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Zaragoza quiere ser sede del Mundial de fútbol de 2030 con la renovación del estadio pendiente
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CUARTO INTENTO PARA TENER CAMPO NUEVO

Zaragoza quiere ser sede del Mundial de fútbol de 2030 con la renovación del estadio pendiente

El Gobierno de Aragón y el ayuntamiento solicitan que sea una de las 11 ciudades de la Península que acojan la competición, con el compromiso de tener entonces un estadio que cumpla las exigencias de la FIFA

Foto:  Estadio municipal de la Romareda de Zaragoza. (Wikipedia/Migueltrzn)
Estadio municipal de la Romareda de Zaragoza. (Wikipedia/Migueltrzn)

Cuando todavía no se ha disipado el humo de la fallida candidatura olímpica de los Pirineos a los Juegos de Invierno de 2030, Aragón ya ha enviado su carta de interés para que Zaragoza acoja una de las sedes del Mundial de fútbol a celebrar ese mismo 2030, si la FIFA elige España y Portugal. Iba firmada por el presidente de Aragón, Javier Lambán —una vez conjurado, gracias a las revelaciones de El Confidencial, el papel de villano que le habían atribuido desde el COE y el independentismo en la candidatura olímpica— y el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón.

La remitían desde el acuerdo la semana pasada —ya que el plazo para solicitar ser una de las 11 ciudades con competición ha concluido este lunes— y dejando a un lado su rivalidad política. En la misiva exponen que Aragón “carece en estos momentos de un estadio con las características exigidas para la celebración de estos grandes acontecimientos deportivos”, pero que se ha iniciado el proceso para dotar a Zaragoza de un recinto deportivo “que sería uno de los más modernos de ese campeonato y cumpliría perfectamente las recomendaciones de la FIFA”.

Se impulsa así por cuarta vez la renovación del campo de fútbol de la ciudad, una constante en la vida política zaragozana, tras 16 años de debate y enfrentamientos. Tres grandes diseños —de los arquitectos Lamela, Bofill y Sicilia—, en tres emplazamientos, ya quedaron en nada.

Foto: Foto: C. M.
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Ahora, en el proceso de escucha ciudadana sobre el futuro campo organizado por el ayuntamiento, la mayoría de los intervinientes quiere seguir en la actual ubicación. Mientras, los expertos creen que es una apuesta muy voluntarista, llena de dificultades técnicas —¿cabrá?—, urbanísticas —frente al principal hospital— y económicas —¿cómo y quién lo paga?—.

Más de 60 participantes

Efectivamente, se trata de un proceso que, pese a que el discurso dominante favorece seguir en la Romareda, está más abierto de lo que parece. Para encauzar la toma de decisiones, el Ayuntamiento de Zaragoza abrió un proceso de participación en el que han intervenido, entre abril y junio, más de 60 personas entre gestores deportivos, arquitectos e ingenieros, aficionados, empresarios, hosteleros, servicios públicos y otros sectores afectados. La mayoría ha apostado por que el estadio continúe donde está por su accesibilidad, servicios y aspectos intangibles, que también cuentan, como la vinculación sentimental de los zaragozanos con el estadio del Real Zaragoza, en ese emplazamiento desde 1957.

En una iniciativa que necesita el apoyo de las dos instituciones, es la opción que más gusta al alcalde y a sus socios de gobierno. Mientras, el PSOE sigue sin pronunciarse, a la espera de que se determine si se va a impulsar un campo de propiedad pública como el actual, privada o mixta. Una decisión en la que será determinante la actitud de los nuevos propietarios del equipo, que ahora preside el estadounidense Jorge Mas Santos.

Foto: Estadio de La Romareda. (C.C.)

