LA GENERALITAT PREPARA EL TERCER GRADO

Diez hombres con piedad: por qué salen los presos del 1-O a la calle sin arrepentirse

A la supuesta independencia de este reducido número de profesionales se aferra el Govern para justificar que no tiene nada que ver con el acceso de los ‘presos políticos’ al tercer grado

Foto: Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo durante la 52ª y última sesión del juicio del 'procés'. (EFE)
Imagen tomada de la señal institucional del Tribunal Supremo durante la 52ª y última sesión del juicio del 'procés'. (EFE)

Diez hombres (y mujeres) con piedad. Esos son los componentes de cada una de las juntas de tratamiento de las cárceles catalanas que, esta semana, han decidido que los presos que cumplen condena por el 1-O puedan salir en régimen de tercer grado próximamente. O sea, que Oriol Junqueras, Raül Romeva, Jordi Turull, Josep Rull, Joaquim Forn, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Dolors Bassa y Carme Forcadell puedán salir dentro de poco todos los días, o ir solo a dormir a prisión y que los fines de semana los pasen en sus respectivos domicilios. La propuesta de tercer grado ya es oficial y la hizo pública el propio secretario de Medidas Penales, Reinserción y Atención a la Víctima de la Generalitat, Armand Calderó y ha de ratificarse en dos meses por parte de la Generalitat.

Pero quien los pone en la calle es un reducido grupo de profesionales, de una decena de personas, en cada una de las cárceles en las que cumplen condena: un psicólogo, un educador, un jurista, un responsable de programas sociales, un médico, un técnico de instituciones penitenciarias, un jefe de servicios, un subdirector de tratamiento y un psiquiatra. Todos ellos bajo la batuta del director de la prisión. A la independencia oficial de este reducido número de profesionales se aferra el Govern para justificar que no tiene nada que ver con el acceso de los políticos presos al tercer grado.

Diez hombres con piedad: por qué salen los presos del 1-O a la calle sin arrepentirse

¿Están reinsertados los presos catalanes para salir ya a la calle a pesar de haber sido condenados, hace poco, hasta a 13 años de prisión? Según fuentes penitenciarias consultadas por El Confidencial, sí. “A cada uno de los más de 8.000 internos de Cataluña se le hace un Plan Individual de Tratamiento (PIT). Y ese informe es el que se tiene en cuenta a la hora de cambiar el régimen”, detalla una de las fuentes consultadas.

Las medidas que favorecen a los presos independentistas han ido extraordinariamente rápidas en lo que afecta a los nueve del 1-O. Desde las asociaciones de familiares de presos se critica que los políticos presos han tenido, y siguen teniendo, trato de favor por parte de la Generalitat debido a las connotaciones políticas de su situación. ¿Por qué, si no, se deniega el cambio de grado a otros presos y a ellos se les concede sin problema? se preguntan.

No hay cursillos para ellos

Hay un dato paradójico: a determinados presos comunes se les han denegado permisos y se les ha vetado el cambio de grado porque no se habían arrepentido de sus delitos o no habían realizado cursillos de reinserción. En cambio, los presos del 1-O siempre han alardeado de que volverán a hacer lo mismo. Es decir, que no solo no muestran arrepentimiento, sino que sacan pecho de lo que hicieron y amenazan con volver a hacerlo. “Es que depende del delito. Hay veces en que es preciso someterse a programas o realizar determinados cursos para poder obtener permisos o cambiar de grado, como en el caso de los maltratadores. En el caso de rebelión o sedición no consta que se tenga que hacer. Y verbalizar el arrepentimiento no entra dentro de las condiciones necesarias para cambiar su régimen. Lo que se debe de tener en cuenta es si cumplen el PIT”, subrayan las fuentes consultadas.

En otras palabras: los políticos presos, dispuestos a volver a repetir sus actuaciones, tienen derecho a la libertad. Un preso común no puede acceder a un permiso porque, aunque diga que está arrepentido, no se ha sometido a un ‘cursillo de reeducación’. Como dice un funcionario de larga trayectoria en la Administración catalana, “todos tenemos presente cuáles son los cursillos para los maltratadores, para una conducción segura o para prevenir el consumo de drogas. Pero, ¿cuál sería el cursillo para desincentivar el delito de sedición? Es que no existe. ¿Cómo se les va a programar un cursillo que no existe?”. Y por ello, se plantea la duda razonable para dejarles en libertad, porque precisamente alardean de que “lo volveremos a hacer”.

En el caso de los nueve del 1-O hay una verdad absoluta: entraron en la cárcel con buen pie. Sus comienzos fueron duros. Uno de los presos que compartió celda con Jordi Sànchez en Soto del Real pidió incluso el cambio de módulo porque era “cansino” con su cantinela y su “matraca con el tema del independentismo”. Más allá de ese empecinamiento de la visión monocular de la política, poco más puede decirse de ellos.

