De becario a abogado júnior: así de difícil es conseguir trabajo en los grandes bufetes
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De becario a abogado júnior: así de difícil es conseguir trabajo en los grandes bufetes

Los despachos exigen excelencia y compromiso. A cambio, ofrecen contratos indefinidos y sueldos de hasta 38.000 euros anuales

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Trabajar en el mundo de la abogacía de los negocios no es sencillo. Rubén (nombre ficticio) realizó el año pasado sus prácticas en el codiciado departamento de fusiones y adquisiciones (M&A) de una firma. A pesar de no tener todavía el máster de acceso, la responsabilidad instaurada sobre él fue desde el primer momento muy alta, y su horario se alargaba a veces hasta entrada la noche. “Recuerdo una ocasión en la que estuve hasta las seis de la mañana acabando unas tareas. Cuando terminé fui a casa, me duché, me cambié y a la oficina de nuevo”, relata.

Aunque este fue un hecho puntual, sí reconoce que terminaba de trabajar como regla general a las 11 de la noche. Y en épocas de mucho trabajo (cierres de operaciones), la normal era irse a casa sobre las dos o tres de la mañana, "además de trabajar fines de semana y festivos". Ahora ejerce como júnior en la firma, y aunque el ritmo y la responsabilidad no han cambiado demasiado, “las condiciones laborales son mucho mejores”, subraya.

Rubén no es un caso aislado. La inmensa mayoría de abogados que quieren hacer carrera en los grandes despachos deben pasar por esta fase, sobre todo si empiezan en áreas tan exigentes como mercantil. Al elevado nivel de esfuerzo y las jornadas interminables, se suma la presión de saber que el más mínimo error puede tener repercusiones catastróficas. Pero los que superan la prueba optan a formar parte de la plantilla y comienzan una carrera con unos sueldos muy por encima de los de sus compañeros de grado universitario y con una proyección enorme.

Foto: Ilustración: EC Diseño.

A los abogados que entran como júniors (primer año), los grandes despachos les ofrecen un contrato indefinido y sueldos que pueden alcanzar los 38.000 euros, además de la posibilidad de trabajar en las operaciones más relevantes del mercado. Pero ¿qué deben hacer los jóvenes para conseguir un puesto dentro de estas firmas?

"Los requisitos de entrada son muy exigentes, las firmas miran con lupa el expediente académico y solo cogen a los mejores", relata Carlos de la Pedraja, vicedecano de IE Law School. Los bufetes, explica, ponen un énfasis especial en la búsqueda de la excelencia, por lo que las competencias técnicas y el conocimiento en derecho son un 'must' para poder hacer carrera en un despacho.

Pero no son las únicas habilidades a valorar. "Cada vez se aprecian más otras aptitudes, como ser rápido a la hora de encontrar soluciones", revela De la Pedraja, y explica que, en un escenario cambiante de tanta incertidumbre, es necesario que el aspirante sea resolutivo y muestre una buena actitud frente a los problemas.

Foto: Sede de Allen & Overy en Madrid.

Por otro lado, recomienda a los jóvenes que fomenten su inteligencia emocional para que sean capaces de tratar con los letrados que se encuentran por encima de ellos y les hagan “la vida más sencilla”, indica. Un elemento que también considera esencial Carolina Banegas, directora de Recursos Humanos de Herbert Smith Freehills en España, y aconseja a los estudiantes que realizan prácticas en el despacho que, una vez reciban 'feedback' sobre algo a mejorar, se apliquen y eviten cometer el mismo error dos veces.

Por su parte, Juan Zornoza, director del máster de acceso a la abogacía de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), resalta la capacidad de gestionar grandes cargas de trabajo. “Aunque la mentalidad de la flexibilidad va calando, lo cierto es que si un cliente te pide algo el viernes es para tener la solución el lunes a primera hora, y eso implica echar horas”, subraya. Y agrega que el propio modelo de la profesión, especialmente el de la abogacía de los negocios, implica largas jornadas y disponibilidad.

Salarios y condiciones

La competitividad del sector, unida a la exigencia y presión presentes desde el primer momento, obliga a los despachos a diseñar condiciones laborales atractivas para los jóvenes. Además de la posibilidad de participar en operaciones de calado y casos relevantes, las grandes firmas españolas y los despachos internacionales ofrecen una generosa remuneración a sus estudiantes en prácticas, de entre 1.500 y 2.000 euros brutos mensuales. El sueldo de un júnior, en cambio, oscila entre los 36.000 y los 38.000 euros brutos al año, y viene acompañado de un contrato indefinido.

Foto: Foto: Istock.

