El frente independentista se deshace cada vez que tiene que votar una política concreta
  1. España
  2. Cataluña
Contagio de los presupuestos

El frente independentista se deshace cada vez que tiene que votar una política concreta

JxCAT insistió mucho en la unidad de acción del independentismo en el Congreso en Madrid para negociar las cuentas de Pedro Sánchez. No se consiguió. Ni allí ni en ningún otro sitio

Foto: El secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez. (EFE/Alejandro García)
El secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez. (EFE/Alejandro García)

El frente independentista catalán, la mayoría que los soberanistas denominan la del 52% y que agrupa a ERC, JxCAT y la CUP, se está deshaciendo cada vez que tienen que votar algún tipo de medida concreta. Pasó con los presupuestos de la Generalitat para 2022, pero no ha sido un caso aislado. En los últimos días, se está visualizando que cada partido independentista va por su lado y que nada une a JxCAT y a ERC salvo los cargos públicos a los que acceden gracias a gobernar en coalición en la Generalitat, que ya advierte que ante esta tensión lo mejor es intentar aislarse de la vida parlamentaria. La mayoría que invistió a Pere Aragonès 'president' no se ve capaz de implementar ninguna política pública de una manera mínimamente armónica.

Ayer mismo se votaron los presupuestos generales del Estado en el Congreso y de nuevo se visualizó la ruptura. La unidad independentista brilla por su ausencia. ERC votó a favor de los presupuestos, mientras que JxCAT y la CUP lo hicieron en contra. Por tanto, de unidad nada. Al contrario. Más desunidos que ayer, pero menos que mañana. El PDeCAT, con el que cuentan para decir que representan el 52% del electorado, también voto a favor de las cuentas de Pedro Sánchez. Así que división total.

Foto: Los portavoces de ERC, Gabriel Rufián, y EH Bildu, Mertxe Aizpurua, durante una reunión de la Junta de Portavoces del Congreso. (EFE/Paco Campos)

Pero en el Parlament también pasará lo mismo. La semana que viene hay que votar el decreto de renovables, que es el pilar del giro energético del Ejecutivo de Pere Aragonès. La CUP va a votar en contra, ya que considera que se vulnera el pacto de investidura que preveía una moratoria para la eólica.

Para que el decreto salga, el 'president' Aragonès tendrá que recurrir a los comunes. Pero fuentes parlamentarias advierten de que habrá más sorpresas. Que JxCAT no se opondrá en el fondo, pero sí en la forma, y que pedirá que el decreto se tramite como ley. Eso supone un año de tramitación, en lugar de la entrada en vigor automática que es la ventaja del decreto. Si JxCAT formaliza ese cambio, el decreto de las renovables, en el que Pere Aragonès se comprometió de manera personal, está muerto. Parece un tecnicismo, pero el retraso será letal para los planes de Aragonès de impulsar la eólica y la solar en Cataluña. Cuando se llevan 12 años de retraso, como es el caso en Cataluña, uno más resulta sangrante. Y más si se trata de un pique político.

Todo el independentismo sigue manteniendo que la mayoría del 52% es muy importante. Y que es clave para construir la futura república. Pero no lo ha sido ni lo será. Y si se tiene que aprobar algo, hay que recurrir a otras combinaciones.

Foto: Carles Puigdemont. (Reuters/Guglielmo Mangiapane)

La mayoría del 52% está ausente del programa estrella de la legislatura, la mesa de diálogo, donde solo participa ERC, pero no JxCAT y la CUP. De hecho, cuando JxCAT se quedó fuera, lo lógico hubiera sido que se rompiese el Ejecutivo.

Aterriza como puedas

Tampoco hubo unidad en la cuestión del aeropuerto. JxCAT quería la ampliación de la tercera pista. ERC se negó, igual que la CUP. De nuevo los republicanos se han apoyado en los comunes para tumbar el proyecto de AENA, no en el Parlament, sino en la calle, con las movilizaciones.

Cada vez que hay un tema importante en juego, los partidos soberanistas se dividen

Por tanto, por mucho que el independentismo intente hacer pasar lo de los presupuestos de la Generalitat como la excepción, en realidad lo acontecido es la norma, con el pique incluido de cuando Aragonès abandonó el hemiciclo cuando las más duras críticas en la Cámara catalana no vinieron de la oposición sino del diputado Joan Canadell, de JxCAT. Canadell, por cierto, era partidario de la ampliación de El Prat, mientras que los republicanos se manifestaron en contra.

Unidos no se sabe para qué

JxCAT insistió mucho en la unidad de acción del independentismo en el Congreso en Madrid para negociar las cuentas de Pedro Sánchez. No se consiguió. Pero no es solo en el Congreso. Es en el Parlament, es en la comisión bilateral. La desunión queda muy patente. Y se agrava cuando las diversas facciones de JxCAT acaban tirando cada una por su lado cada vez que hay una cuestión fundamental, como ha sido el caso de los presupuestos de la Generalitat. Cada uno de estos debates deja más en evidencia al Ejecutivo de Pere Aragonès. De manera oficial, la Generalitat asegura que el Gobierno de coalición JxCAT-ERC está unido por los objetivos de gobierno. No se sabe por cuáles, porque en cuanto se intenta hacer algo empiezan a aflorar las desavenencias, tan profundas que ni los socios de gobierno ni el frente parlamentario parece que tengan nada en común.

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) CUP Independentismo Junts per Catalunya
El redactor recomienda