Demasiadas visitas

Su traslado a Cataluña, escoltados desde Aragón por una ‘columna’ de moteros independentistas a modo de homenaje, ya evidenció que llegaban a su tierra como héroes. Para empezar, fueron destinados a una prisión sin conflictos. Los hombres pasaron a Lledoners. Las mujeres, a Puig de les Basses y a Mas d’Enrich. Todas son prisiones con bajo nivel de conflictividad, especialmente Lledoners. “Lo primero que hicieron fue ampliar el servicio de comunicaciones, porque los presos de sus características multiplican el trabajo de los funcionarios -explica a El Confidencial un empleado de esta cárcel-. Ahí, fueron a para al módulo de Participación y Convivencia o, como le llamamos internamente, Módulo de Respeto”.

En realidad, en Lledoners todos los módulos son muy similares, pero ese módulo tiene incluso un reglamente interno que autogestionan los presos, respetando unos mínimos. “Lo cierto es que no hay quejas de los presos y que ha habido un respeto absoluto a las normas”, dice el aludido funcionario. Pero eso no quita que no hubiese determinado trato de favor. Como, por ejemplo, cuando Pep Guardiola accedió a la prisión a visitarlos como si fuese una autoridad, lo que provocó que estuviese a punto de llevarse el tema al Parlamento para acotar las visitas. La pandemia evitó males mayores, al cortarse los permisos a los visitantes.

Los presos del 1-O siempre han alardeado de que volverán a hacer lo mismo. No solo no muestran arrepentimiento, sino que sacan pecho

Las numerosas visitas de autoridades a las cárceles donde se hallaban los presos del 1-O evidenció que, en Cataluña, no todos los presos son iguales. Las numerosas visitas del vicepresidente catalán, Pere Aragonès, para hablar con su jefe Oriol Junqueras, o de otros cargos del Govern, incluido Quim Torra, habla a las claras de que hay presos y presos.

Durante su estancia en Soto del Real o Estremera, los presos realizaron diversas actividades, desde limpiar suelos hasta dar clases. En Cataluña, en cambio, se dedicaron más a la política, a mantener reuniones con sus visitantes para establecer estrategias que a otra cosa. Luego, tras ser condenados, inmediatamente todos presentaron ofertas de trabajo para poder salir diariamente de prisión. O, al menos, tres días a la semana, una medida que para muchos sectores profesionales y políticos, era precipitada porque dinamitaba la igualdad de oportunidades de todos los presos. Pero como a los nueve del 1-O se les aplicó el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, su condición de presos normales pasó a un segundo plano y pasaron a ser ‘presos amigos’.

Privilegios dentro de un orden

Debido a ello, tuvieron privilegios como poder recibir determinadas visitas (como la del citado Pep Guardiola, la de la esposa de Carles Puigdemont, Marcela Topor, o la periodista Pilar Rahola) o se les permitió salir a la calle o entrar en la cárcel sin la vigilancia debida. De ello, dan fue las imágenes de Jordi Cuixart accediendo al edificio por una puerta lateral. Se habla de fiestas de cumpleaños con obsequios incluidos, bajo la batuta de responsables de funcionarios, y de otros dudosos privilegios. Ha habido rumores de que algunos presos encargaban la comida a restaurantes del exterior, o que tenían acceso a Internet y a teléfonos móviles, lo que no fueron más que ‘fake news’ malintencionadas. En otras palabras: privilegios, sí, pero dentro de un orden y sin ser escandalosamente exagerados.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

“La obtención del 100.2 fue muy forzado, pero a partir de ahí tuvieron una serie de privilegios de los que los demás presos no gozaban”, explica otro funcionario a este diario. Por ello, subraya que el mensaje que hay que dar es “que todos los presos con buena conducta soliciten el paso a tercer grado y salgan a la calle independientemente de lo que les falte de condena, porque si a Oriol Junqueras, que no ha cumplido la cuarta parte de la pena, le dan la libertad, a ellos posiblemente también se la tendrán que dar. ¿O no?”.

En medio de este maremágnum, el pretendido frente de los ‘presos políticos’ es solo una entelequia. De hecho, ni siquiera se llevaron bien entre todos desde el primer día. Y siguen en la misma línea. “Junqueras se ha sometido a un autoaislamiento personal y tiene poco contacto con los demás. Con quien más habla y mantiene relaciones es con Romeva, pero con los exconsejeros Turull, Rull y Forn apenas mantiene relación”, explica una fuente cercana a los presos. Tampoco con los Jordis (Sánchez y Cuixart) se lleva bien. De hecho, a nadie se le escapa que Junqueras estuvo más de un año sin hablar con Carles Puigdemont y que las relaciones entre ambos eran muy tirantes. “Esa tensión se extendió a los hombres de Puigdemont en la cárcel, empezando por Jordi Sánchez y acabando por los exconsejeros”, subraya una de las fuentes.

Esa situación se ha agravado ante el posicionamiento de Junqueras durante los últimos meses. “Ha evolucionado y ha comenzado una estrategia que le lleva a pontificar y a convertirse más en gurú que en dirigente político. ¿Es un endiosamiento consecuencia de la cárcel? No lo sé, pero su cambio es notable, su radicalización es evidente y eso no gusta ni siquiera dentro de ERC, donde los suyos comienzan a criticarle”, explica a este diario una fuente que le conoce. Sin embargo, si todo va como se espera, los presos del 1-O dejarán pronto de soportarse mutuamente dentro de las rejas e iniciarán una descarnada carrera electoral al otro lado del muro.

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