Pero los salarios no lo son todo. Como apunta De la Pedraja, las nuevas generaciones valoran cada vez más su tiempo libre o el tener flexibilidad horaria, por lo que rechazan cada vez más las jornadas maratonianas y la disponibilidad absoluta. En este sentido, aconseja a los despachos adaptarse en la medida de lo posible, buscando otros modelos de trabajo basados en proyectos u ofreciendo a los letrados varios días de descanso tras un pico intenso de trabajo.

Por otro lado, los bufetes cuentan con una carrera profesional muy definida, extensos programas de formación y la posibilidad de hacer 'secondments' (intercambios) en las oficinas de otros países. Las ofertas del resto de despachos de mediano tamaño, en cambio, rondan los 700 euros mensuales para los que están en prácticas del máster y los 20.000 anuales para los abogados de primer año.

Procesos de selección

¿En qué momento debe el joven letrado mostrar su valía? La respuesta depende de cada despacho, ya que no todos siguen la misma dinámica. Así, en los más grandes, la criba se hace en el momento de seleccionar a los estudiantes en prácticas del máster de acceso a la abogacía. El proceso suele ser largo y exhaustivo, e incluye pruebas técnicas de derecho, de idiomas, entrevistas grupales y reuniones individuales con varios socios. En caso de superarlo con éxito, el premio no solo incluye el puesto de prácticas, sino que suele venir acompañado de una oferta laboral posterior para desarrollar la carrera profesional en la firma.

"Cada año, recibimos en torno a 4.500 candidaturas, de las que aproximadamente 1.500 pasan a la fase de pruebas y unas 600 a la de entrevistas con socios y 'counsels", detalla Icíar Rodríguez-Inciarte, secretaria general y responsable de selección en Uría Menéndez. Los finalmente seleccionados, en torno a 80, realizan las prácticas y siguen como júniors. En algunos casos, incluso, el despacho ayuda con la financiación del máster de acceso.

Foto: Las grandes firmas han apostado por no congelar nombramientos. (iStock)

Un método similar siguen otros despachos como Garrigues, Cuatrecasas y Gómez Acebo & Pombo, donde el filtro para fichar a los futuros abogados se realiza cuando estos apenas han terminado sus estudios.

Por su parte, los bufetes de tamaño mediano (aunque igualmente relevantes en el ámbito de clientes y proyectos) siguen otro sistema. Ellos suelen integrar a menos jóvenes de máster y, si bien la ratio de incorporaciones posteriores es bastante alta, lo cierto es que el contrato laboral se gana durante las prácticas.

“Solemos coger a seis cada año, y aunque es habitual que nos quedemos con todos, no está garantizado”, señala Banegas. La eventual propuesta dependerá de las capacidades que exhiban los aspirantes a lo largo de los meses de formación. Es por ello que la exigencia durante ese tiempo es mayor, y desde el primer momento, los estudiantes asumen responsabilidades de júnior. “Les abrimos la puerta al puesto si nos demuestran que valen”, resume.

Ojeadores en la universidad

La premura a la hora de seleccionar el talento se explica por la feroz competitividad existente en el sector legal. “Mientras que el mercado en España lleva años estable, los competidores han aumentado de manera exponencial”, explica De la Pedraja. Es por ello que las grandes firmas tienen como una de sus prioridades la captación del talento.

Foto: Sede de LinkedIn en Montain View. (Istock)

Y se lo toman en serio: muchas de ellas cuentan con ojeadores que acuden a las universidades para fichar antes que el resto a las próximas promesas del derecho. “Antes mostraban interés por los que estaban haciendo el máster, pero han tenido que adelantarse a los primeros años de la universidad”, completa Zornoza.

Prueba de ello son las becas de verano que ofrecen muchos despachos, que sirven como una primera toma de contacto con el estudiante para comprobar si tiene lo que hace falta para poder formar parte de la organización. En el caso de Uría, el programa dura un mes (junio, julio o septiembre) y está orientado para los que están en el penúltimo año del grado. “El objetivo es que ellos conozcan mejor el despacho y su funcionamiento y nosotros veamos cómo se desenvuelven”, concreta Rodríguez-Inciarte.

Una exhaustiva búsqueda de la excelencia que, según Zornoza, puede asegurar un futuro a los jóvenes antes de haber siquiera acabado el grado, pero también les genera una mayor presión, ya que traslada sobre ellos la obligación de demostrar su talento "desde el inicio de la carrera", señala.

Trabajar en el mundo de la abogacía de los negocios no es sencillo. Rubén (nombre ficticio) realizó el año pasado sus prácticas en el codiciado departamento de fusiones y adquisiciones (M&A) de una firma. A pesar de no tener todavía el máster de acceso, la responsabilidad instaurada sobre él fue desde el primer momento muy alta, y su horario se alargaba a veces hasta entrada la noche. “Recuerdo una ocasión en la que estuve hasta las seis de la mañana acabando unas tareas. Cuando terminé fui a casa, me duché, me cambié y a la oficina de nuevo”, relata.

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