BARCELONA CONTIENE AL ALIENTO ANTE LA HUELGA

La Sagrada Familia, obligada a cerrar por las protestas independentistas

La cuarta noche de protestas tras la sentencia del Supremo precede a la que está prevista como gran jornada del independentismo. La Sagrada Familia acoge una protesta ante sus puertas

Foto:  Protesta ante la Sagrada Familia este viernes. (R.M.)
Protesta ante la Sagrada Familia este viernes. (R.M.)

Barcelona llega al que está llamado a ser su día grande de protestas tras la sentencia del 'procés'. Después de cuatro noches de protestas, una en el aeropuerto y tres de fuego por el centro de la ciudad, llega la huelga general. Un 'paro de país' convocado por sindicatos independentistas del que se espera un seguimiento masivo. Seat, el gigante industrial de Cataluña, ya cesó ayer la producción de coches, al no tener garantizado el suministro ni la mano de obra. La protesta, ya sin aparente control del Govern, busca ahora iconos como la Sagrada Familia para impactar aún más al mundo.

La Sagrada Familia, obligada a cerrar por las protestas independentistas

Unas intenciones que se han consumado poco antes de las once de la mañana de este viernes, cuando los ciudadanos han respondido a la llamada de la plataforma Picnic per la República -organización que tomó la estación de Sants el pasado fin de semana-, que ha convocado un 'pícnic' delante del monumento. Las presiones independentistas han provocado que los encargados de gestionar la entrada al monumento hayan decidido cerrar la Sagrada Familia para evitar problemas mayores y cientos de turistas han quedado atrapados dentro de la basílica.

A través de tres mensajes en Twitter, los encargados del recinto han confirmado la noticia: "Debido a que un grupo de manifestantes se encuentra en estos momentos delante de las puertas de la Basílica, no se puede garantizar el acceso al recinto. Esperamos que se pueda restablecer la normalidad próximamente. Os recordamos que la Sagrada Familia permanecerá abierta siempre que se pueda garantizar la seguridad y la calidad de la visita. Actualizaremos cualquier información a través de nuestro sitio web y de las redes sociales. Aquellas personas que tenían previsto visitarnos pueden tramitar la cancelación de la entrada. Disculpad las molestias", afirmaban.

Y al cuarto día, los CDR parecía que se iban a tomar un cierto respiro. Los manifestantes tuvieron ayer otra multitudinaria concentración y, al contrario que los días precedentes, no buscaron a los 'mossos'. El guion tuvo su novedad porque hubo ultras españolistas que bajaron de la parte alta de la ciudad al grito de "a por ellos" y "unidad nacional". Los antidisturbios de los Mossos intentaron mantener alejados a los dos grupos, para lo que usaron sus balas de goma. La situación llegó a ser peculiar. En una calle del Eixample estaban los independentistas, y en la paralela los españolistas. En medio, los 'mossos' cargaban para dispersarlos, algo que no lograron del todo porque, dijeron, había demasiados y fue imposible encapsularlos.

Los bares cerraban las terrazas y bajaban la persiana mientras la gente seguía dentro —es impresionante lo rápido que se acostumbra uno a seguir con su vida—, y fuera volaban las sillas. Un radical independentista recibió una paliza de ultras españolistas. Luego, lo de las últimas noches: barricadas, contenedores quemados y olor a humo. Al principio, parecía espectacular pero a escala. Pero pasada la medianoche volvieron las escenas de violencia contra los agentes: cócteles molotov y hasta el saqueo de un banco y una tienda.

"Son estudiantes a los que les pagan sus padres los estudios y pueden protestar. A mí me están suspendiendo clases y me las ponen cuando no puedo recuperar", se quejaba Xavi, un camarero del centro. Franco, un compañero argentino, coincidía: "Son chavales tomando cerveza. Es una fiesta". Al contrario que en 2017, las protestas ya no parecen coreografiadas por ANC y Òmnium, que con sus voluntarios recogían hasta las papeleras. Ahora son chavales, algunos bien pertrechados y organizados para la guerrilla urbana. A la tradición de grupos antisistema existente en Barcelona se suman en segunda línea jóvenes que han crecido escuchando que España es una dictadura, lo que justificaría la violencia.

La cuarta noche de protestas tras la sentencia del Supremo precede a la que está prevista como gran jornada del independentismo. Cinco marchas llegan de toda la comunidad para converger en una manifestación. Las fábricas van planeando los cierres —junto a Seat, tendrá limitada su actividad la empresa auxiliar—. Hay una protesta convocada junto a la Sagrada Familia, donde el independentismo cree que puede conseguir un gran impacto mundial. "No tiene por qué ser violento. Hay muchos turistas haciendo fotos", aventuraba por la mañana, antes de que se anunciara, un buen conocedor del mundo independentista. Además de la huelga, el autodenominado Tsunami Democràtic, tiene pendiente nuevas convocatorias.

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