá en jaque la agricultura mundial.

Esto se debe a que los cambios en los patrones climáticos asociados a esta enorme crisis medioambiental están ocurriendo a una gran velocidad —de hecho, según el IPCC, si no reducimos de inmediato las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero (GEI), nos enfrentaremos a un escenario a finales de siglo de 2,7 °C de calentamiento global—.

Dado que, sin muchísimos más esfuerzos, el aumento de la temperatura global es inevitable, la única forma que tenemos de asegurarnos la comida en la mesa es alterar nuestros cultivos para que puedan resistir las condiciones climáticas del futuro cercano. Lo que proponen los investigadores australianos Zhigan Zhao y Enli Wang en un nuevo estudio es utilizar nuevas variedades de trigo plantadas a gran profundidad y capaces de 'ganar al calor' en un escenario de cambio climático.

Foto: Le estamos pidiendo al suelo que genere alimento sin descanso alguno. (Unsplash)

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores analizaron tanto empíricamente como a través de modelos informáticos las cosechas esperadas de nuevas variedades de trigo plantadas a mayor profundidad, donde el agua 'atrapada' en la tierra es más abundante, dado que está 'a salvo' de las altas temperaturas del exterior. Los resultados obtenidos son prometedores: "Predecimos que con estos nuevos genotipos, unidos a una siembra a mayor profundidad, podremos aumentar la producción nacional de trigo en Australia entre un 18% y un 20%".

Incluso si detenemos ahora mismo las emisiones por completo, ya habremos calentado el clima más de un grado centígrado. Los cambios ya están teniendo lugar, y esto supone que no es solo la lucha contra el cambio climático lo importante, sino también la adaptación a él.

Desde que el ser humano descubrió la agricultura hace, aproximadamente, 10.000 años, la hemos perfeccionado tanto que las cosas que cultivamos hoy en día poco tienen que ver con sus versiones 'naturales'. En un proceso de ingeniería genética (no en un laboratorio, sino identificando y mezclando variedades) hemos conseguido que las plantas de las que dependemos para comer sean más resistentes a la sequía, al calor, al frío, a las enfermedades y a las plagas; y, al mismo tiempo, produzcan mayores cosechas, con granos más grandes y nutritivos.

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