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El PSOE se asoma al abismo en Andalucía y enciende las alarmas de Moncloa
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ELECCIONES 19-J

El PSOE se asoma al abismo en Andalucía y enciende las alarmas de Moncloa

Las encuestas apuntan a que el socialista Juan Espadas sacará 33 escaños, los mismos que Susana Díaz hace cuatro años. Un resultado por debajo de esa marca sería un fracaso para Sánchez, que orquestó la caída de su rival

Foto: Espadas y Sánchez el pasado enero, durante la presentación del primero como candidato a la Junta. (EFE/Pepe Torres)
Espadas y Sánchez el pasado enero, durante la presentación del primero como candidato a la Junta. (EFE/Pepe Torres)
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La barrera psicológica del PSOE en las elecciones de Andalucía se sitúa en los 33 escaños. Es el número de parlamentarios que consiguió Susana Díaz en los comicios de 2018, el peor dato de la historia y es justo lo que le otorgan los sondeos a Juan Espadas. Situarse por debajo de esa marca supondrá un gran fracaso, no solo para el candidato sevillano, sino para Pedro Sánchez, que forzó hace unos meses la salida de quien fue su gran rival. Los sondeos apuntan a una mayoría de la derecha en Andalucía. Las alarmas están encendidas en Ferraz, conscientes de que la batalla andaluza repercutirá en todo el tablero nacional.

Retroceder en Andalucía pondría en cuestión el liderazgo del candidato socialista, que dejó su puesto como alcalde de Sevilla para heredar el partido de Susana Díaz, y alimentaría el ruido interno a pocos meses de dos nuevos comicios: municipales y generales. Ambos serán en 2023 y los socialistas no tendrían tiempo para buscar grandes soluciones ante un posible desastre. Espadas fue el candidato aupado por la dirección federal, que forzó el adelantamiento de las primarias socialistas ante el escenario de elecciones anticipadas en Andalucía, que ya se barruntaba. Y también ante la resistencia que opuso la exsecretaria general para dar un paso atrás en un partido en fase de derrumbe, después de quedar cuestionada su autoridad tras el resultado electoral y su declarada insumisión al proyecto de Sánchez.

Foto: Juan Espadas, el pasado enero en Granada durante la presentación de su candidatura a la Junta. (EFE/Pepe Torres)

Los socialistas se han fijado como reto frenar el avance de la derecha en Andalucía, donde el PP de Juanma Moreno se ha beneficiado de la gestión de la pandemia y del desgaste de Sánchez en la dirección de otros muchos frentes, desde la inflación a sus pactos con los independentistas. Si Moreno revalida la Presidencia, se consolidaría en Andalucía, y los socialistas se adentrarán en un larga travesía en el desierto de la oposición tras haber protagonizado 37 años de gobierno. El PSOE, que alberga escasas esperanzas de sumar una mayoría absoluta con los partidos a su izquierda, necesitaría superar en votos al PP, aunque fuera al menos para forzarles a elegir un acuerdo con Vox.

"Aquí hay una guerra psicológica para construir el relato de que todo está hecho", se queja Espadas, quien sin embargo admite que Moreno tiene una posición dominante en estos momentos y que simpatiza con un amplio electorado en Andalucía a base de una estrategia moderada que se parece mucho a la que defiende el candidato de los socialistas.

Sin duda, el factor clave para que el PSOE obtenga unos resultados satisfactorios es la movilización. Y sobre ella girará la campaña electoral. El primer cálculo está claro: Espadas quiere recuperar a los 400.000 votantes socialistas que prefirieron quedarse en casa antes que dar su voto a Susana Díaz en 2018. Es cierto que la participación entonces fue muy baja, pues apenas superó el 58%, situándose cuatro puntos por debajo de los anteriores comicios y convirtiéndose en la segunda más pobre de la historia después de los de 1990. Y también que las provincias donde más creció la abstención fueron Sevilla y Jaén, los principales graneros socialistas.