Así, aunque la carta de solicitud para ser sede mundialista está escrita desde el consenso y la cordialidad, la pelota solo ha empezado a rodar. En las próximas semanas visitarán el estadio los técnicos de la Real Federación Española de Fútbol para evaluar si el campo tiene condiciones para reformarse y homologarse para competiciones internacionales. La FIFA exige que tenga al menos capacidad para 40.000 espectadores y la ciudad, disponer de conexiones aeroportuarias y ferroviarias, así como hoteles cinco estrellas. También, un emplazamiento con un perímetro de seguridad y todos los servicios complementarios acordes con el movimiento de personas que implican estos encuentros. Del informe que realicen dependerá el siguiente paso.

Tres proyectos, tres melancolías

Zaragoza llega a este punto tras años de iniciativas frustradas. Cuando hace tres décadas se inauguró el Auditorio, vecino de calle por el Gol Norte, se preveía que el campo cambiaría de emplazamiento. Pero ha sido en esos últimos tres lustros en los que se han gastado casi siete millones de euros de los zaragozanos entre proyectos técnicos e indemnizaciones, en tres intentos sucesivos. En uno de ellos incluso estaban puestas las vallas para las obras.

En 2001, el alcalde José Atarés (PP) presentó el primer proyecto: lo diseñó Ricardo Bofill, con el arquitecto zaragozano Luis Peirote, y tenía un presupuesto de 48 millones de euros. El nuevo estadio se trasladaba a Valdespartera, el nuevo barrio de viviendas protegidas, situado al sur de la ciudad, como elemento de centralidad y gran equipamiento. Se pagaba con las plusvalías generadas por la recalificación del actual emplazamiento, donde se iban a levantar 950 viviendas. PSOE y CHA se opusieron de manera furibunda, con la acusación de “pelotazo urbanístico”. El PP perdió en 2003 las elecciones y el proyecto se quedó en un cajón.

Foto: El estadio municipal de La Romareda.

Ya con Juan Alberto Belloch como alcalde del PSOE y con la Chunta Aragonesista como socia, se lanzó un nuevo proyecto. Esta vez lo diseñó Carlos Lamela y permanecía en el sitio. La inversión era de 70 millones de euros, para una reconstrucción que se adjudicó a Acciona. Corría 2006 y, a punto de comenzar, las obras fueron paralizadas por un recurso judicial del PAR y el PP también litigó por ellas. Segunda ocasión que se quedó en nada.

El tercer asalto lo perdió el proyecto lanzado de nuevo por el PSOE tras la Expo de 2008: en este caso, contaba con la ventaja de tener el apoyo casi unánime de la corporación. Se trasladaba a la zona de San José, entre la Z-30 y la Z-40. Aquí el objetivo era cerrar la ciudad por el este e inducir la regeneración urbana de esos barrios, desarrollados en los años sesenta y a los que convenía una intervención como esta. El proyecto lo diseñó el arquitecto zaragozano Joaquín Sicilia y llevaba anejo un plan de vivienda; la inversión conjunta ya ascendía a los 140 millones. Una parte se pagaba con una operación urbanística, que permitía obtener recursos de los suelos de la Romareda. También, como ahora, actuaba como palanca la candidatura al Mundial de 2018, que finalmente fue a Rusia. No ganar la sede y la virulencia que tomó la crisis financiera se llevaron el proyecto por delante.

El campo, en su cuarto asalto

Una década después, el estadio ha ido a peor. El paso del tiempo y la evolución del Real Zaragoza, con su novenario en Segunda, tampoco han ayudado. Ahora, la renovada expectativa de la candidatura mundialista y la llegada del nuevo propietario se han unido a la propia necesidad de que Zaragoza cuente con un estadio acorde con una ciudad de 700.000 habitantes. De hecho, el actual alcalde lo tiene entre las prioridades de su agenda y está más que dispuesto a librar este cuarto asalto.

