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Cinco años del 1 de octubre: del gran desafío a la gran decepción del independentismo
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La frustración invade el soberanismo

Cinco años del 1 de octubre: del gran desafío a la gran decepción del independentismo

Solo un 41% de los catalanes está a favor de la independencia, siete puntos menos que en 2017, según el CEO (CIS catalán). A la desconexión con la calle se suma la crisis partidista, con ERC y JxCAT inmersos en una guerra fratricida

Foto: Un pastelero posa con una urna con monas de pascua. (EFE/Adriá Ropero)
Un pastelero posa con una urna con monas de pascua. (EFE/Adriá Ropero)
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Antes del verano, el nacionalismo planteó este sábado como un gran homenaje de los cinco años del 1-O, en memoria del acto de autoafirmación y desafío frente al Estado. Hoy el soberanismo llega después de jornadas muy difíciles. Con el Govern en crisis, el vicepresidente Jordi Puigneró destituido y ERC y JxCAT envueltos en una guerra fratricida, los actos pueden quedar deslucidos, como la recepción institucional en el Palau de la Generalitat o la manifestación de la tarde que ha convocado Carles Puigdemont a través del Consell per la República. Es una marcha común. Pero estos días la unidad no se ha visto por ninguna parte. Según el CEO (CIS catalán) del pasado mes de julio, solo un 41% de los catalanes está a favor de la independencia. En octubre de 2017, esa cifra era del 49%.

No es que el independentismo esté peor que hace cinco años. Es que está mucho peor que hace tres semanas, cuando se celebró la Diada y JxCAT y ERC ya no pudieron acudir juntos a la manifestación. La caída y el desánimo son exponenciales. La CUP ya no agita la calle. Y a los partidos soberanistas les cuesta reconectar con sus electores.

Foto: El secretario general de JxCat, Jordi Turull (i), y la presidenta del partido, Laura Borràs (d), junto al destituido vicepresidente del Govern, Jordi Puineró (c). (EFE/Fontcuberta)

Más allá de la atención mediática, el desinterés de la mayoría de la sociedad por lo que está ocurriendo en la política catalana es enorme. Si la Generalitat se rompe o si hay otro avance electoral, interesa poco a la mayoría de la población, incluyendo al independentismo. Si se produce una escisión en JxCAT, para buena parte de la gente solo será el enésimo cambio de nombre de un partido derivado de Convergencia, que desde 2014 se ha presentado ante sus electores con cuatro marcas diferentes, casi tantas veces como Toni Comín, actual eurodiputado y vicepresidente del Consell de la República, ha cambiado de siglas.

"Entendemos que la gente esté desconcertada e incluso molesta", señaló el portavoz de Junts, Albert Batet, en el Parlament este viernes. Ese desconcierto es el que se vive hoy. El hombre que pidió "nuevos liderazgos", Jordi Cuixart, se ha ido a Suiza. Y los partidos no han cambiado su jefatura. Oriol Junqueras sigue al frente de ERC. En JxCAT está Jordi Turull, uno de los organizadores del 1 de octubre junto con Marta Rovira, que por su parte opta de nuevo a ser secretaria general de los republicanos. Solo Jordi Sànchez, que fue clave aquellos días, ha pasado a un discreto segundo plano. Gran parte de los giros del independentismo de los últimos tiempos solo pueden entenderse por unos líderes extremadamente incómodos con su pasado.

La situación es tal que en estos días de crisis muchas cuentas independentistas en redes comparten, sorpresivamente, un vídeo de Alejandro Fernández, el líder del PP en Cataluña. El popular explica cómo Pere Aragonès ha enterrado el 1 de octubre. "Durante ese tiempo de cinco años, se han producido dos investiduras: la del señor Quim Torra y la suya, y en ambas usted firmó sendos documentos, comprometiéndose a implementar el 1 de octubre inmediatamente, dando por hecho que era el referéndum definitivo y vinculante. Y ahora nos dice que eso del 1 de octubre, pues, era un ensayo, era una 'performance' a lo mejor, y que ahora toca el de verdad. No sabemos qué fecha tiene. Pero ahora toca el bueno. Es como la DUI de los ocho segundos. Esa fue la del ensayo, la 'performance', y algún día llegará la de verdad. Y yo me pregunto, señor Aragonès, después de esa firma de pactos de investidura sobre el 1 de octubre, qué valor tiene su firma, qué valor tiene su palabra", señala.

