La atención primaria agoniza tras 10 meses: "Tratamos a gente que debería estar operada"
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La atención primaria agoniza tras 10 meses: "Tratamos a gente que debería estar operada"

La tercera ola y el retraso en las vacunas dificultan la atención en los centros de salud y la bola de enfermos crece. Hay miedo a un 'boom' de casos graves cuando remita el covid-19

Foto: Realización de test de antígenos en Madrid. (EFE)
Realización de test de antígenos en Madrid. (EFE)

Los médicos de atención primaria siguen tratando a los enfermos por teléfono, sin poder verlos personalmente para no saturar las consultas. En base a los síntomas que relatan al aparato, los médicos deben juzgar si todo está en orden o es necesario el ingreso hospitalario. Es un asunto muy delicado que requiere mucho temple y seguridad, pero que sin embargo se hace a destajo, casi sin tiempo entre una llamada y la siguiente por culpa del aluvión diario de casos de covid-19 que lo paraliza todo diez meses más tarde. Las jornadas terminan cuando ya es noche cerrada porque, dicen los médicos, "no podemos dejar a ningún paciente sin atender".

Los centros de salud soportaron esta anomalía durante todo 2020 con la esperanza de que 2021 sería distinto. Pero la gravedad de la tercera ola y el retraso en la vacunación es un golpe durísimo e inesperado: para los médicos y enfermeros, porque están ya agotados de doblar turnos, y no son pocos los profesionales que tiran la toalla y se retiran. Para los pacientes es duro porque por culpa del coronavirus llevan casi un año sin poder recibir un tratamiento óptimo.

Foto: Imagen a microscopio del SARS-CoV-2. (Reuters)

"A quien empeora de sus patologías, tenemos la capacidad para detectarlo y verlo. Una urgencia o algo sospechoso nunca deja de tratarse presencialmente", subraya Joaquín Morera, médico del centro de salud Mirasierra, en Madrid. "El problema son las personas que ante esta situación no consultan, gente que se nota un bulto y dice 'ya iré al médico cuando esto pase'; ahí puede que haya patologías que salgan a la luz todas de golpe, en estados más avanzados y con peores pronósticos. Aunque no hay tantos muertos como en marzo, seguimos en un estado de medicina de guerra".

"Por desgracia, van a multiplicarse las patologías en estado avanzado cuando pase la pandemia", confirma Inmaculada Cervera, coordinadora de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). "Ya nos llegan hoy pacientes jóvenes que los ves y tienen los ganglios muy inflamados, con dolores de garganta, y que se confirman en linfomas y otros tipos de cáncer. He tenido casos de personas de entre 40 y 45 años que han esperado en casa debido al confinamiento, porque como al principio no les dolía mucho tiraron de antiinflamatorios y cuando han venido a la consulta nos encontramos con un problema muy serio. Esto está ocurriendo y no debería, porque a pesar del covid los médicos podemos seguir explorando personalmente a cualquier persona que lo necesite".

placeholder Una cola para someterse a un PCR en un centro de salud. (EFE)
Una cola para someterse a un PCR en un centro de salud. (EFE)

Pese a los datos oficiales, que marcan una tendencia a la baja en la incidencia acumulada en toda España y sugieren que vivimos el pico de la tercera ola de coronavirus, Morera advierte que, al menos en su centro de salud, la incidencia sigue en aumento. "Seguimos ante una avalancha brutal. Hoy [por el jueves] he atendido a 32 pacientes en consulta covid en dos horas, eso es una barbaridad y es el doble de lo que había la semana pasada. La ola se está reproduciendo y ya sabemos que lo que la atención primaria ve hoy, lo verán los hospitales dos semanas más tarde. Es un aviso muy serio".

Los centros de salud siguen dedicando un 50-70% de sus recursos al coronavirus diez meses después

Cervera, que trabaja en Valencia capital, percibe que el aluvión se ha estabilizado en los últimos días, pero siguen llegando infectados en masa. Así, los centros de salud españoles siguen dedicando entre un 50% y un 70% de sus recursos humanos al coronavirus diez meses después de estallar la pandemia. Diagnostican casos, citan a contactos estrechos, practican pruebas PCR, rastrean a los positivos, elaboran y gestionan las bajas laborales; y, en el tiempo que les queda libre, han de atender urgencias médicas y hacer el seguimiento al resto de pacientes habituales. En otoño pudieron recuperar algo de normalidad, pero fue un espejismo. Con el virus descontrolado y el proceso de vacunación detenido, los médicos advierten que seguir así hasta el verano puede ser una catástrofe.

