Una candidata que lo cambia todo: Laura Borràs lleva la revolución a JxCAT
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GIRO IDEOLÓGICO Y ORGANIZATIVO

Una candidata que lo cambia todo: Laura Borràs lleva la revolución a JxCAT

Laura Borràs y sus tres rupturas. La nueva candidata a presidir la Generalitat consigue con su nombramiento romper con sus tres predecesores, a los que estuvo muy vinculada

placeholder Foto: La candidata a la presidencia de la Generalitat, Laura Borràs. (EFE)
La candidata a la presidencia de la Generalitat, Laura Borràs. (EFE)

Cuatro meses. Eso es lo que ha tardado Laura Borràs en revolucionar el universo JxCAT. El cambio que ha supuesto su victoria en las primarias todavía lo tiene que asumir un partido que apenas tiene cuatro meses de vida. Laura Borràs ha pasado en ocho años de protegida de Artur Mas a candidata a la presidencia de la Generalitat. Con su logro político y de maneras muy diferentes ha roto con Mas, ha roto con Carles Puigdemont y ha roto con Quim Torra, quien ha sido su último valedor. Con cada uno de ellos, la nueva estrella del independentismo ha marcado distancias de manera diferente, pero con todos lo ha hecho. Hay un relevo de poder, y no se trata solo de poder femenino, de que pueda ser la primera presidenta de la Generalitat. Se trata de poder en abstracto.

Lejos de Artur Mas

Mientras que Artur Mas no ha sido capaz de cortar amarras con el PDeCAT, a Borràs eso no le ha costado nada. Siempre fue independiente. Siempre apostó por los proyectos que impulsó Puigdemont. Mas la fichó en 2012. Fue Artur Mas quien la convirtió en directora del Institut de les Lletres Catalanes, cuya gestión le ha supuesto su imputación judicial. Para Artur Mas la ideología es importante, todos los cambios que ha dado los ha justificado ampliamente, no es el caso de Borràs. Mientras, Bildu se dedicaba a hacer política en el Congreso de los Diputados, Borràs ha colocado a su facción de JxCAT más cerca de la CUP: ni acuerdos, ni pactos, ni nada. Y todo eso con orgullo. Pero sin ideología.

Foto: Laura Borràs tras ser elegida como candidata de JxCat a la Generalitat. (EFE)

Mientras, Artur Mas sigue anclado en una derecha conservadora heredera del pujolismo —bajadas de impuestos, eliminar sucesiones, respaldo al Ibex, colaboración público-privada, rigor fiscal en el gasto— Laura Borràs ha ganado las primarias repitiendo el mantra de "revalidar el 1 de octubre", aunque nadie sabe qué significa eso. Los militantes de JxCAT han optado por ella porque les garantiza el choque con el Estado español al que aspiran, pero tampoco se les ha explicado en qué consistirá. "Nítidamente independentista". Laura Borràs vende pureza revestida de su estilo de buena familia. Del mismo modo es un misterio saber qué piensa Laura Borràs sobre fiscalidad, sobre políticas energéticas, sobre la gestión del covid-19 o sobre vivienda pública. Borràs es un enigma político construido sobre discursos salpicados de citas literarias, uno de los puntos fuertes de la candidata por su sólida formación académica. El divorcio con Mas es ideológico. Artur Mas tenía un pensamiento político, Laura Borràs puede que lo tenga, pero más allá de su independentismo de gestos, nadie lo conoce. Liberada de las cadenas ideológicas, Borràs es más libre mientras que Mas se ha de contentar con un retiro en las sombras.

Puigdemont, marginado

Puigdemont no quería a Laura Borràs, pero al mismo tiempo no ha sido capaz de levantar una candidatura alternativa. El modo en que Borràs ha desafiado a Puigdemont define una nueva era. El poder omnímodo que hasta ahora había detentado Waterloo se tambalea. Recordemos cómo Elsa Artadi y Puigdemont hicieron las listas en 2017 o cómo Puigdemont se autoproclamó candidato a las europeas. Por tanto, el principio de autoridad ha saltado en mil pedazos. Puigdemont impulsó un partido que fuera más un movimiento, que no fuera ni de derechas ni de izquierdas y que escuchase a la gente. Populismo de nueva generación. Su problema es que la gente ha hablado y no ha dicho lo que él esperaba. Ese movimiento tiene una cara pero, para sus militantes, ese rostro es el de Borràs.

Borràs se niega a ser una marioneta de Waterloo, al mismo tiempo que no depende de las cadenas rituales o ideológicas de sus predecesores

En el momento actual, el principio de autoridad del soberanismo se basaba en el martirio. El martirio de haber huido a Bélgica, el martirio de haber estado en la cárcel. Laura Borràs ha cambiado eso también. Ahora el martirio vale menos que la apariencia de martirio. Borràs ha puesto a la misma altura su causa abierta en el Tribunal Supremo que la presión judicial y policial que soporta Puigdemont. Y es absurdo. Porque los problemas legales de Laura Borràs empezaron antes que la DUI. Pero ella se aferró a eso. El resto del partido la apoyó y ahora ella se ha impuesto en las primarias y se hará con el poder en la Generalitat. Al vencer a Damià Calvet, que era el candidato de los presos, también ha quedado por encima de la autoridad moral que se pudiese ejercer desde la prisión.

Superar los complejos de Torra

Y la coherencia con este punto, lleva al tercer divorcio. No con Torra, que le sigue apoyando, sino con sus maneras. "No seré la vicaria de nadie", aseguró Laura Borràs en una entrevista a la emisora de radio RAC1. Una vez que se rompe con la tutela exterior hay que ejercer la presidencia de la Generalitat sin complejos, algo que Quim Torra fue incapaz de hacer. Torra renunció a todo, hasta a su capacidad de convocar elecciones, para contentar a Puigdemont. Borràs no va a acabar así. Justo por eso Puigdemont recela de su figura.

Foto: El expresidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)

Nadie sabe qué tipo de gobierno configurará en caso de ganar. En caso de perder, el premio de consolación podría ser la presidencia del Parlament, algo que ya se ha pedido Meritxell Budó, la actual 'consellera' de Presidencia en sus pactos privados con Borràs. Como con su ideología, Borràs supone una incógnita. Pero parece claro que aspira a durar. No se va a conformar con entregar una pancarta al museo, como ha hecho Torra con la que le ha costado su inhabilitación. Al contrario que su valedor, Borràs ambiciona a algo más que al paso fugaz de su mentor por el Pati dels Tarongers. En todo caso, su figura resulta muy difícil de interpretar más allá de estas tres rupturas.

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