"ni hemos parado ni bloqueado" el consejo

El independentismo radical asume el 21-D como un "fracaso"

"No sé, pero la consigna era 'Paremos el Consejo'. Y ni lo hemos parado ni los hemos bloqueado. Épico fallo. Además, hemos dado imágenes de violencia. Han ganado"

Foto: Manifestación unitaria del independentismo. (EFE)
Manifestación unitaria del independentismo. (EFE)

La jornada de protestas este 21 de diciembre en Cataluña dejó bien claro dos cosas: primero, que el independentismo ha perdido algo de fuelle. En cierto modo, no se podía esperar mucho más de una jornada en un día laborable (solo había convocada una huelga general de 2 horas, de 12.30 a 14.30 horas). Bastante hicieron los soberanistas con sacar a la calle a miles de manifestantes desde la negra madrugada hasta la puesta del sol. La otra lección del día es que, tras la jornada, quedó bien claro que el independentismo está dividido. Hay dos almas del soberanismo que sostienen posicionamientos muy distantes. Son posicionamientos irreconciliables e incluso antagónicos.

El independentismo radical asume el 21-D como un "fracaso"

"No sé, pero la consigna era 'Paremos el Consejo'. Y ni lo hemos parado ni los hemos bloqueado. Épico fallo. Además, hemos dado imágenes de violencia. Han ganado", valoraba un conocido activista integrante de una de las plataformas independentistas más conocidas. Ante ello, la administradora del chat le recriminaba: "Se trata de montar el caos, no de que haya detenidos por pelotas. Es fácil hablar desde un punto confortable, pero no tanto cuando te enfrentas, con los hechos, a penas penales".

Pero la decepción era la tónica dominante a última hora de la mañana. "Esto ha sido un fracaso", se dolía uno de los activistas en la plataforma Gran Aturada de País (Gran Paro de País). "Fracaso total", le respondía otro. "No es cierto, solo falta más gente", terciaba luego otro colega. Pasadas las 3 de la tarde, la sensación no había mejorado: "Amigos: hoy (por el viernes), fracaso", era el lacónico comentario de otro experimentado activista de la plataforma. Uno de sus colegas le apoyaba: "Es un fracaso, una performance más. Y seguiremos fracasando mientras Òmnium y ANC sigan arrojando mierda y los 'liristas' sigan pensando que una revolución es como una fiesta de los Súpers [la fiesta de TV3 para los niños]".

En los foros soberanistas se dejaba palpar el malestar por la desorganización. Incluso hubo palabras de reproche para los Grupos Autónomos de Acción Rápida (GAAR), creados hace poco como fuerza de choque de primera línea. Resulta que los GAAR se alinearon a última hora con las entidades ANC y Òmnium. Y los más radicales no se privan de nada: "Ya hemos visto el 'éxito' de la convocatoria de ANC y Òmnium. Estas dos entidades ya ni van al mismo tiempo. Como los partidos: a ver quién tiene el poder de convocatoria y ya está. ¿Qué esperamos? Nada, no esperamos hacer nada. Verdadera lucha, ninguna", se quejaba una activista.

Un objetivo inalcanzable

"¿Pero cuánta gente ha participado? —decía al final de la mañana un experimentado activista— ¿Cuatro gatos? El problema que tenemos los catalanes es que pecamos de realismo. Hablamos más desde la voluntad y el deseo que no desde el realismo. Y pobre del que quiera ser prudente y dar más realismo. Yo confío en nuestra gente, en nuestra ciudadanía, pero aún nos quedan un par de lecciones por aprender para saber cómo hacer una revuelta de verdad".

Otro es más pragmático: "Hoy (por el viernes) el problema es que el objetivo marcado por algunos, sin contundencia, era imposible. Hay un sector del independentismo que por prudencia ha querido relajar el ímpetu de las movilizaciones. Yo no creo que sea un fracaso. Ha salido bastante bien. El problema es la expectativa generada".