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Un sanitario controla la temperatura a un paciente en un centro de salud en Madrid. (EFE)

"Lo que no supone un riesgo para el paciente se pospone para más adelante. Al diabético, en lugar de controlarlo cada tres meses se alarga hasta los seis, y procuramos entre medias hacer consultas telefónicas. Lo mismo para otras enfermedades crónicas y para las analíticas. La consulta cada seis meses se pasa al año. Nos preocupa mucho que la pandemia se alargue tanto y que sigamos en este sistema tan anárquico en el que cada comunidad autónoma sigue protocolos distintos. Una catástrofe como esta no ha hecho que las administraciones doten de más recursos a la atención primaria, así que seguimos ejerciendo de primera línea de defensa contra el covid-19 con problemas de personal médico y de enfermería y cada vez más agotados", resume Lorenzo Armenteros, responsable de covid-19 de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (Semg).

Morera, por su parte, indica que los centros de salud asumen "casos que tenían que haberse operado, como patologías traumatológicas, artrosis de cadera y otros, que perjudican la calidad de vida de los paceintes. Viven más incómodos y con más dolores durante más tiempo a la espera de la cirugía. Si eso no se resuelve es muy perjudicial, y vemos ya como muchos hospitales vuelven a practicar solamente cirugías prioritarias por la presión del coronavirus. Los pacientes te explican que les cancelan las cirugías o no les dan información y se desesperan".

Los casos de cirugías no urgentes que se posponen se acumulan tras tantos meses y los pacientes sufren una peor calidad de vida

"Aunque los tengamos clínicamente controlados, no es bueno para los pacientes crónicos esta dinámica de confinamiento", advierte la doctora Cervera. "El sedentarismo, la ansiedad, la incertidumbre y el miedo provocan que mucha gente con diabetes se esté descompensando, o altera a las personas con cardiopatías e hipertensión. Esta forma de vivir, que parece que se va a alargar todavía varios meses, no favorece en nada a que las patologías crónicas vayan bien. Incluso para la gente mayor, para quienes la visita al centro de salud es parte de su vida social, los perjudica estar aislados en casa sin poder ver a nadie en todo el día".

Foto: Olatz, después de raparse el pelo tras la quimioterapia. (Foto cedida)

Armenteros lamenta que el reforzamiento de la atención sanitaria para hacer frente a esta tercera ola salvaje vuelve a recaer sobre las espaldas del personal, que casi dobla turnos para cumplir con su agenda de visitas. "Podemos atender a todos los pacientes gracias al compromiso de los profesionales, que salen a comer a las 5 de la tarde o trabajan hasta las 10 de la noche para no dejar a ningún paciente sin atender. Estamos sobrecargados y manejando diariamente una gran incertidumbre, ya que a través del teléfono debes saber cómo evoluciona ese paciente y no puedes correr el riesgo de no derivarle al hospital si es necesario. También vemos mucha reticencia de los pacientes a ser hospitalizados, muchos deciden esperar en sus domicilios y eso nos obliga a estar muy atentos en el control de las enfermedades. Los médicos vivimos esta prolongación de la pandemia con resignación, aunque estemos enfadados o deprimidos no tenemos otra opción que asumirlo a la espera de un horizonte mejor gracias a la vacuna".

El estado de excepción que vive la atención primaria ha traído al menos algo bueno y que llega para quedarse: la telemedicina. El seguimiento de los pacientes con cuadros muy controlados aligera las consultas y entorpece menos la vida diaria de los afectados. "Para pacientes jóvenes que trabajan, o para personas con factores de riesgo que es mejor que no vengan al centro de salud, la telemedicina nos permite emitir bajas médicas, ver analíticas y placas, gestionar la medicación y rebajar el volumen de visitas presenciales, mejorando la calidad", explica Cervera.

Sin embargo, las lecciones de esta pandemia caerán en saco roto si no se aumentan los efectivos y se mejoran las condiciones laborales en nuestra salud pública. Tras 15 años de recortes sostenidos, no hay motivos para ser optimistas en este sentido.

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