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Andalucistas somos todos: por qué los partidos se envuelven en la bandera blanquiverde
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Elecciones autonómicas 19-J

Andalucistas somos todos: por qué los partidos se envuelven en la bandera blanquiverde

Las fuerzas del tablero andaluz, salvo Vox, han utilizado los valores autonomistas para superar momentos complicados, pero también como fórmula para asentarse

Foto: Juanma Moreno durante un discurso en Jerez de la Frontera. (EFE/Román Ríos)
Juanma Moreno durante un discurso en Jerez de la Frontera. (EFE/Román Ríos)
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"Ha costado 40 años de lucha de los andaluces que las decisiones las tomemos aquí". Esta frase podría haberla pronunciado Alejandro Rojas Marcos, fundador del extinto Partido Andalucista. O el socialista Rafael Escuredo, que fue el primer presidente electo de la Junta de Andalucía, que llegó a declararse en huelga de hambre durante el proceso autonomista, en plena transición. Pero ha sido Juan Marín, líder andaluz de Ciudadanos, un partido que nació en 2006 como respuesta al nacionalismo catalán, quien ha hecho este lunes esa defensa del autonomismo. No es baladí que este viraje de Cs se esté produciendo en un momento crítico para el partido que dirige Inés Arrimadas. Los naranjas, que anunciaron hace semanas su reconversión en un partido "de centro andalucista", no hacen otra cosa que seguir una tendencia que, en mayor o menor medida, han practicado todos los partidos con presencia en la comunidad salvo Vox: envolverse en la bandera blanquiverde durante las travesías por el desierto, pero también como una forma de consolidarse en el tablero político regional.

El ejemplo paradigmático de esta práctica es el PSOE andaluz. Es, todavía, el partido hegemónico en la comunidad, ya que sigue siendo el mayoritario en el Parlamento y mantiene gran parte del poder municipal a pesar de la debacle del 2 de diciembre de 2018 y la llegada al poder de PP y Ciudadanos gracias al apoyo de Vox. Y gran parte de ese éxito responde a cómo consiguió identificarse con los valores del andalucismo de una forma transversal a partir de los años 80. "El PSOE entiende, y eso es una virtud, que el discurso andalucista es la fórmula para afrontar la modernización [de Andalucía]", ha defendido el historiador de la Universidad de Jaén Salvador Cruz Artacho, experto en el proceso autonomista andaluz y autor de un libro sobre el asunto.

Foto: Jesús Jurado. (Cedida)

Eso lo entendieron perfectamente en el actual PP andaluz, que desde su llegada al poder abanderó un "andalucismo moderno". Al día siguiente de su toma de posesión como primer presidente no socialista de la Junta, Juanma Moreno acudió al domicilio de Manuel Clavero. El ministro de la UCD se ha convertido, por obra del actual Ejecutivo, en padre de ese "andalucismo moderno" que ha esgrimido el político malagueño en su mandato. No en vano ha creado una nueva medalla de Andalucía, los reconocimientos que la Junta entrega cada 28 de febrero por el día de la comunidad, con el nombre del político sevillano fallecido recientemente.

El objetivo de Moreno era -y el consenso es que lo está consiguiendo- arrebatar la bandera a los socialistas y sacudirse la negativa de Alianza Popular a que Andalucía accediese al autogobierno al mismo nivel que las nacionalidades históricas. El primer paso para alcanzar este logro lo dio su antecesor Javier Arenas, que en la negociación del Estatuto de 2007 capeó los intentos del PSOE por apear al PP de la negociación con posiciones maximalistas. Y el propio Moreno también puso su granito de arena en 2017 cuando Susana Díaz apostó por envolverse en la bandera para curarse las heridas que le dejaron las primarias socialistas de mayo de aquel año.

Susana Díaz intentó envolverse en la bandera andaluza tras perder las primarias de 2017 y reforzar su posición en la comunidad

La salida que la expresidenta de la Junta tomó ante esa derrota fue encabezar una campaña para desgastar al Gobierno central de Mariano Rajoy. La fórmula elegida fue el impulso de un acuerdo parlamentario para reclamar una mejor financiación autonómica. El trabajo se lo encargó a la entonces consejera de Hacienda, María Jesús Montero, que trabajó codo con codo con Podemos e IU para elaborar un texto que reclamaba al entonces ministro Cristóbal Montoro 4.000 millones más del Estado para Andalucía. Juanma Moreno acabó sumándose al acuerdo, no sin las suspicacias del PP nacional. Y ahora es él quien airea ese acuerdo que Montero no ha sido capaz de aplicar desde el Gobierno de Pedro Sánchez en los casi cuatro años que lleva como ministra. La paradoja es que solo Ciudadanos se quedó fuera de esa entente. Marín, este lunes, lo recordó al mismo tiempo que ensalzaba el autogobierno para atizar a Vox y su apuesta por la recentralización.

