la secretaria general no controlaba el aparato

Los audios de Villarejo ilustran la guerra de Cospedal y la vieja guardia de Génova

Los audios de las entrevistas entre Villarejo y Cospedal con su marido tienen en vilo a la dirección del PP por perjudicar el lanzamiento de Casado y la precampaña de las andaluzas

Foto: María Dolores de Cospedal sentada en su escaño del Congreso esta semana. (EFE)
María Dolores de Cospedal sentada en su escaño del Congreso esta semana. (EFE)

Los audios de las entrevistas entre Villarejo y María Dolores de Cospedal con su marido tienen en vilo a la dirección del PP, pero más por lo cerca que están las elecciones autonómicas en Andalucía y su lastre sobre el lanzamiento de Pablo Casado que por la antigua guerra interna en el partido que ilustran. Son las grabaciones que revelan hasta dónde llegó la inquina y la desconfianza entre la secretaria general y parte de la vieja guardia de la sede de Génova (y no solo a Javier Arenas), a la que nunca acabó de controlar pese a los 10 años en el cargo.

Además, los documentos sonoros dan fe de un secreto a voces, de la ascendencia de Ignacio López del Hierro sobre su mujer, al menos para los asuntos turbios. Es lo que más desconcierta a los veteranos del aparato, al conocer en diferido el grado de influencia sobre su exjefa de alguien ajeno al partido en las cuestiones más delicadas de la gestión de Génova.

Lo escuchado en los documentos sonoros contrasta con la imagen de mujer dura y por supuesto independiente que tenían de la exministra de Defensa. Suponían que López del Hierro se movía a su sombra "para medrar", pero no que participara como su mano derecha en la vida del partido.

En fuentes del PP reconocen que los audios también dan pistas del régimen de equilibrios internos que aplicaba Mariano Rajoy en Génova: plenos poderes aparentes para su 'segunda', pero siempre rodeada de vicesecretarios de su confianza personal: desde el propio Arenas en todos los comités ejecutivos que nombró hasta Fernando Martínez-Maíllo en la última etapa.

Cospedal conversa con Javier Arenas, José Manuel Barreiro y Pío García-Escudero en 2017. (EFE)
Cospedal conversa con Javier Arenas, José Manuel Barreiro y Pío García-Escudero en 2017. (EFE)

La pugna personal entre Cospedal y Arenas aparece durante 9 años en cada paso referente a nombramientos dentro del aparato nacional del partido, designación de candidatos autonómicos y municipales o filtración de datos comprometedores sobre asuntos internos. Desde la primera defensa que Rajoy hizo de Luis Bárcenas al choque de la secretaria general con el tesorero.

Del entorno de Cospedal salían los rumores que señalaban a Arenas como "protector", o incluso socio de Bárcenas, aunque el exvicepresidente del Gobierno, exministro y exsecretario general del partido no apareciera luego en investigación judicial alguna. Y en el entorno de Arenas surgieron las especulaciones sobre la pérdida de confianza de Rajoy en su 'segunda' y su 'inminente' destitución mediada la última legislatura larga.

Cospedal siguió de secretaria general y además fue nombrada titular de Defensa poco después, sin dejar cargo alguno hasta que Rajoy cayó con la moción de censura de junio pasado. Eso sí, llegó un momento en el que solo se fiaba, y a medias, de uno de los 5 vicesecretarios que le nombró Rajoy. La proporción fue a peor para la secretaria general cuando Martínez-Maíllo ascendió a coordinador general.

Arenas estaba de retirada desde que no logró hacerse con la presidencia de la Junta de Andalucía pese a ganar las elecciones en 2012, pero siguió ejerciendo su influencia en el PP regional en todos los movimientos internos. Y lo hizo desde su propia sucesión allí hasta a la pelea de las primarias para la sucesión de Mariano Rajoy del pasado verano, cuando se batió a favor de Soraya Sáenz de Santamaría mientras sus antiguos discípulos apostaban primero por Cospedal y después por Pablo Casado.

Cospedal dice ahora que habló con Villarejo porque estaba obligada a saber lo que el entonces comisario tenía sobre Arenas. El aludido, uno de los perdedores con el triunfo de Casado, ha preferido guardar silencio que es otra forma de observar desde la barrera cómo sale del trance su exjefa, muy tocada para seguir en la política.

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