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Competitividad, presión y horarios: por qué los jóvenes letrados dejan la abogacía
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Estudio sobre salud mental

Competitividad, presión y horarios: por qué los jóvenes letrados dejan la abogacía

Un informe de la International Bar Association revela que el número de abogados menores de 35 que afirman que la profesión daña su bienestar es muy superior al de los mayores de esa edad

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Al poner en una balanza las cosas buenas y malas de la profesión, los letrados jóvenes llegan a una conclusión clara: la abogacía no compensa. Aunque admiten que hay elementos positivos, la mitad de los letrados de hasta 35 años opina que el estrés continuo y la altísima carga de trabajo les generan más disgustos que alegrías. Solo dos de cada 10 creen que su labor les genera un impacto primordialmente positivo, mientras que del porcentaje restante, un 30% no se inclina hacia ningún extremo y se mantiene neutral. Unas cifras que cambian por completo en franjas de edad superiores. Así, la inmensa mayoría de los mayores de 60 años (80%) apenas reporta problemas de bienestar o salud mental derivados de su actividad.

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Además de la presión constante y las exigencias laborales, otros elementos que explican el desencanto de los jóvenes hacia la profesión son la competitividad existente en los primeros años, el apremio por progresar profesionalmente y una mayor conciencia de los problemas relacionados con la salud mental. Así lo pone de manifiesto el informe 'Bienestar mental en la profesión jurídica: un estudio global', elaborado por la International Bar Association (IBA), la mayor organización para profesionales del derecho y colegios de abogados a nivel internacional. El documento ha sido elaborado a raíz de una encuesta lanzada en junio de 2020 que recoge la opinión de más de 3.000 abogados de todo el mundo, de los cuales el 35% son europeos.

Foto: Dos abogados examinan unos papeles. (iStock)

En términos globales, más de un tercio de los abogados considera que el trabajo tiene un impacto eminentemente negativo sobre su bienestar mental, lo que lleva a la IBA a concluir que los profesionales del derecho experimentan mayores niveles de depresión, ansiedad y estrés que el resto de la población general. "Los resultados demuestran una tendencia que ya veníamos denunciando desde hace años, y es que la forma actual de ejercer la abogacía no es sostenible ni saludable", asevera Manel Atserias, miembro de la sección de bienestar ('wellbeing taskforce') de la IBA. Y agrega que tanto desde los bufetes como desde la abogacía institucional deben tomar nota de estas conclusiones "y, como mínimo, aplicar algunas de las soluciones que sugerimos".

Factores de estrés

¿Cuáles son las causas que generan estos problemas de bienestar mental? Entre las más citadas por los letrados, se encuentran las exigencias derivadas de la altísima competitividad en el sector, los horarios interminables, los plazos de tiempo poco realistas y la imposibilidad de tomar descansos. Pero a ellos se suman muchos otros, como las expectativas poco claras y la falta de compañerismo por parte de letrados y dirección. Uno de los comentarios del estudio, procedente de una socia española, lo resume así: "Hay una presión de facturación constante, además de una obligación de estar conectado 24/7, exigencias incluso durante las vacaciones o los fines de semana, y poco apoyo entre socios".

De forma marginal, algunos profesionales confesaron sufrir intimidación y acoso en el trabajo, ya sea de forma regular o la mayor parte del tiempo. Aunque el informe admite que estos escenarios son poco habituales en el sector, sí agrega que, cuando ocurren, los efectos son especialmente perjudiciales.

Las clases de yoga no bastan

En el informe, los abogados encuestados hacen una dura crítica a los despachos e instituciones, a los que acusan de "hablar por hablar", pero no realizar cambios efectivos. Ejemplo de ello son los datos que arroja la IBA, que muestra cómo el 82% de las instituciones afirma tomarse en serio la salud mental, pero solo el 16% ha tomado medidas eficaces para fomentarla. En lo que respecta a los bufetes, en cambio, los resultados tampoco son prometedores. La percepción de los letrados es que no suelen tomar decisiones que ayuden a rebajar o eliminar las fuentes de estrés, y si lo hacen, estas no son útiles.

"Las sesiones de yoga, las cestas de fruta y las aplicaciones de meditación no son suficientes", critican los encuestados. En su lugar, los profesionales se inclinan por cambios en las prácticas laborales, como fomentar el teletrabajo, promover las reuniones virtuales, fijar los horarios flexibles y reducir los viajes. Apuntes con los que coincide la IBA, que ve vital que las firmas se comprometan con un cambio tangible, sostenible y sistémico. Esto incluye reformar la cultura de trabajo y reforzar el compromiso de la cúpula en este ámbito. "Los directivos deben ser un modelo de los comportamientos y prácticas de trabajo saludables que promueven", indica.

Asimismo, el documento aconseja reducir la asignación de la carga de trabajo de la plantilla, así como relajar la exigencia por los resultados y realizar una evaluación continua y regular para constatar que las medidas que se han implementado están enfocadas en cumplir los objetivos fijados. "Las actividades cosméticas no son soluciones significativas ni duraderas; las buenas intenciones no sustituyen al bienestar", aclaran.

Impacto económico y reputacional

La ausencia de bienestar en el trabajo no solo perjudica a los profesionales que se ven directamente afectados. En primer lugar, el estudio señala que también plantea problemas a los despachos en términos de contratación y retención de talento, ya que cada vez les resulta más complicado encontrar letrados que quieran formar parte de sus plantillas.

Foto: Sede de Clifford Chance en Madrid.

En segundo lugar, daña la reputación del sector jurídico en su conjunto. "Hay pruebas que sugieren que los problemas de bienestar mental pueden conducir a una disminución del juicio ético y a un aumento de los errores en el lugar de trabajo. Los abogados juegan un papel fundamental en la sociedad al defender el Estado de derecho. Si son incapaces de desempeñar esa función con eficacia, o si se les percibe como incapaces de hacerlo, se puede socavar la confianza del público y provocar repercusiones más amplias para el sistema judicial", manifiestan desde la IBA.

Y, por último, a la economía global. En este sentido, un estudio elaborado en 2017 por el Centro de Salud Mental, un 'think tank' radicado en Londres, estimó que los problemas de salud mental habían costado a la economía del Reino Unido casi 35.000 millones de libras (aproximadamente 41.500 millones de euros) en el año anterior. Para ello, sumó el coste en bajas por enfermedad, la reducción de productividad derivada de esas ausencias y lo abonado en reemplazar personal que abandonó el trabajo por razones de salud mental. En la misma línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el coste económico mundial de la depresión y la ansiedad es de un billón de dólares anuales.

Al poner en una balanza las cosas buenas y malas de la profesión, los letrados jóvenes llegan a una conclusión clara: la abogacía no compensa. Aunque admiten que hay elementos positivos, la mitad de los letrados de hasta 35 años opina que el estrés continuo y la altísima carga de trabajo les generan más disgustos que alegrías. Solo dos de cada 10 creen que su labor les genera un impacto primordialmente positivo, mientras que del porcentaje restante, un 30% no se inclina hacia ningún extremo y se mantiene neutral. Unas cifras que cambian por completo en franjas de edad superiores. Así, la inmensa mayoría de los mayores de 60 años (80%) apenas reporta problemas de bienestar o salud mental derivados de su actividad.

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