El Supremo decidirá el jueves si sigue en prisión

ERC y JxCAT aparcan sus contactos hasta conocer el futuro de Oriol Junqueras

Si consigue la libertad, su posición negociadora ante la presión a la que le somete Puigdemont para apartarle de la carrera para presidir la Generalitat mejora varios enteros

Foto: Oriol Junqueras, antes de su comparecencia ante el Tribunal Supremo. (Reuters)
Oriol Junqueras, antes de su comparecencia ante el Tribunal Supremo. (Reuters)

Los republicanos catalanes esperan un regalo de Reyes adelantado a este jueves: que la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo acepte el recurso de Oriol Junqueras para salir de prisión. Su equipo de defensa y su entono político son optimista pues consideran que la intención de Junqueras de presidir la Generalitat descarta el riesgo de fuga. En todo caso, ERC y JxCAT han aparcado sus contactos hasta conocer el futuro judicial inmediato del exvicepresidente de la Generalitat, lo que permite dejar a un lado las profundas diferencias que separan en este momento a ambos partidos.

Si Oriol Junqueras consigue la libertad en la comparecencia judicial del jueves su posición negociadora mejora mucho ante la presión a la que le están sometiendo Carles Puigdemont y los miembros de su candidatura para apartarlo de la carrera para presidir la Generalitat. Por un lado, está la cuestión de liderazgo: ERC echó mucho de menos a Junqueras durante la campaña electoral. Y también lo está notando en falta en la fase posterior en la que el bloque soberanista no se pone de acuerdo en cómo armar una alternativa de gobierno.

Por otro, está el posibilismo. Un Junqueras libre, aunque bajo fianza, cuenta con más posibilidades de ser investido presidente de la Generalitat que un Puigdemont residente en Bruselas.


Así que las conversaciones se han parado pero con ERC y JxCAT en posiciones muy distanciadas: sin acuerdo ni para la investidura ni para la Mesa del Parlament y con el reloj corriendo con la cuenta atrás hacia el 17 de enero, la fecha que ha fijado Mariano Rajoy como el momento en que se debe constituir la cámara catalana.

Hasta ahora, Junqueras ha estado jugando en desventaja: al estar en prisión no pudo hacer campaña, mientras que Puigdemont se prodigaba en medios catalanes e internacionales. Luego ERC tuvo que vivir la humillación de verse superada en votos por una candidatura como JxCAT, que se había creado apenas dos meses antes y con una inexperiencia política muy grande.

De aquí al jueves, se trata de dormir la negociación entre los dos partidos. Curiosamente, los contactos con la CUP sí que se han saldado con éxito. Los “cupaires” se han mostrado más dispuestos a colaborar, eso sí, siempre que se mantenga el tono adecuado de unilateralidad. En cambio, el pulso entre ERC y el movimiento político que apoya a Puigdemont se ha tensionado mucho. Demasiado para haber recibido entre ambos casi dos millones de votos.

El principal problema es que Puigdemont depende de un programa político de un solo punto: la restauración de su gobierno tal y como era antes de que se aplicase el 155. Y con él al frente. Pero todo eso en la práctica es imposible, con Puigdemont en Bruselas, cargos judiciales en su contra, medio gobierno en la cárcel y el resto en el exilio.

Incertidumbres y riesgos

El mayor riesgo para Junqueras es que el juez decida el próximo 4 de enero que hay peligro de reincidencia y lo deje en prisión. De ese modo, ERC seguiría descabezada y Puigdemont y su equipo de JxCAT podrían continuar presionando para que se cumpliesen sus condiciones. Para el juez sería lo más cómodo: no contradecir a la instrucción y que Oriol Junqueras siguiese entre rejas hasta que se abriese el juicio oral, algo que podría pasar dentro de seis meses.

La psicología de Puigdemont marcará el futuro inmediato: su imprevisibilidad apunta a un regreso, su obstinación a una repetición de las elecciones

Desde que llegó a la presidencia de la Generalitat, Puigdemont ha demostrado tener dos características definitorias: imprevisibilidad y obcecación. Su fijación con la cuestión independentistas le llevó a impulsar el referéndum, primero, y proclamar la DUI, después. Por otro lado, su capacidad para la sorpresa ha sido la otra constante: estuvo a punto de convocar elecciones, luego hizo la DUI, después no la implementó y se marchó a Bruselas. Una vez allí anunció que se presentaba a las elecciones cuando llevaba dos años asegurando por activa y por pasiva que no volvería a concurrir a unos comicios y que su mayor ambición era volver a Girona para ejercer de nuevo como alcalde. La última sorpresa no fue la menor: que quedase ganador del bloque soberanista y obtuviese 34 diputados el 21-D.

Llegada por sorpresa

Ahora ya nadie descarta nada. Ni siquiera que Puigdemont se presente en Cataluña por sorpresa a pesar de los cargos que pesen contra él. Desde el 26 de octubre, cuando el entonces president intentó convocar las elecciones pero Junqueras le abandonó en el último momento, acusándolo de traidor, el independentismo permanece dividido. Y esa división no se ha atenuado por la aplicación del 155 sino que se ha incrementado, más si cabe por la dureza de la campaña electoral.

Si el factor sorpresa lleva a pensar en un regreso aún más espectacular que la huida, la obstinación apunta a un bloqueo institucional que hará imposible formar gobierno en Cataluña y que desembocará, de nuevo, en otra convocatoria electoral.

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