Pero en estos momentos, el PSOE no tiene una posición fuerte prácticamente en ninguna de las provincias andaluzas. En Sevilla, por donde concurre el candidato y donde es más conocido, podría mantener su supremacía. Mientras que la situación más complicada estaría en Almería, donde el voto conservador está más asentado. En Málaga y en Cádiz, donde podría defenderse, Espadas chocará con las principales apuestas tanto del PP como de las fuerzas de izquierda. Juanma Moreno es el cabeza de la lista malagueña y la candidata de la nueva coalición Por Andalucía, Inmaculada Nieto, también concurrirá previsiblemente por la misma provincia, a pesar de ser de Cádiz. En candidaturas gaditanas figurarán como números uno Teresa Rodríguez, la líder de Anticapitalistas que ha optado por acudir con papeleta propia este 19-J, y el candidato de Podemos, que finalmente se ha unido a una confluencia aún por resolver, el guardia civil Juan Antonio Delgado. Su perfil disruptivo y feminista puede arrancar también muchos votos progresistas.

placeholder Espadas y Díaz. (EFE/Julio Muñoz)
Espadas y Díaz. (EFE/Julio Muñoz)

El PSOE se enfrenta a otros peligros en provincias como Huelva o Jaén, donde han surgido plataformas provinciales que podrían arrastrar también a un buen número de descontentos. Siguiendo el ejemplo de otros movimientos parecidos, como los surgidos en Soria y Teruel, la tendencia sería restar apoyos a las fuerzas más votadas históricamente y ahí el zarpazo sería también para los socialistas.

"Pero que nadie dude de que, si la izquierda se moviliza y participa, el que gana en el último momento soy yo", apunta Espadas. Sus palabras confirman que esta carrera hacia San Telmo será un verdadero esprint y que las expectativas socialistas están depositadas también en esos últimos días, donde toca acelerar tras un periodo de fiestas de primavera que ha amortiguado el ritmo político, y al que se ha sumado también el repunte de contagios por covid que ha dejado a ratos en suspenso la agenda del candidato.

Las cuentas del PSOE

Los socialistas apuntan que Moreno "va de sobrado" con las encuestas, que lo acercan cada vez más a una amplia mayoría. El PP solo ha ganado una vez unas elecciones autonómicas, en 2012, cuando Javier Arenas como cabeza de cartel obtuvo 50 escaños, pero el PSOE impidió su gobierno al unirse en alianza con IU. Espadas tiene ya hechas sus particulares cuentas. Y alimenta la confianza de que, consiguiendo un escaño más en cada provincia, en detrimento del PP y Cs, podría imponerse. Si se suman a los 33 diputados obtenidos en 2018 ocho más, el resultado sería 41. Mientras que si a los 26 escaños que sacó Moreno entonces, más los 21 que le aportó la candidatura de Juan Marín para formar gobierno se resta la misma cantidad, ocho, quedan solo 39. Pero las expectativas que maneja el PP, que contempla engullir por completo a los naranjas, son mucho más elevadas y rondan ya los 50 parlamentarios.

No obstante, el candidato del PSOE se autoconvence de que el triunfo puede estar a un tris y de que, si dar la vuelta a las encuestas no siempre es fácil, en algunas provincias el cambio podría depender de un puñado de votos. Así, recuerda cómo en las últimas elecciones la diferencia entre el último escaño asignado y el siguiente se quedó a poco más de 200 papeletas, en el caso de Huelva, o de 800 en Málaga.