Fernández sentencia. "Todo ello me lleva a una conclusión que hemos expuesto aquí repetidamente: ustedes no trabajan estrictamente a favor de la independencia; ustedes trabajan para aprovecharse del sueño de la independencia de miles y miles de catalanes que tienen esa opción política. Y, mientras tanto, que el hámster siga rodando en la ruleta". La diferencia entre ahora y el 1 de octubre de 2017 es que muchos nacionalistas suscribirían las palabras del líder del Partido Popular punto por punto: "Yo, si fuera independentista, les mandaría a ustedes a freír espárragos. Vale ya de tanta tomadura de pelo".

Debate filosófico

En muchos sentidos, la bronca en el independentismo es por una cuestión filosófica, no de políticas prácticas. Para ERC, el 1-O fue como una gran manifestación, un acto reivindicativo de magnitud colosal que forzó al Estado a mostrar su peor cara con las actuaciones policiales en algunos colegios electorales. Pero nada más. Por eso, Aragonès propone una nueva consulta en un marco legal, similar al canadiense. JxCAT, en cambio, entiende la efeméride como un mandato democrático. "El 1 de octubre nos marca el camino", aseguró Batet en el Parlament el último día del debate de política general. La DUI sería como un botón que se puede volver a apretar en cualquier momento, algo de lo que discrepan los republicanos.

Las encuestas dicen que solo el PSC gana votos, mientras Aragonès prefiere evitar las urnas

La discrepancia de fondo es tan profunda que ERC ha preferido que su idea estrella para el debate de política general, la vía canadiense hacia la independencia, en principio no iba a convertirse en propuestas de resolución al final del debate de política general. Al no ser presentada por ERC, no hubiera podido ser tumbada en el Parlament por falta de mayoría. Pero al final la propuesta de resolución a favor de la vía canadiense la presentaron los comunes y no consiguió salir adelante. Otro sapo que se tuvo que comer Aragonès en su 'semana horribilis'.

Pere Aragonès no es muy partidario de convocar elecciones de manera anticipada. El CEO apunta a que solo el PSC tiene una clara tendencia alcista —beneficiado por el derrumbe de Ciudadanos—. Con estos augurios demoscópicos, ERC prefiere amarrar la presidencia de la Generalitat y esperar a ver cómo van las municipales del 28 de mayo, la verdadera piedra de toque de la política catalana.

Lo más importante es que, desde los indultos, el clima social ha cambiado en Cataluña. Los independentistas que lo eran en 2017 no han dejado de serlo, pero la capacidad de movilización de las organizaciones que encabezan el intento separatista ha caído en picado. Las manifestaciones reúnen sobre todo a gente de edad avanzada. Los jóvenes se han desmarcado del movimiento desde que Tsunami Democràtic los dejó abandonados a su suerte, tras haberles invitado a tomar el aeropuerto de El Prat. Es como si la gente hubiese entendido mejor que los políticos que el contexto ha cambiado y que lo que se planteó antes de una pandemia y una guerra ahora debería afrontarse por vías menos radicales.

Antes del verano, el nacionalismo planteó este sábado como un gran homenaje de los cinco años del 1-O, en memoria del acto de autoafirmación y desafío frente al Estado. Hoy el soberanismo llega después de jornadas muy difíciles. Con el Govern en crisis, el vicepresidente Jordi Puigneró destituido y ERC y JxCAT envueltos en una guerra fratricida, los actos pueden quedar deslucidos, como la recepción institucional en el Palau de la Generalitat o la manifestación de la tarde que ha convocado Carles Puigdemont a través del Consell per la República. Es una marcha común. Pero estos días la unidad no se ha visto por ninguna parte. Según el CEO (CIS catalán) del pasado mes de julio, solo un 41% de los catalanes está a favor de la independencia. En octubre de 2017, esa cifra era del 49%.

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