Implicación de la Atención Primaria y más profesionales: las medidas estrella
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Borrador del Gobierno

Implicación de la Atención Primaria y más profesionales: las medidas estrella

El borrador del Ejecutivo sobre la Estrategia Nacional de Salud Mental recoge un paquete de 11 medidas, aún en una fase embrionaria y sin dotación presupuestaria

placeholder Foto: Unas 100 personas pintan en Menorca contra el estigma de la enfermedad mental. (EFE)
Unas 100 personas pintan en Menorca contra el estigma de la enfermedad mental. (EFE)

Once iniciativas a estudiar. Once puntos en los que incidir. Once recomendaciones que implementar. El Gobierno se ha propuesto incluir en la nueva Estrategia Nacional de Salud Mental una serie de orientaciones ante pandemias futuras. Aunque todavía difusas, las propuestas provisionales incluyen un refuerzo de la asistencia psicológica y psiquiátrica, en que cobraría especial protagonismo la Atención Primaria, el 'leitmotiv' del documento. Porque insiste en que haya más psicólogos en los centros de salud, pero también en la sensibilización sobre terapias grupales y en la opción de la teleconsulta. Y una medida fundamental: atender a los que atienden, es decir, a los sanitarios.

El borrador al que ha tenido acceso El Confidencial se apoya en una serie de encuestas y estudios para analizar el impacto de la pandemia en la mente de los ciudadanos y hace especial hincapié en las consecuencias agravadas entre las personas que tenían patologías previas. Trabajos con los que esboza una composición aproximada de una realidad aún muy reciente, pero en la que basa un proyecto que adquirió relevancia pública cuando el líder de Más País, Íñigo Errejón, expuso en el Congreso de los Diputados la necesidad de “ampliar las líneas de acción” en este ámbito sanitario.

Foto: Realización de test de antígenos en Madrid. (EFE)

El “refuerzo de profesionales de atención a la salud mental” es probablemente la sugerencia más sólida del paquete de actuaciones propuesto en el documento, a pesar de que no se especifica un número concreto de psicólogos, psiquiatras y terapeutas necesarios. No obstante, sí precisa que estos deberían desplegarse en un doble campo de acción: “El hospitalario, a través de la interconsulta, y en Atención Primaria, con la derivación a centros de salud mental”.

En el contexto exclusivo de la praxis, apuesta por aplicar “instrumentos operativos de intervención que sean útiles en estas circunstancias”, como por ejemplo “las terapias grupales, abordajes familiares o la teleconsulta”. Además, sostiene que se deben establecer “enlaces a diversos niveles asistenciales del sistema sanitario” para “abordar la atención integral a la población” y planificar el tipo de tratamientos con base en dos variables clave: “Las edades y etapas del desarrollo de los pacientes”.

El Ejecutivo apuesta por diseñar un "cuadro de mando" que agilice las decisiones

El Ejecutivo considera básico “diseñar un cuadro de mando [basado en indicadores de demanda y recursos] que permita una toma de decisiones y el desarrollo de medidas de forma ágil y precisa”, con el objetivo de lograr dar “una respuesta a las necesidades en tiempo real y su adecuado seguimiento en el tiempo”.

Foto: Imagen: Learte
Sin cita con el psiquiatra por el coronavirus: el tsunami en la salud mental
Ángela Bernardo María Álvarez del Vayo Olalla Tuñas Antonio Hernández

El texto recoge una serie de recomendaciones exclusivamente centradas en las consecuencias de la crisis del coronavirus en la salud mental, como puede ser “promover intervenciones que prevengan y aborden los efectos de la fatiga pandémica en la población y en los profesionales sanitarios”.

Sanitarios 'quemados'

La asistencia de estos últimos debe ser considera “prioritaria”, explican los autores del texto, que se apoyan en el análisis de 65 investigaciones realizadas en 21 países y que concluyen que estos trabajadores presentaban “prevalencia de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático”. Una encuesta elaborada por la Organización Médica Colegial profundizaba en sus posibles afecciones y constaba “un aumento en los problemas relacionados con el sueño” —de un 9,4% a un 33%, antes y durante la pandemia, respectivamente—, la multiplicación de casos del síndrome del quemado o ‘burnout’ o "el consumo de tranquilizantes o hipnóticos de un 18,6% a un 29,4% en el mismo periodo de comparación".

El plan proyecta estudios que anticipen las consecuencias de otra pandemia

Este plan de actuación, como es lógico, reclama “reforzar” los cuidados a la población adolescente con “problemas de mayor complejidad” y una asistencia más completa a los enfermos con patologías diagnosticadas, pues se considera que la pandemia ha sido especialmente dura para ellos. Y es que, en España, en el periodo de mayor incidencia del covid-19, aproximadamente un 6% de personas con algún trastorno mental grave requirió ingreso en una Unidad de Agudos; a lo que hay que añadir que un 20% habría precisado aumentar la medicación para afrontar los problemas emocionales y las descompensaciones.

El documento recoge que los implicados en el proceso de toma de decisiones deben impulsar y apoyarse en análisis y estudios que evalúen “cuál ha sido el impacto de la pandemia en los grupos sociales, localizar los factores que lo intensifican y llevar a cabo intervenciones para reducirlos en futuras situaciones similares”.

Foto: Lugar donde Samuel falleció en A Coruña tras recibir una paliza. (EFE)

Las mujeres, para las que el impacto de la pandemia ha estado “agravado por el desigual reparto de las tareas del hogar y de las cargas familiares y las dificultades de conciliación”, y los jóvenes son otros grupos de riesgo sobre los que pone la lupa la Estrategia Nacional de Salud Mental. Para explicar la necesaria atención a los adolescentes y veinteañeros, los redactores desgranan los datos de un trabajo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que apunta el contraste entre la “despreocupación” frente a la enfermedad y “su peor gestión de las respuestas emocionales y psicosomáticas”. Estudio en el que se refleja que las alteraciones del comportamiento que ha provocado la pandemia en este estrato social han sido “irritabilidad, nerviosismo, inquietud, desobediencia, incremento de respuestas agresivas, inhibición o retraimiento”.

En cuanto a los efectos generales, las distintas investigaciones coinciden en que se aprecia “una falta de interés o alegría por hacer las cosas y el aumento de personas con sensación de decaimiento”. Además, en los primeros meses de pandemia, también se incrementaron los problemas para dormir.

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