ÚNICAMENTE HA ESTADO SEIS DÍAS EN LA CÁMARA

La diputada más efímera: solo seis días con el acta del PP por el adelanto de Urkullu

La decisión de Urkullu de disolver el Parlamento para convocar las elecciones el 5 de abril provoca el paso efímero por la Cámara de Asun Guerra, que había accedido en sustitución de Sémper

Foto: Asun Guerra, en la sede del PP de Guipúzcoa de San Sebastián. (J.M.A.)
Asun Guerra, en la sede del PP de Guipúzcoa de San Sebastián. (J.M.A.)

Asun Guerra llegó de forma inesperada al Parlamento Vasco –por la renuncia de dos compañeros que le precedían en la lista del PP por Guipúzcoa a las autonómicas de 2016 tras el abandono de la política del portavoz en la Cámara Borja Sémper– y ahora otro ¿imprevisto? –el adelanto electoral decretado por Iñigo Urkullu– ha provocado su salida apenas seis días después. Su fugaz paso por la Cámara de Vitoria comprende desde el miércoles día 5, cuando el presidente de la Junta Electoral del País Vasco Juan Luis Ibarra le expide la credencial de parlamentaria, al martes día 11, con la publicación en el Boletín Oficial del País Vasco (BOPV) del decreto de disolución de la Cámara firmado por el lehendakari para poder convocar las elecciones en la primera fecha posible por los plazos que marca la ley: el 5 de abril.

Entre medias, dos sesiones plenarias han certificado el efímero regreso a la política activa de quien durante 16 años, desde 1999 hasta 2015, permaneció en primera línea del partido como representante en las Juntas Generales de Guipúzcoa –el parlamento territorial– y como concejal en los ayuntamientos de Urnieta o Andoain, donde permaneció dos legislaturas en cada consistorio.

Los radicales intentaron arrojarla por las escaleras del Ayuntamiento de Urnieta estando embarazada de su segunda hija al tomar el acta de edil en 1999

Guerra llevaba alejada de los focos públicos desde que en 2015 se metió de lleno en la sanidad, en su puesto de médica de atención primaria que anteriormente compaginaba con la representación institucional del PP. Aunque más que irse de la política, se puede decir que fue expulsada por la debacle electoral del partido en las elecciones municipales y forales de ese año que le llevó a perder la representación en la práctica totalidad de los pueblos de Guipúzcoa –Guerra no logró reeditar su acta de portavoz en Andoain– y en el Parlamento territorial, donde únicamente obtuvo uno de los 51 escaños.

En 16 años ha vivido y sufrido de todo. Los radicales le han querido echar de las instituciones por todos los medios, incluido un intento de arrojarla por las escaleras del Ayuntamiento de Urnieta en su toma de posesión del acta de única concejal del PP en 1999 estando embarazada de su segunda hija –esa legislatura municipal fue "muy dura" con tres concejales de HB que acabaron en la cárcel por su relación con ETA–. También sabe cómo se las gastan los ‘abertzales’ en Andoain, donde la banda terrorista y el entorno radical camparon a sus anchas durante un prolongado periodo negro, para intentar quitarla de en medio. Pero jamás hubiera pensado que en su trayectoria política iba a ser ‘expulsada’ del Parlamento y, además, con tanta celeridad.

Asun Guerra, en la puerta del Ayuntamiento de Andoain en 2011 junto a su escolta, a quien el Gobierno municipal prohibía acceder al interior de la Casa Consistorial. (EFE)
Asun Guerra, en la puerta del Ayuntamiento de Andoain en 2011 junto a su escolta, a quien el Gobierno municipal prohibía acceder al interior de la Casa Consistorial. (EFE)

Al aceptar la credencial, sabía que su paso por la Cámara iba a ser breve, ya que “todos” los parlamentarios eran conscientes de que la legislatura se iba a cerrar antes de octubre, pero no se imaginaba que la estancia pudiera ser tan fugaz. Pensaba que, al menos, iba a poder ocupar su asiento hasta mayo o junio. “No me ha dado tiempo ni a poner una foto en la mesa del despacho, ni a recibir el móvil o el ordenador del partido. Absolutamente a nada. Firmar los papeles y poco más”, señala. Se toma a risas el triste récord de pasar a la historia por ser la parlamentaria vasca más efímera. "Me han comentado que ha habido algunos parlamentarios que ocuparon únicamente el escaño en agosto, durante un periodo inhábil", expone quien ha renunciado a la remuneración que le corresponde por los seis días ejerciendo en el legislativo vasco.

