España abre un periodo de transición con Gibraltar con la ambición de derribar la Verja
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SE ALEJA EL BREXIT DURO

España abre un periodo de transición con Gibraltar con la ambición de derribar la Verja

Por delante quedan seis meses decisivos para un nuevo estatus en la colonia británica, se celebra una oportunidad "histórica" con su integración en Schengen con tutela española

placeholder Foto: Ciclistas pasan por la frontera con Gibraltar, en la Línea de la Concepción, Cádiz. (EFE)
Ciclistas pasan por la frontera con Gibraltar, en la Línea de la Concepción, Cádiz. (EFE)

Un suspiro de alivio y un soplo de esperanza recorrió el Campo de Gibraltar y la propia colonia británica. Quedaban solo diez horas para que el Peñón fuera protagonista del único Brexit caótico en la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Se esfumó la amenaza tras seis meses y dos noches en vela de una negociación difícil. Por delante, otros seis meses que serán vitales para encarrilar el nuevo estatus del Peñón.

El anuncio de la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, de un principio de acuerdo para que Gibraltar se integre como territorio Schengen, con el aval de España y el control de Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, convirtió el último día de un año fatídico, 2020, en una brisa de esperanza para una zona deprimida y golpeada por el paro. La ambición es derribar del todo la Verja y que los controles se limiten a puerto y aeropuerto gibraltareños. En términos de Exteriores “tenemos la base para construir una zona de prosperidad compartida”. El apartado fiscal, uno de los más delicados y una de las prioridades del Ejecutivo español durante las negociaciones, tardará aún unas semanas en ser ratificado y ha quedado, de momento, en manos de las autoridades gibraltareñas.

Foto: Rueda de prensa de Arancha González Laya (EFE)

“No ha sido fácil y hemos llegado al límite. Creo que todos los que participamos en las negociaciones sentimos la cuchilla cortándonos las carnes cuando terminamos los acuerdos en las primeras horas de esta mañana”, señaló el primer ministro de Gibraltar, Fabián Picardo, en una de esas comparecencias en inglés 'llanito', con traducciones oficiales al español tan peculiares como la anterior. Advirtió de que el reloj ha dejado de contar pero que siguen “en la cuerda floja porque quedan muchos cabos sueltos que resolver con muy poco tiempo”.

“No hay ningún aspecto del marco acordado que transgreda de alguna manera las posiciones de Gibraltar sobre la soberanía, la jurisdicción o el control”, recalcó Picardo, al que en el lado español todos aplaudieron como uno de los mayores facilitadores del acuerdo en el bando de Reino Unido. Los gibraltareños votaron en un 95% a favor de continuar en la Unión Europea en el referéndum de 2016.

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Laya, en la negociación.


Un balón de oxígeno

En la comarca del Campo de Gibraltar, alcaldes, empresarios, trabajadores o sindicatos entonaron al unísono la bienvenida a un acuerdo del que piden conocer detalles y letra pequeña. A falta de una lectura más sosegada y de que se perfilen muchos flecos, por primera vez en décadas, admiten en la zona, se abre la oportunidad de que desaparezca esa frontera que ha lastrado oportunidades a ambos lados pero, sobre todo, en el español, con una de las comarcas andaluzas más apaleadas y con peores índices socioeconómicos. Quedan muchas cuestiones enquistadas y no es la panacea, aclaran los afectados, pero da oxígeno. Los alcaldes reclaman ir a una situación económica que rompa la dependencia del Peñón pero la realidad es la que es.

Foto: Paso fronterizo con Gibraltar desde la Línea de la Concepción. (EFE)

“Quizás desde otros lugares de España prefieran mirar hacia otro lado pero la realidad es que hay un dependencia económica de la comarca del Campo de Gibraltar del Peñón y que este acuerdo es la mejor noticia posible”, consideró el alcalde de San Roque, Juan Carlos Ruiz Boix (PSOE). “Se disiparon los mayores temores”, sentenció. El regidor de La Línea, Juan Franco (La Línea 100%), señaló igualmente que el anuncio es “un balón de oxígeno”. Se acabó la “incertidumbre brutal” de los últimos meses. La situación hubiera sido muy complicada en el caso de un cierre duro de la frontera. La comarca lo conoció, junto a sus devastadores efectos con el cerrojazo que ordenó Franco, en 1969, y que duró hasta la apertura total en 1985. La Junta de Andalucía, de PP y Cs, también celebró la noticia. La ministra González Laya telefoneó al presidente Juanma Moreno antes de comparecer.

El alivio fue la nota predominante ante la amenaza del cierre de una frontera que cada día ve pasar unos 15.000 trabajadores transfronterizos. La fluidez en esa frontera es fundamental para la economía de la zona. Comercios, bares, restaurantes y muchas pequeñas y medianas empresas no podrían mantenerse sin Gibraltar. Un informe de la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar cifró su impactó en PIB de la zona en un 24%, 695 millones de euros. Si el paro entre los 32.000 ingleses del Peñón es de un 1%, en la localidad fronteriza de La Línea (63.352 habitantes) alcanza el 35%. A un lado y otro de la Verja hay una de las brechas en renta per cápita más demoledores del mundo.

La visita de la ministra

El pasado julio la ministra de Asuntos Exteriores visitó la comarca del Campo de Gibraltar. Dos días en los que conoció de primera mano la necesidad perentoria del acuerdo. Se reunió con alcaldes de forma oficial y en un almuerzo privado. Estuvo en La Línea y Algeciras, donde se entrevistó con la mancomunidad de municipios. La gran sorpresa fue su encuentro con el primer ministro de Gibraltar. Fue media hora en un hotel de Algeciras y se informó al término. Treinta minutos con Picardo, aseguran fuentes de la negociación, vitales. Dos meses después, en septiembre, se puso sobre la mesa que la colonia se integrara en territorio Schengen. Una opción “rupturista” con todo lo que se había planteado hasta entonces y que finalmente ha salvado el consenso.

