Arenas, el 'jarrón chino' al que Génova pasa la factura del conflicto en Sevilla
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EL POLÍTICO QUE NO SE JUBILA

Arenas, el 'jarrón chino' al que Génova pasa la factura del conflicto en Sevilla

La dirección nacional está molesta con el acta del popular en el Senado, el único que queda con cargo de la cúpula señalada por Bárcenas. Casado accedió a petición de Moreno

placeholder Foto: Javier Arenas saluda a Juanma Moreno. (EFE)
Javier Arenas saluda a Juanma Moreno. (EFE)

"Bueno, mi nombre, como saben, es Javier Arenas. Yo, sobre todo, me considero un andaluz de los pies a la cabeza".

"No soy el único Javier que aparece en esos papeles ni tampoco el único Javier del PP".

Entre una afirmación y otra del veterano político del Partido Popular han pasado dos años. Los que distan entre su examen en comisión del Parlamento andaluz antes de ser designado por su partido senador por la comunidad y su declaración como testigo en el juicio por la caja B del extesorero Luis Bárcenas sobre las obras de Génova.

En el Parlamento andaluz, Javier Arenas (1957, Sevilla) fue recibido y habló como un veterano que no necesita presentación. Es la verdad, forma parte de ese paisaje. El político sevillano, aunque criado en Olvera (Cádiz), es una institución en esa Cámara. "El padre del centroderecha en Andalucía", repiten en sus filas andaluzas, jactándose con orgullo en cada palabra de la afirmación y ensalzando la gesta de llevar al partido al centro.

Un audio del comisario Villajero desveló que su eterna enemiga, María Dolores de Cospedal, llegó a ponerle un espía

En el juicio, la semana pasada, en la Audiencia Nacional, que trata de dirimir si las obras de la sede se pagaron con dinero negro, porque la caja B del PP ya está acreditada y condenada, Arenas decía que como su nombre había muchos en su partido cuando se le preguntó por los nombres Javier Are, Arenas o J.A. en los apuntes de Bárcenas. Muchos como él ni hay ni habrá. Él lo fue todo en el PP andaluz y casi todo en el PP nacional.

Las dos escenas retratan la recta final política de Arenas, un veterano que ha tenido al Partido Popular de Andalucía como su gran obra y que, tras perder toda influencia en la dirección nacional del mismo, barrido de todas las lista y de la ejecutiva, encontró acomodo en casa, en el PP andaluz, el partido del que es presidente de honor. Un político querido, simpático, con don de gentes, del que sus enemigos políticos llevan años, sin éxito, escribiendo su epitafio. En los últimos tiempos siempre que ha vuelto a la primera línea ha sido por su amistad con Bárcenas. Un audio del comisario Villajero desveló que su eterna enemiga, María Dolores de Cospedal, llegó a ponerle un espía.

El poderoso invisible

Arenas, que lleva mucho tiempo en modo invisible, ha estado en boca de muchos dirigentes de su partido en los últimos días. Génova no duda de que su mano está detrás de la guerra del partido en Sevilla. Lo culpan de haber llevado hasta el límite el enfrentamiento con la dirección nacional jaleando a los suyos para no perder poder. Es verdad que Juan Manuel Moreno quería remover a la actual presidenta, Virginia Pérez, pero en la ejecutiva nacional consideran que en la última semana sí quería el acuerdo. Creen que la culpa de que ese pacto fuera imposible fue cosa de Arenas, que se resiste a perder su último reducto, el del PP sevillano. Apuestan a que quería designar candidata a la alcaldía de Sevilla en la figura de una de sus fieles, la consejera de Cultura, Patricia del Pozo. Mientras que Génova tiene otro nombre, el de José Luis Sanz, alcalde de Tomares, uno de los hombres de la dirección nacional en Andalucía, que fue también discípulo de Arenas en Andalucía pero cuya relación política y personal acabó como el rosario de la aurora. La consejera de Cultura no apareció por el congreso sevillano. Sanz sí, está en la dirección provincial.

Lo cierto es que a sus 63 años ha encontrado un discretísimo segundo plano, pero sigue ahí. Tiene despacho en el Parlamento, pero lo pisa poco

Desde el PP andaluz y desde la candidatura perdedora del congreso sevillano niegan "radicalmente" que esté detrás. Aseguran que Arenas no ha tenido nada que ver. Alguien que es su amigo se sonríe cuando se le pregunta. "A Javier lo sigue llamando mucha gente y contesta, claro, pero él no está en nada", explica para no negar que conserva su influencia. De él han dicho siempre que "la política es su vida y sin la política no puede vivir".