En todo caso, como se trata de extraer el lado positivo de su corta estancia en la Cámara, se consuela con que, al menos, ha podido estar en dos plenos -uno ordinario (el jueves) y una sesión de control al Gobierno (el viernes)–, lo que le ha permitido vivir la "salsilla" del Parlamento. Aunque sí le queda la espina de no haber sido productiva a efectos prácticos con el registro de alguna iniciativa. De hecho, se quedó en la mano con dos propuestas relacionadas con la sanidad que iba a registrar en la Cámara, además de tener en mente varias preguntas dirigidas al Ejecutivo de Urkullu.

- “Tendrá que presentarlas la próxima legislatura…”

- “Uf! De eso no tengo ni idea. No depende de mí, sino del partido y, de momento, no sabemos nada”, se apresura a responder.

Que este fugaz paso por el Parlamento sea o no su epitafio político está en manos, en primera instancia, del partido, que deberá decidir si incluye su nombre, no solo ya en las listas de cara al 5 de abril, sino en las posiciones privilegiadas de cara a tener alguna mínima opción real de volver al hemiciclo. La situación, a priori, es muy complicada a todos los niveles. El PP, instalado en una permanente pérdida de apoyo electoral en el País Vasco, logró en las elecciones autonómicas de hace cuatro años dos de los 25 escaños en juego por Guipúzcoa al Parlamento de Vitoria, donde los populares han contado en esta legislatura con nueve de los 75 asientos del hemiciclo –otros dos por Vizcaya y cinco por Álava (cada territorio aporta 25 parlamentarios)–.

“Si el partido me lo pide…”. La puerta, por su parte, está abierta, pero Guerra asume que antes se repartirán otras llaves. “Hasta que no me lo pidan, si finalmente lo hacen, no lo voy a pensar. De momento, he vuelto a mi ambulatorio y mis compañeras me dicen que están encantadas porque una menos se nota mucho…”, asevera entre risas. “Me imagino que hay gente por delante. Pero estar en las listas no es un tema que me preocupa. Si hay que volver a la política, volvería encantada, pero no es mi prioridad. No tengo ningún interés en conservar un sillón porque ya tengo mi vida y mi trabajo”, zanja quien ocupó el puesto número 5 en la lista por Guipúzcoa en los anteriores comicios autonómicos.

Guerra asume sus escasas opciones de ir en los puestos privilegiados de las listas del PP: "Volvería encantada a la política, pero no me preocupa"

A decir verdad, Guerra nunca se fue de la política porque ha seguido participando de forma activa en “todos los comités” del partido, donde nunca se ha andado con medias tintas a la hora de decir lo que piensa. “Mis compañeros me dicen que no tengo pelos en la lengua. He tenido de presidentes a Gregorio Ordóñez, María San Gil, Basagoiti... y si he tenido que criticar a un presidente lo he hecho, pero a nivel interno, que es lo que hay que hacer, y siempre con ánimo constructivo”, asevera.

Pero las fuertes discrepancias internas que existen en el PP de Guipúzcoa no se han quedado de puertas para adentro sino que se han aireado, saliendo toda la ‘mierda’ por la puerta principal a raíz de las dos últimas elecciones generales, donde el candidato impuesto por Génova, Iñigo Arcauz, contó con el rechazo frontal del que era el presidente territorial del partido, Borja Sémper –de hecho, desapareció de las dos campañas–, y la oposición de la cúpula del PP vasco encabezada por Alfonso Alonso. “Negar la evidencia sería absurdo”, admite Guerra, del mismo modo que reconoce que “es muy duro vivir una situación tan tensa” a nivel interno, con el PP de Guipúzcoa liderado en la actualidad en funciones por el secretario general, José Luis Arrue, después de que Génova paralizase a finales de enero la elección de Borja Corominas, a quien Sémper había propuesto para ser su sucesor.

Asun Guerra con Iñigo Arcauz (centro) y Txema Murguiondo en la presentación de las líneas maestras del programa electoral para las últimas elecciones generales. (J. M. A.)
Asun Guerra con Iñigo Arcauz (centro) y Txema Murguiondo en la presentación de las líneas maestras del programa electoral para las últimas elecciones generales. (J. M. A.)

Pero, como defiende, ella es "una mujer de partido” y, por ello, no dudó en aceptar la petición de Arcauz para integrar las listas electorales al Congreso de los Diputados por Guipúzcoa en los dos comicios generales del pasado año. “Lo importante es el partido, las siglas”, enfatiza. Guerra tiene una “buena” relación personal con Sémper, con quien choca en algunas cuestiones políticas. “He tenido mis discrepancias con él. Hay cosas que me gustan y otras no. El PP no debe ser una secta y decir a todo ‘amen’, pero la línea la marca Génova y hay que atenerse a ella, y si uno se desvía mucho…”, asevera con rotundidad.

