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Anatomía de un acoso: las 1.500 llamadas que pusieron en riesgo el embarazo de Ana
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Caso en Sevilla

Anatomía de un acoso: las 1.500 llamadas que pusieron en riesgo el embarazo de Ana

Durante más de un año fue acosada por un hombre que la llamaba constantemente desde un número oculto

Foto: Imagen de archivo de un teléfono. (Unsplash/Rob Hampson)
Imagen de archivo de un teléfono. (Unsplash/Rob Hampson)

Cuando los guardias civiles fueron por "tercera o cuarta vez" a la empresa de jardinería, optaron por cambiar de estrategia. Habían ido de buenas, pero tenían la sensación de que les estaban tomando el pelo. Era el momento de ponerse serios. "Decidle que vaya al cuartel o iremos a buscarle", advirtieron a los presentes. Fue mano de santo. El tipo al que llevaban meses investigando se presentó finalmente ante ellos. "Pero iba bien aleccionado. No dijo ni mu". Acompañado por su abogado, se negó a declarar. Tampoco era necesario. Las pruebas eran contundentes, por más que hubiese intentado no dejar rastro. Esos agentes que habían visto marchitarse a su presunta víctima, que habían asistido a la desesperación de una mujer cercada por el miedo, daban por cerrado un caso sorprendente. Porque ese padre de familia, ese individuo por momentos pusilánime, supuestamente había acosado a una mujer embarazada a la que llamó desde un número oculto más de 1.500 veces.

La motivación que alimentaba su obsesión es aún una incógnita. "No quiso manifestar nada al respecto", comenta uno de los responsables de la investigación, aunque la acosada ofreció una clave. Cuando le comentaron que estaba detenido, y le revelaron su identidad, su mente viajó al pasado. Ese nombre tan singular no era nuevo para ella. Ana —nombre ficticio— recordó un episodio con el padre de una alumna que se apellidaba igual al que no dio importancia en su momento. Monitora en un colegio, relató a los agentes que, tras recibir las quejas de varios progenitores por los retrasos de uno de los padres a la hora de recoger a su hija en la parada del transporte escolar, habló con él y le pidió que tratara de evitarlo para facilitar el cumplimiento de los horarios. La conversación fue normal. Nada hizo presagiar el calvario posterior.

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La vida de Ana, vecina del municipio sevillano de La Puebla del Río, comenzó a hundirse en marzo de 2021, cuando empezó a recibir las primeras llamadas. Siempre desde un número oculto y con el interlocutor guardando silencio cada vez que descolgaba y preguntaba quién era. Transcurrían unos segundos y cortaba la comunicación.

El teléfono sonaba habitualmente en un horario que se podría considerar normal, "aunque también lo hacía a las tres de la madrugada, o a las seis". Una situación que generó un estado de terror y ansiedad en la mujer, que tuvo que ser atendida en varias ocasiones por los servicios médicos por problemas psicológicos y de conciliación del sueño.

La víctima se vio obligada a ampliar la denuncia inicial en dos ocasiones

Este estado de tensión constante incluso hizo temer que le afectara al embarazo, ya que, cuando el acoso se inició, estaba gestando un bebé, y se prolongó hasta julio de este año, fecha en el que los agentes de la Guardia Civil de La Puebla del Río dieron con el teléfono desde el que partían las llamadas. Pero a eso iremos más adelante.

Fueron muchos meses en los que el miedo se apoderó de Ana. "Temía que el siguiente paso fuese ser agredida" y esa espiral de angustia se acrecentaba con cada "ring" de su teléfono. La mujer puso una primera denuncia que después amplió hasta en dos ocasiones —junio y noviembre— porque el acoso no cesaba. Los responsables del caso han calculado que recibió más de 1.500 llamadas.

Foto: Foto: iStock.

Las pesquisas fueron "muy laboriosas", pero finalmente condujeron hasta un número y un sospechoso: un vecino de la cercana localidad de San Juan de Aználfarache, de 47 años de edad, empleado en una empresa de jardinería, con un nivel educativo básico, casado y padre de una niña.

La línea que supuestamente empleaba para acosar a Ana "no era la que utilizaba habitualmente". Quienes querían hablar con él, sus seres queridos, no la utilizaban, y probablemente en su entorno hasta desconociesen su existencia. La sorpresa fue la tónica general cuando trascendió que era investigado.

Para sorpresa de los agentes y la víctima, el caso se está tramitando como un delito leve

Se comprobó que era un número secundario que conservaba "desde hacía más de diez años", destacan las fuentes consultadas por El Confidencial, que señalaron que en el momento en que llamaron identificándose como guardias civiles, cesaron las llamadas a la víctima. ¿Pero cómo consiguió el contacto de Ana si la relación entre ambos se ciñó a una conversación de segundos? Los agentes sostienen que previsiblemente lo obtuvo tras alguna de las llamadas que la monitora escolar tenía con los padres del colegio para abordar cuestiones de la línea de transporte.

Foto:  La escritora Paula Bonet. (EFE/Enric Fontcuberta)

El sospechoso, del que los investigadores piensan que "se obsesionó" y "guardaba rencor" a su víctima, es considerado responsable de un delito de acoso en calidad de investigado, mientras se profundiza en el estudio de la línea telefónica por si hubiera más víctimas afectadas. Las fuentes consultadas señalaron que no se le habían impuesto medidas cautelares porque aún no se ha producido su declaración en sede judicial, aunque el que estos hechos —inicialmente— se estén dirimiendo como un delito leve ha generado cierto desaliento, ya que augura una respuesta penal liviana para el tormento sufrido por Ana.

Su embarazo llegó a buen puerto a pesar de las crisis de ansiedad y los trastornos del sueño que provocaron el acoso sufrido. Ahora solo quiere continuar con su vida mientras espera una justicia que probablemente no llegará a resarcir el daño sufrido, por eso sigue en contacto con los guardias civiles que le devolvieron la paz.

Cuando los guardias civiles fueron por "tercera o cuarta vez" a la empresa de jardinería, optaron por cambiar de estrategia. Habían ido de buenas, pero tenían la sensación de que les estaban tomando el pelo. Era el momento de ponerse serios. "Decidle que vaya al cuartel o iremos a buscarle", advirtieron a los presentes. Fue mano de santo. El tipo al que llevaban meses investigando se presentó finalmente ante ellos. "Pero iba bien aleccionado. No dijo ni mu". Acompañado por su abogado, se negó a declarar. Tampoco era necesario. Las pruebas eran contundentes, por más que hubiese intentado no dejar rastro. Esos agentes que habían visto marchitarse a su presunta víctima, que habían asistido a la desesperación de una mujer cercada por el miedo, daban por cerrado un caso sorprendente. Porque ese padre de familia, ese individuo por momentos pusilánime, supuestamente había acosado a una mujer embarazada a la que llamó desde un número oculto más de 1.500 veces.

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