Los efectos de las sequías: baja el cultivo de secano y aumenta el de regadío
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LA SEQUÍA SE HACE NOTAR

Los efectos de las sequías: baja el cultivo de secano y aumenta el de regadío

Los cultivos que dependen de las lluvias han descendido en los últimos 15 años, siendo sustituidos por los de riego artificial

Foto: Campo de trigo. (Reuters)
Campo de trigo. (Reuters)

La palabra sequía se ha vuelto cada vez más habitual en España. Las grandes olas de calor y la escasez de lluvias son peores con el paso de los años. Los episodios de lluvias torrenciales son cada vez más habituales y los períodos de altas temperaturas son más largos. Y la agricultura lo nota.

Desde el año 2005, la cantidad de hectáreas dedicadas al cultivo de secano ha descendido en España y en su mayoría han sido sustituidas por las de regadío. Las comunidades del sur, las que más sufren las consecuencias de las altas temperaturas, son las que mayores cambios presentan.

En términos relativos, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura son las regiones que más hectáreas del total de explotaciones agrícolas han perdido dedicadas a la agricultura de secano desde el año 2005. La comunidad andaluza ha reducido en un 46% el secano con respecto al total de su terreno agrícola; Castilla-La Mancha más de un 26%, y Extremadura ha perdido un 21% desde el año 2005.

"La agricultura de secano se ha vuelto muy poco rentable", explica Rafael, agricultor desde hace 30 años en la provincia de Cuenca. "Al depender del clima, la estabilidad se ha vuelto cada vez más complicada. Las lluvias torrenciales y las sequías no ayudan, acabas perdiendo dinero".

Con el tiempo, y viendo las previsiones de los expertos en cuanto al clima, las sequías serán cada vez más severas y largas. Como consecuencia, los cultivos de secano podrían reducirse cada vez más. "El regadío es mucho más rentable porque te aseguras la estabilidad en la producción. Puede superar hasta las olas fuertes de calor", explica Pablo Resco, miembro de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).

Foto: Regadío en una finca de Cádiz. (Netco) Opinión

Este tipo de explotaciones agrícolas son cada vez más habituales precisamente por la estabilidad que conllevan. Aunque no llueva y las temperaturas sean altas, los cultivos se mantienen con el riego artificial.

Cada vez menos agua

Según los datos de la Comisión Europea, España es uno de los países europeos con mayor tendencia al estrés hídrico. En los últimos años, se ha registrado como uno de los países que más agua consume por habitante y día en cuanto a uso doméstico y esta demanda ha venido aumentando debido al desarrollo económico, la expansión urbana, el turismo y la agricultura. Se calcula que para el año 2030 un 65% de la población española sufrirá las consecuencias de la escasez del agua.

Aun así, la siembra de regadío sigue en alza, pese a que también tiene desventajas. Requiere de un conocimiento más preciso y de edificar las instalaciones. Se necesitan acueductos, canales, aspersores, albercas y otras estructuras para el riego. Además, hay que implementar otras técnicas avanzadas para poder calcular los costes en agua y otros procedimientos.

La escasez de agua es la principal causa de la sobreexplotación de los acuíferos, dado que los agricultores emplean las aguas subterráneas para compensar la carencia de otras fuentes de agua. Por eso es necesario utilizar técnicas eficientes.

"Agua no hay para todos. Hay que planificar los recursos hídricos. El agua es una de las mejores técnicas de adaptación contra el cambio climático. Las técnicas de riego tendrán que adaptarse para ser eficientes", dice Resco.

Fernando Alonso, fundador de CO2mpensa, ingeniero forestal y del medio natural, considera que es importante que los cultivos se adapten al medio. "Cada vez va a haber menos agua y el tipo de explotación agraria debe adaptarse a cada terreno. Igual que hay terrenos agrícolas que en Galicia sí se pueden poner porque llueve mucho, hay algunos que en Castilla-La Mancha no deberían ni aparecer".

La solución está en la ciencia

Desde hace siglos, los agricultores han utilizado la diversidad genética para obtener nuevas variedades adaptadas a las nuevas condiciones de estrés del medio ambiente, tales como el cambio climático o el aumento de la población.

Juan Carlos Bermejo, director de la cooperativa castellano-manchega Cereales Alcamancha S.C. afirma que la solución está en la ciencia. "Las mejoras llegan con el tiempo. A nivel nacional y mundial se están estudiando variedades de cultivo que resistan las sequías y requieran menos agua. La ciencia está aportando muchas soluciones".

Con la modernización de la agricultura, en los campos se han ido progresivamente sustituyendo las variedades más antiguas por otras más nuevas. La idea es que con los avances en la investigación científica sobre cultivos se logre paliar la falta de agua y la erosión del suelo.

Hasta entonces, una buena gestión de los recursos hídricos del país y las iniciativas medioambientales que sirvan para reducir los efectos del cambio climático son las herramientas más efectivas contra una escasez de recursos que, tarde o temprano, llegará.

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