En resumidas cuentas, la jornada del 21-D no sirvió para evitar que el Consejo de Ministros se reuniese en Barcelona. Pero sí sirvió para dejar bien claro que el independentismo está dividido. Porque hay otro dato que no puede pasar desapercibido: a un sector del independentismo le resultaron del todo inapropiadas las actuaciones violentas de determinados grupos de encapuchados que, por otra parte, ya habían anunciado que sus acciones de ataque. Núria Martí, portavoz de Arran (la rama juvenil de la CUP), llegó a admitir públicamente que "tirar piedras frente a 9.000 policías no es violencia". Y llegó a calificar de 'coreografías', aunque sin citarlas directamente, a las iniciativas de ANC y Òmnium. Lo que les va a los cachorros de la CUP es el mambo sin condiciones, la lucha callejera. Y eso es un momento en que compartía manifestación con esos a los que criticaba veladamente.

La jornada del 21-D no sirvió para evitar que el Consejo de Ministros se reuniese, pero dejó claro que el independentismo está dividido

Pero los independentistas serios consideran que los ataques a las fuerzas de seguridad y los intentos de romper los cordones policiales no son "violencia", sino "autodefensa". Un juego de palabras para justificar cualquier acción. En las acciones de la mañana se pudo ver la imagen de manifestantes independentistas enfrentándose a los violentos que querían quemar contenedores y volviendo a poner estos en su sitio. Una imagen que vale más que mil palabras.

Pero esos mismos que vituperaban a los alborotadores, no dudaban en afirman categóricamente que los violentos eran "infiltrados". En un dudoso ejercicio de autocrítica, algunos incluso apuntaban directamente a Ciudadanos y a Inés Arrimadas como los organizadores de los comandos violentos. De eso quedó constancia en los mensajes intercambiados por los independentistas a lo largo de la jornada.

"Lo que se ha de hacer es denunciar a Ciudadanos por todo lo que han dicho que pasaría y ha pasado… Eso es una demostración de que lo conocían, por tanto son inductores como mínimo y por tanto se les ha de acusar de banda armada", dejaba ir uno de los radicales en la manifestación unitaria que a las 6 de la tarde reunía a unos cuantos miles de independentistas en pleno Paseo de Gracia. Todo un ejercicio de tergiversación de la realidad.

La manifestación, convocada por la Comisión 21 –D (formada, entre otros, por ANC, Òmnium, CUP, ERC, PDeCAT, Arran, SEPC, Intersindical-CSC y CDR), discurrió bajo el lema 'Tumbemos el régimen' y congregó a varios miles de personas (el recuento de la Guardia Urbana cifró en 40.000 los asistentes; los organizadores no dieron ninguna cifra). El acto acabó con la lectura de un manifiesto reivindicativo por parte de Marta Torrecillas, la militante republicana que el 1 de octubre de 2017 acusó falsamente a la policía de romperle los dedos de una mano "de uno en uno" y de realizarle tocamientos en un desalojo. En esta ocasión, la activista acusó al consejo de ministros de "provocación" por reunirse en Barcelona. Un broche extraño para una manifestación ejemplar. También tomó la palabra la siempre presente Sílvia Bel, una actriz que se ha vuelto imprescindible en los actos soberanistas, y finalizó la concentración con el canto de 'Els Segadors', el himno de Cataluña.

Fue una manifestación pacífica, en línea con las grandes manifestaciones independentistas de los últimos años. Pero no fue suficiente para eliminar el regusto amargo de la jornada. "Vergonzoso lo de hoy (por el viernes). ¿Cuándo nos daremos cuenta de que a fuerza de cantar no cambiamos nada? Los franceses han estado cada fin de semana liándola hasta conseguir su objetivo, y nosotros damos pena saliendo a cantar como siempre desde hace años", manifestaba en un conocido foro un activista a última hora de la tarde. Pues eso: lo que toca es vuelta a empezar y a seguir haciendo 'procés'.

Cataluña

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