En lo económico, exponen que si hay aportación pública, será con una operación urbanística, que deberá tener sentido en todas sus vertientes

Arquitectos que protagonizaron algunos de los procesos anteriores creen que la operación es igual de compleja que siempre, y que el debate peca de voluntarismo. Coinciden en lo fundamental: no debe mantenerse junto al principal hospital de Aragón; no mejora Zaragoza y redunda en hiperdotar al barrio que ya posee los mejores equipamientos de la ciudad. Sobre la accesibilidad, argumentan que el tranvía también llega a otros dos emplazamientos posibles —Valdespartera y Parking Norte— y las cercanías, al tercero eludido —San José—. Y que en todos los nuevos sitios estaría junto a las rondas Z-30 y Z-40. Las otras dudas que les surgen son que quepa donde está y que sea más barato reformar que hacerlo de nuevo. En lo económico, exponen que si hay aportación pública, será con una operación urbanística, que deberá tener sentido en todas sus vertientes: ciudadana, sociodeportiva y económica.

En concreto, sobre el emplazamiento, en la escucha a la sociedad se ofrecieron tres ubicaciones: Romareda, Valdespartera y Parking Norte. La mayoría de los sectores consultados defienden la actual, especialmente los aficionados. Varios urbanistas lamentan que se haya retirado San José y se pierda la ocasión de cerrar la ciudad por el este, cuando las ventajas que se vieron cuando casi toda la corporación aprobó el proyecto de Sicilia siguen ahí.

Hay acuerdo sobre que el estadio debe servir para más usos que el futbolístico y ser un gran complejo de ocio. En esta opción, las dudas surgen por la vecindad más sensible: el Hospital Miguel Servet, el mayor de Aragón. La dirección del hospital rehusó participar en el proceso de escucha. Ahora, el campo solo se usa tres horas cada 15 días, que pasarían a ‘pensión completa’ con el nuevo formato. Se trata de un nuevo uso, más completo, complejo y ruidoso, ante el que varios urbanistas defienden sacarlo de donde está.

placeholder Estadio de la Romareda. (Wikipedia)
Estadio de la Romareda. (Wikipedia)

Otra incógnita es si cabe o no un estadio cinco estrellas en el actual emplazamiento y si puede disponer del perímetro de seguridad que exige la FIFA, que parece presentaría dificultades. Y ante la opción de jugar a la vez que se reconstruye, saltan los inconvenientes. Se pone de ejemplo San Mamés, pero allí el campo se ha hecho en la parcela vecina, salvo en las gradas de un lateral.

¿Quién y cómo lo va a pagar?

Aunque la gran pregunta es quién y cómo lo va a pagar, en tiempos de cajas públicas con telarañas. Ahora estamos hablando de unos 120 millones de euros. Si se queda donde está, necesitará una operación urbanística, incorporando quizás el antiguo Convento de Jerusalén, situado detrás del Gol Sur del estadio y que fue adquirido recientemente a las Hermanas Clarisas por Bancalé, un inversor local. O buscando otros solares de la ciudad con los que sufragar la inversión. Si va a un nuevo emplazamiento, y aun contando con suelos públicos e incluso con que los nuevos propietarios del club quisieran construirlo a sus expensas, también requerirá su gestión urbanística, siempre delicada. El Gobierno de Aragón, en lo poco que se ha manifestado ha sido para decir que esa será su colaboración, ayudar en los plazos y trámites, que no en lo dinerario.

Un reloj que de nuevo ha empezado a correr, pero que da síntomas de estar aún en sus primeras horas. Que Zaragoza necesita un estadio nuevo, es evidente. Que en año electoral, y pese a la cordialidad de la 'carta de interés', va a tener complicado dar pasos firmes, también. Pero ojalá que este cuarto asalto sea el último.

Cuando todavía no se ha disipado el humo de la fallida candidatura olímpica de los Pirineos a los Juegos de Invierno de 2030, Aragón ya ha enviado su carta de interés para que Zaragoza acoja una de las sedes del Mundial de fútbol a celebrar ese mismo 2030, si la FIFA elige España y Portugal. Iba firmada por el presidente de Aragón, Javier Lambán —una vez conjurado, gracias a las revelaciones de El Confidencial, el papel de villano que le habían atribuido desde el COE y el independentismo en la candidatura olímpica— y el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón.

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