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE/Julio Muñoz)

Demasiado simple. En el cálculo habría que calibrar cuál será realmente la subida de Vox, comprobar si puede duplicar los 12 diputados con los que irrumpió hace cuatro años, y observar la evolución de las izquierdas que, finalmente, concurrirán con dos papeletas distintas. El lío en el que está inmerso todavía este proceso de confluencia no invita a la movilización de este electorado. Cuando esto ha ocurrido en otros momentos electorales, estos votos se han traducido en abstenciones, pero los socialistas estiman que, en esta ocasión, podría favorecer una transferencia de votos al PSOE, apoyos útiles que serían la opción más válida para frenar el avance de Vox. El miedo a la derecha ha propiciado en otras ocasiones una mayor movilización, que coincide con los triunfos de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 o de Pedro Sánchez en 2019.

La fecha elegida esta vez tampoco favorece un mayor movimiento en las urnas, una circunstancia que hoy juega más a favor de Moreno que, como corresponde a los presidentes, es quien convoca las elecciones y selecciona el momento oportuno. Aunque no era la peor opción del calendario en este adelanto electoral, el 19 de junio estará marcado por un puente festivo tanto en Sevilla como en Granada, que celebran el jueves anterior la fiesta del Corpus. En las dos provincias se sitúan como cabezas de lista los adversarios más directos para el PP: Espadas y Macarena Olona, de Vox.

Más obstáculos

En contra de esta capacidad de movilización juega también el escaso grado de conocimiento de Espadas, cuyas expectativas de mejora han truncado el adelanto electoral. Entre las filas socialistas no se ha escondido estos meses atrás que Espadas necesita calentar en la banda durante cuatro años más antes de su asalto a San Telmo, es algo que todos parecen tener asumido. El otoño hubiera sido una mejor fecha para el socialista que, no obstante, ha agilizado los procesos para intentar llegar lo mejor preparado a este adelanto electoral. Cuatro años fue precisamente el tiempo que necesitó cuando, como ahora, el partido lo eligió candidato para el Ayuntamiento de Sevilla siendo prácticamente un desconocido y sin demasiada ayuda interna. Tras un rodaje más corto del previsto, y cuatro años en la oposición, el candidato creció hasta ajustarse bien el traje de alcalde frente a un rival, Juan Ignacio Zoido, que se había convertido en referente nacional en el PP tras lograr una mayoría absoluta aplastante que perdió en un solo mandato.

Foto: El candidato del PSOE a la Junta, Juan Espadas. (EFE/Salas)

Quienes mejor conocen a Espadas coinciden en que es muy improbable que el candidato tire la toalla ante una debacle electoral. Ya sufrió una en su etapa de alcalde y a medio plazo logró revertir el estado de opinión. Sí parece inevitable que unos malos resultados abran un debate interno, pero es extraño que el nivel de decibelios que pueda alcanzar haga saltar las costuras de un partido que todavía está apuntalado y donde el movimiento crítico ha quedado diluido.

A medida que se aproxima la cita con las urnas, las expectativas se van moldeando y los mensajes irán buscando el enfoque más adecuado, pero hay algo que en el PSOE aseguran que no va a cambiar: un candidato que dice a boca llena: "No voy a ser lo que no soy". Espadas es muy suyo, coinciden en el partido, que trabaja ya para entrar este fin de semana en una nueva fase, donde jugarán con la marca PSOE, fundamentalmente, combinada con la de un candidato del que nadie espera que arriesgue mucho más ni entre en estridencias. Al margen del discurso que se proyectará en los mítines y actos de campaña, en clave interna hay otro mensaje asumido: intentar que perder sea lo menos doloroso posible.

La barrera psicológica del PSOE en las elecciones de Andalucía se sitúa en los 33 escaños. Es el número de parlamentarios que consiguió Susana Díaz en los comicios de 2018, el peor dato de la historia y es justo lo que le otorgan los sondeos a Juan Espadas. Situarse por debajo de esa marca supondrá un gran fracaso, no solo para el candidato sevillano, sino para Pedro Sánchez, que forzó hace unos meses la salida de quien fue su gran rival. Los sondeos apuntan a una mayoría de la derecha en Andalucía. Las alarmas están encendidas en Ferraz, conscientes de que la batalla andaluza repercutirá en todo el tablero nacional.

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