El independentismo se aferra a la libertad de Puigdemont para ocultar su bajón en la calle
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VISTA EN CERDEÑA

El independentismo se aferra a la libertad de Puigdemont para ocultar su bajón en la calle

La sobreactuación frente al juzgado de Cerdeña busca compensar la escasa movilización del secesionismo en el aniversario del 1-O y trasladar la imagen de que no hay justicia en España

Foto: El 'expresident' Carles Puigdemont. (Reuters)
El 'expresident' Carles Puigdemont. (Reuters)

El independentismo ha sacado pecho de la libertad de Carles Puigdemont en Cerdeña, tras la vista de este lunes. La sobreactuación, la cantidad de personalidades desplazadas a la isla, las fotos delante del juzgado, la rueda de prensa posterior. Toda la movilización del día sirvió no solo para abrir los informativos de TV3, sino también para repetir lo que el entorno de Waterloo lleva haciendo desde hace años: convertir las victorias judiciales en triunfos políticos para compensar un momento de horas bajas en la calle del nacionalismo. El gentío a las puertas del juzgado de la Corte Penal de Apelación de Sassari equilibra el poco seguimiento en las conmemoraciones del 1 de octubre.

Foto: Puigdemont a su salida del juzgado, en Cerdeña, tras la vista de su extradición. (Reuters)

La decisión judicial no es nada del otro mundo. Sencillamente, aplaza el fallo definitivo a cuando el Tribunal Europeo de Justicia (TJUE) y el Tribunal General de la UE (TGUE) se pronuncien sobre la cuestión de la inmunidad de Puigdemont. No hay más. Se está dirimiendo una competencia jurisdiccional por parte de unas personas, el 'expresident' y el resto de encausados, que no aceptan la jurisdicción española. Ni más ni menos. Aun así, el abogado Gonzalo Boye comparó al juez Pablo Llarena con la 'vaca cega' del poema de Joan Maragall.

Todas las ideas fuerza de la rueda de prensa fueron la misma. España está fuera de la UE. España no es una democracia. “Las instituciones fueron violentadas por el golpe de Estado del 155. No reconocimos el 155, por eso estamos en el exilio. Siempre he considerado ilegítima mi destitución. Cada victoria judicial nos acerca más a esta restitución”, aseguró ayer Puigdemont en una larguísima comparecencia.

Justo ese es el objetivo del independentismo. Que parezca más. Que parezca que no hay justicia en España, que parezca que Europa enmienda la plana al Tribunal Supremo, y sobre todo que la victoria judicial, en este caso anecdótica, parezca un triunfo político. Por eso tanto despliegue en arropar a Puigdemont. A Cerdeña se trasladaron el secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez, los eurodiputados Clara Ponsatí, Toni Comín, el presidente del grupo parlamentario, Albert Batet, el senador Josep Maria Matamala, el jefe del la oficina de Puigdemont, Josep Alay, la portavoz adjunta del grupo de ERC, Meritxell Serret, el 'exconseller' de TreballChakir El Homrani, la cabeza de lista de la CUP, Dolors Sabater, y la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie.

Denuncias de politización

“España utiliza el poder judicial para conseguir objetivos políticos como que no podamos hablar, que estemos encerrados en una prisión, que no nos podamos mover, que no podamos circular por Europa, que no tengamos voz para denunciar los estándares españoles, que sitúan el Estado fuera del marco de la acción europea”, denunció Puigdemont.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Según el 'expresident', “hemos encontrado justicia en la UE, no hay nada más europeo que el que estemos aquí”. Pero nada de eso es verdad. Para empezar, la Justicia española es Justicia europea por definición. Ningún tribunal comunitario ha entrado en el fondo de la cuestión. Ni cuando ha sido a favor del independentismo ni cuando ha sido en contra, que también ha pasado, como cuando el TJUE rechazó los recursos de Oriol Junqueras o el TEDH no admitió las denuncias de heridos por las cargas del 1-O.

Perdiendo fuelle

“Hay que preguntar si España sigue siendo miembro de la UE o existe una excepción española en el derecho europeo”, apuntó ayer Puigdemont, siguiendo esta línea de razonamiento.

Las victorias políticas de Puigdemont son incuestionables. Ganar las autonómicas de diciembre de 2017. Conseguir tres representantes en las europeas. El problema es que el movimiento necesita mucho más para mantener la movilización de sus afines. En los últimos días, se ha visto mucha debilidad en las calles. Ante el consulado italiano de Barcelona, cuando se detuvo a Puigdemont en Cerdeña, apenas había 400 personas. Más de 300 en la concentración en el sur de Francia para recordar el 1 de octubre. Apenas 3.000 en la manifestación de este domingo en memoria de la 'huelga de país' del 3 de octubre. La marcha que se convocó para el domingo 26 de septiembre en Barcelona contra la detención del 'expresident' se tuvo que cancelar, después de un ridículo pulso entre la ANC y el Consell per la República para ver quién era el organizador. La calle, que era el territorio habitual donde mandaba el soberanismo, ahora flojea. Y mucho. Por eso en Cerdeña el independentismo encontró mucho más que un fallo favorable. Encontró oxígeno para un movimiento que está perdiendo fuelle. Por eso hay que convertir las victorias judiciales en triunfos políticos, aunque para nada sean lo mismo.

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