Sólo Vox repele el andalucismo

Macarena Olona ha llegado a defender en estos días la eliminación de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta, lo que da cuenta de cómo Vox es el único partido del tablero andaluz inmune a estas tendencias andalucistas. Lo dejaron claro desde el principio, en pleno proceso de negociación del acuerdo de investidura que hizo posible la llegada a San Telmo de Juanma Moreno. Uno de los puntos proponía cambiar la celebración del 28 de febrero -que conmemora el referéndum que dio paso a la autonomía plena- por el 2 de febrero, día de la Toma de Granada por parte de los Reyes Católicos. Esto, para el politólogo malagueño Jesús Jurado es "la negación de la singularidad andaluza". Para Jurado, Vox cultiva "un españolismo incompatible con ningún tipo de identidades subestatales", como demuestra su boicot a las celebraciones relacionadas con Blas Infante, considerado en el Estatuto como "padre de la patria andaluza" y al que Vox ha tachado de "furibundo islamista" en alguna ocasión.

placeholder El homenaje a Blas Infante que se celebra cada mes de agosto en el lugar donde lo fusilaron.
El homenaje a Blas Infante que se celebra cada mes de agosto en el lugar donde lo fusilaron.

En el otro extremo están las fuerzas a la izquierda del PSOE, que nunca han tenido problemas en abrazar el andalucismo a pesar de que hay partidos, como Podemos, que tienen en su ADN un jacobinismo que casa difícilmente con un nacionalismo como el andalucista. Eso no ha sido nunca un problema para IU, una federación que nació bajo el nombre Convocatoria por Andalucía y auspiciada por Julio Anguita, de cuya muerte se cumplieron este lunes dos años. En la actual maraña de la izquierda andaluza, con dos coaliciones a la izquierda del PSOE, hay representantes del andalucismo tanto en Por Andalucía (Iniciativa del Pueblo Andaluz) como en Adelante Andalucía (Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza). De hecho, la segunda coalición, que lidera Teresa Rodríguez, es el resultado de la salida de la política gaditana y sus afines de Podemos huyendo de ese jacobinismo que la obligaba a depender de Madrid.

En las elecciones de Andalucía del 19 de junio habrá además una candidatura netamente andalucista nacida de los restos del Partido Andalucista que fundó Rojas Marcos. Se trata de Andaluces Levantaos, una formación liderada por Andalucía por Sí (AxSí) tras la salida de Más País e Iniciativa. Se trata de los herederos de un partido que fue relevante en la transición y que tuvo cuotas de poder relevantes, formando parte del Gobierno andaluz con el PSOE de Manuel Chaves y con alcaldías como la de Sevilla. Hace menos de dos meses, antiguos cargos del PA enviaron una carta de protesta por la celebración de un acto en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla que, según denunciaron, obviaba el legado del Partido Andalucista en los años "más decisivos" de la pugna por la autonomía de la comunidad.

El sentimiento andalucista en la población

Según los firmantes de dicha queja, entre los que está el propio Rojas Marcos, fueron ellos los que abanderaron este andalucismo "absolutamente solos" y el proceso que culminó el 28 de febrero de 1980. Cuatro décadas después, no existe el Partido Andalucista, pero todos los partidos con presencia en la comunidad salvo Vox tiñen de blanquiverde sus programas, sus discursos y sus carteles electorales en los momentos complicados o en un intento por lograr el apoyo de la ciudadanía. Algo lógico si se tiene en cuenta que, según una encuesta del Centro de Estudios Andaluces (Centra), el 90,4% de los andaluces se siente orgulloso de serlo. Al mismo tiempo, el sondeo desvela que el sentimiento andalucista no es excluyente del español. Según la investigación del Centra, elaborada en febrero de 2021, el 77,1% de los encuestados se siente tan andaluz como español, aunque hay una leve brecha entre los que se sienten más andaluces (11,8%) y más españoles (7,9%).

En el mismo sondeo, la fundación asociada a la Consejería de Presidencia de la Junta desvelaba que cuatro de cada diez encuestados se enfada cuando escucha críticas al acento andaluz, algo que ocurre con cierta recurrencia en los medios de comunicación y en la cultura popular, pero también entre la clase política. El politólogo Jesús Jurado indaga sobre esta realidad en ' La generación del mollete: Crónica de un nuevo andalucismo', un ensayo sobre el surgimiento de una reacción propia de la generación nacida entre mediados de los 80 y mediados de los 90 y su posible traslación política. En el libro, Jurado glosa una suerte de orgullo andaluz alejado del agravio que se detecta en las redes, en la música que hacen grupos como Califato 3/4 o en anuncios como el de Cruzcampo sobre el acento de Lola Flores. Pero que todavía está por ver si tiene eco en las elecciones del 19 de junio o si se diluye como el andalucismo clásico se ha diluido en casi todo el arco político.

"Ha costado 40 años de lucha de los andaluces que las decisiones las tomemos aquí". Esta frase podría haberla pronunciado Alejandro Rojas Marcos, fundador del extinto Partido Andalucista. O el socialista Rafael Escuredo, que fue el primer presidente electo de la Junta de Andalucía, que llegó a declararse en huelga de hambre durante el proceso autonomista, en plena transición. Pero ha sido Juan Marín, líder andaluz de Ciudadanos, un partido que nació en 2006 como respuesta al nacionalismo catalán, quien ha hecho este lunes esa defensa del autonomismo. No es baladí que este viraje de Cs se esté produciendo en un momento crítico para el partido que dirige Inés Arrimadas. Los naranjas, que anunciaron hace semanas su reconversión en un partido "de centro andalucista", no hacen otra cosa que seguir una tendencia que, en mayor o menor medida, han practicado todos los partidos con presencia en la comunidad salvo Vox: envolverse en la bandera blanquiverde durante las travesías por el desierto, pero también como una forma de consolidarse en el tablero político regional.

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