Lo cierto es que a sus 63 años ha encontrado un discretísimo segundo plano, pero sigue ahí. Tiene despacho en el Parlamento, pero últimamente lo pisa poco. La suya fue una de las grandes ausencias en el congreso de Sevilla del sábado. La del presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, y la de Arenas. "Siempre ha estado", recordaban los dirigentes. Él públicamente no ha avalado a ningún candidato. Nadie tiene duda de que iba con Juan Ávila, alcalde de Carmona. Todo el arenismo se significó por él. "Será uno de los pocos congresos que pierda en muchísimos años", decía alguien que lo conoce bien. Hace cuatro años ganó y dobló el pulso entonces a María Dolores de Cospedal.

Una discusión en los Goya

Para entender por qué Arenas es un elemento más en la tensión entre la dirección nacional de Pablo Casado y la andaluza de Moreno hay que remontarse dos años atrás. Cuatro días antes de esa comparecencia de Arenas en el Parlamento andaluz en febrero de 2019. Dos políticos de esmoquin, una gala de los Goya y una conversación acalorada. Fue en Sevilla, en los premios del cine español. El presidente andaluz mantuvo una intensa conversación con el líder del PP, que se había desplazado al acto. Casi nadie sabía de qué hablaron. Según la dirección nacional fue el momento en el que Moreno convenció a Casado de que Arenas debía volver al Senado como senador por la comunidad autónoma.

placeholder Pablo Casado saluda a Javier Arenas. (EFE)
Pablo Casado saluda a Javier Arenas. (EFE)

No eran esos los planes de Génova. El secretario general, Teodoro García Egea, había diseñado un plan que rompía con todo el pasado. No querían que ninguna sombra de la etapa Gürtel o Bárcenas pudiera salpicar al líder del PP. Querían blindar a Casado. Que Arenas, que había apoyado a Soraya Saénz de Santamaría, mantuviera un cargo público no era un buen plan, según pensaron entonces. Pero el presidente del PP accedió. Ahora desde Madrid lo lamentan. No solo por la imagen de Arenas declarando esta semana en la Audiencia Nacional, sino también por el tono que empleó y por la guerra del PP de Sevilla.

"El padre del centroderecha"

Arenas es presidente de honor del PP andaluz, el padre del centroderecha en Andalucía, un hombre respetado; y, como repiten por activa y por pasiva en la cúpula del PP andaluz, "no está imputado". "No hay nada contra él", insisten. El Senado le permitía estar aforado. "Era mejor que estuviera allí que aquí", dice un dirigente del PP andaluz, convencido de que había que darle un sitio. Ya se sabe la teoría del jarrón chino que nadie sabe dónde colocar. El PP andaluz pensó que era mejor darle un sitio que dejarle hacer y deshacer.

Su trayectoria es infinita. Ha sido vicepresidente del Gobierno, varias veces ministro, secretario general del PP... Su única esquirla es no haber sido presidente de Andalucía pese a que logró 50 escaños. Moreno gobierna con 26. Aun en sus etapas en Madrid nunca dejó de vivir en Sevilla, dice él. Eso significaba que nunca dejó tampoco de mandar en el PP andaluz. Quien disputó cuatro veces la presidencia de la Junta ejerció durante años un hiperliderazgo en el partido difícil de superar, ya que siempre tuvo peones que le guardaban el fuerte.

Foto: El líder del PP andaluz, Juan Manuel Moreno (c). (Reuters)

Moreno, que tuvo su bendición cuando pidió a Mariano Rajoy dar el paso de venirse a Andalucía y oyó aquel "tú lo has querido", decidió convivir con el líder popular sin confrontar, respetando su espacio de referente del partido para muchos militantes, con amabilidad, sin darle un espacio protagonista pero tampoco eliminándolo. "Moreno no es de matar al padre y tampoco tenía por qué hacerlo", agregan quienes están cerca del presidente andaluz. Le dieron un despacho en el Parlamento. Lo designaron senador. Acogieron a los suyos. Su eterno escudero, Antonio Sanz, es viceconsejero de Presidencia, junto a Elías Bendodo. Su discípula Patricia del Pozo es consejera de Cultura. En ambas plazas se han colocado todos los suyos. Conviven sin estridencias. Niegan, aseguran desde el PP andaluz, su influencia.

Ahora mismo la fractura entre el PP andaluz y Génova es mucho más profunda de lo que pudiera parecer. La desconfianza preside las relaciones entre ambos equipos. Antes de que estallara la guerra del PP de Sevilla, la dirección nacional ya encendió las alarmas. De nuevo por algo relacionado con Arenas. Aseguran que habían pactado remover al presidente del PP almeriense, Gabriel Amat, y renovarlo en su cargo. Estaba acorralado por numerosos frentes judiciales. Se encontraron con que Amat había anunciado su renovación en la presidencia del PP almeriense. Inmediatamente, Génova situó la mano de Arenas detrás de este movimiento. Lo mismo que dicen de lo que está ocurriendo en Sevilla, desde el primer minuto: "Es Arenas quien está detrás". Ahora Génova quiere que deje de ser senador. El PP andaluz dice que ni pensarlo.

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