Admite que la decisión de dejar la política del entonces portavoz del PP en el Parlamento Vasco le pilló por sorpresa. “Pero era algo que esperábamos en algún momento”, apostilla a continuación. Con su marcha, el partido pierde un gran activo electoral –Sémper fue el único candidato popular que creció en votos en las grandes plazas en las elecciones municipales del pasado año–, pero Guerra entiende que su salida “no debería” repercutir de forma negativa de cara a las autonómicas. “A veces se vota a la persona, pero ahora el voto no es tan personalista. Es más de ideas y de programas”, defiende.

- ¿Es Alfonso Alonso el mejor candidato a lehendakari?

- “Si Génova lo ha decidido así, no tengo nada que decir”, zanja la cuestión.

Pero el aval de la dirección de Madrid al exministro de Sanidad ha tardado en llegar. Antes ha habido incertidumbres alimentadas desde el propio equipo de Pablo Casado. Sea el mejor aspirante o no, Guerra tiene claro que su candidatura “en estos momentos era de lógica, tal y como estábamos”. Y lo argumenta: “El partido no puede cambiar un candidato de la noche a la mañana sin que ese candidato, de alguna manera, haya ido dando paulatinamente un relevo a alguien que se haya hecho visible. Las cosas se hacen con calma”.

En plenas negociaciones para conformar una alianza electoral con Ciudadanos que no se limita únicamente al País Vasco, con los procesos electorales de este año en Cataluña y Galicia también en el punto de mira de la formación naranja, ha surgido el nombre de Rosa Díez como una de las opciones para liderar el bloque de la derecha en Euskadi. “No le doy ninguna credibilidad. No tengo una fuente fiable y puede venir de alguien con mala intención”, apunta.

De cara al 5 de abril, no oculta que la situación es “difícil, complicada”, con el PP en plena caída electoral. "No estamos en el mejor momento", esgrime, utilizando una expresión políticamente correcta. No obstante, está convencida de que los problemas internos no van a ser "una losa" el próximo 5 de abril, donde el PP se juega caer en la irrelevancia política. Entre los factores que explican la pérdida de respaldo electoral se encuentra la división del voto de la derecha. Por ello, no solo aboga por una confluencia electoral con Ciudadanos sino que apuesta por sumar también a Vox. “Hablo de juntarnos todos los constitucionalistas”, sostiene. “Y Vox, por su puesto, lo tengo muy claro, es un partido constitucionalista”, aclara para cerrar cualquier discusión al respecto.

Guerra defiende sumar a Vox en la alianza electoral con Cs: "No es momento de dejar a nadie fuera. En el País Vasco es muy necesario ir todos juntos"

Defiende la unión a tres bandas en contra del criterio de la cúpula del País Vasco, que expulsa de la ecuación a la formación de Santiago Abascal. “Yo pienso que no es momento de dejar a nadie fuera. Todo lo que sume es bienvenido. Además, en el País Vasco es muy necesario que vayamos todos juntos porque nuestro mayor objetivo para los ciudadanos es trabajar dentro de la Constitución defendiendo el Estatuto”, asevera. El cómo se debe articular esta unidad de acción lo desconoce –"no lo sé", insiste en varias ocasiones–, pero “tiene claro” que “si no nos unimos, de alguna manera perdemos todos”. “A veces es complicado unir fuerzas, pero es momento de ir todos juntos. Aquí, en el País Vasco, es la única forma para tener un poco de fuerza y mantener la representación de los vascos que quieren ser españoles y vascos y defender sus ideas como en cualquier otro lugar de España”, remarca dentro de su “opinión muy personal”.

Las puertas del Parlamento Vasco están cerradas a Ciudadanos y Vox si se extrapolan los resultados de las últimas elecciones generales –el País Vasco fue la única comunidad donde la derecha no obtuvo representación– o si se tiene en cuenta las encuestas de los últimos meses. Los sondeos también auguran una pérdida de poder del PP, pero Guerra confía en, por lo menos, mantener los nueve asientos actuales en el Parlamento, entre ellos los dos por Guipúzcoa. “No podemos salir de partida como perdedores”, advierte, convencida de que se puede dar la vuelta a la situación “si hacemos una buena campaña y sabemos explicar a los ciudadanos qué es lo que tenemos para ellos”. De este modo, apuesta por “salir con todo a defender la Constitución, la Foralidad y el Estatuto” y poner en el acento en la “corrupción” que salpica al PNV “con sentencias firmes”, como las del 'caso de Miguel', que ha condenado a tres exdirigentes del partido en Álava por liderar la mayor trama de corrupción juzgada en el País Vasco, o del exsenador Víctor Bravo, a quien un tribunal le ha impuesto siete años de cárcel por tres delitos de fraude fiscal.

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