Las dificultades de la negociación han estado en cómo y quién controlaba la entrada de personas y mercancías a Gibraltar

Las dificultades de la negociación han estado en cómo y quién controlaba la entrada de personas y mercancías a Gibraltar. España era la garante ante los otros 26 socios de la entrada de la colonia británica en ese acuerdo Schegen y como avalista reclamaba control de la frontera. El Peñón se negó en todo momento a la presencia de policía española, ni siquiera en el primer periodo transitorio de seis meses. Consideraba que sería una cesión en su soberanía, algo intocable para Reino Unido. Finalmente, los próximos cuatro años, será Frontex quien asuma la vigilancia. Gibraltar no quería uniformes de la policía española ni en el control de pasaportes ni el de mercancías.

Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores enfatizan también que los próximos seis meses supondrán un periodo de prueba. Un periodo transitorio que será como un contrato en pruebas y que permitirá que se acabe unilateralmente en cualquier momento si una de las partes no está convencida, señalaron desde el equipo negociador. El principio de acuerdo se ha trasladado a Bruselas y tardará aún en ratificarse.

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Laya, en la negociación.

Arranca una fase “artesanal” de elaboración del texto al mismo tiempo que España trata de hacer equilibrios durante los próximos meses para facilitar la situación en Gibraltar, especialmente en la frontera, sin llegar a cometer ninguna infracción en asuntos sensibles, pero utilizando la flexibilidad que otorga el código Schengen sin llegar a estirarlo demasiado. “Tenemos que cuidar este acuerdo para que tenga vida, porque es muy frágil”, señalaron fuentes de Exteriores. Los próximos meses serán claves: una vez Madrid y Londres han alcanzado un pacto ahora es el turno de que Bruselas haga la orfebrería legal. Hasta que ese trabajo esté concluido el acuerdo estará haciendo equilibrios en el alambre.

Recuperar posiciones tras 30 años

Esta negociación era especial para España porque llevaba guardando una “venganza” desde hacía tres décadas, cuando el Gobierno británico obligó al español a tragar muchos sapos y a hacer muchas cesiones sobre Gibraltar antes de permitir su entrada en el club comunitario en 1986. Cuando el Reino Unido votó a favor de abandonar la Unión en 2016, en Madrid comenzó a gestarse la operación para volver a “equilibrar” la balanza.

placeholder España y Reino Unido llegan a un 'principio de acuerdo' para derribar la verja de Gibraltar. (EFE)
España y Reino Unido llegan a un 'principio de acuerdo' para derribar la verja de Gibraltar. (EFE)

La negociación respecto a Gibraltar se dividía en dos partidas o fases distintas. Por un lado, España logró el derecho de veto a la aplicación de cualquier acuerdo de divorcio entre la UE y el Reino Unido sobre el Peñón, que finalmente autorizó; por otro lado logró desvincular a la Roca de cualquier acuerdo de relaciones futuras que se negociara durante el periodo transitorio entre la UE y Reino Unido. En cambio, Madrid y Londres negociarían, mano a mano, de forma bilateral, un acuerdo concreto para Gibraltar que después sería "traducido" al lenguaje legal de un Tratado por la Comisión Europea.

Madrid y Londres, mano a mano

Por primera vez en tres décadas, Madrid contaba con el respaldo total de la Unión Europea. Es la diferencia entre estar dentro y fuera del club. Eso había jugado a favor de Londres en los años ochenta, apretando las tuercas al Gobierno español, y ahora las tornas se han invertido.

Ya bajo el Gobierno de Mariano Rajoy se decidió que lo pragmático era no entrar en el asunto de la soberanía compartida, algo que habría embarrado las conversaciones y habría complicado los objetivos reales y alcanzables. Esa estrategia se mantuvo con el cambio de color en el Ejecutivo cuando Josep Borrell llegó al ministerio y cuando lo ha heredado Arancha González Laya. En cambio apostaron por peticiones concretas en materia fiscal, medioambiental y sobre el control de las fronteras.

España ha cumplido con los tres objetivos que una fuente diplomática señalaba hace meses. Por un lado ha logrado una cierta “responsabilidad compartida” sobre el Peñón. En su intervención este 31 de diciembre, González Laya señalaba que la participación de Gibraltar en programas europeos se hace "con la intermediación y el apoyo de España, con España como responsable". Y esas son las palabras clave para el Gobierno. En segundo lugar la idea de “prosperidad compartida” con el Campo de Gibraltar, que ha sido el perdedor en muchas ocasiones de las cesiones ganadas por la Roca en 1986; y en tercer lugar establece las bases para una cooperación en materia de seguridad y defensa.

El precio del Brexit ha sido alto para el Reino Unido no solamente en materia económica, sino también en soberanía

El precio del Brexit ha sido alto para el Reino Unido no solamente en materia económica, sino también en soberanía. Ha hecho que dos enclaves fundamentales a nivel político para Londres, la provincia británica de Irlanda del Norte y la colonia de Gibraltar, hayan pasado a estar en la órbita de influencia de la Unión Europea de forma clara y se hayan alejado de Londres: el Ulster se integra más en la República de Irlanda, algo tabú en Westminster hasta hace poco, y España asume responsabilidades sobre el Peñón, hasta ahora otra línea roja tanto del Gobierno gibraltareño como del británico. Queda mucho por delante pero el alivio se respira este 1 de enero de 2021 en la comarca campogibraltareña.

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