En primera persona: "Tenía 4 años cuando pasé la gripe de 1918. Yo me quedo en casa"
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"ME PARECE QUE NO ME VAN A DOBLEGAR"

En primera persona: "Tenía 4 años cuando pasé la gripe de 1918. Yo me quedo en casa"

Rafael Martínez acaba de cumplir 106 años. Vive en Córdoba y es uno de los escasos supervivientes españoles de la pandemia de hace un siglo. "No tengo miedo", proclama

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Estoy estupendamente. Me llamo Rafael Martínez, vivo en Córdoba, tengo 106 años y hace poco me organizaron una fiesta de cumpleaños. Soplé las velas. Yo tenía cuatro años cuando llegó la gripe española. Aquello mató a mucha gente. Mi padre la pasó, yo era muy chiquitito. Nunca me habló de la gripe aquella. Ahora tengo claro que hay que quedarse en casa.

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Porque tengo ya esta edad… Si no… A mí me gustaría ayudar a los que más sufren. Me parece que no hay una gripe que sea capaz de doblarme. La realidad es que no tengo miedo. Llevo 10 días sin salir. No estoy contento, porque es una gripe mala la que tenemos y están muriendo muchas criaturitas.

En casa éramos una familia muy grande. Yo nací en Jerez. Mi abuelo era guardia civil en un pueblo de Córdoba. Mi padre era el administrador de una marquesa y era un manitas. Sabía hacerlo todo muy bien. Desde muy niño, ya con siete años, tuve que empezar a ganarme el pan. Guardaba cerdos. La escuela es el capital más grande que tiene una persona, todo lo que sea saber es bueno. Para mi desgracia, yo nunca fui al colegio y eso me ha provocado un gran sentimiento de pena durante toda mi vida.

Foto: Cristina Díez. (Foto: Hospital Gregorio Marañón)

Pertenezco a la quinta del 35. Cuando empezó la Guerra Civil yo llevaba tres meses en el Ejército. Estaba destinado en Palma. En el segundo reemplazo del 35 se incorporó un chico joven, de Jerez, como yo, aunque no me había criado allí. En el cuartel le dieron una taquilla junto a la mía. Siempre íbamos juntos de un lado para otro.

Una tarde sobrevoló Palma una avioneta de la República, que procedía de Barcelona. Tiraba octavillas llamando a la movilización contra los franquistas. Yo tomé una, la leí, y la tiré. Mi amigo, en vez de tirarla, se la guardó. Un indeseable criminal que era subteniente dio el parte a los superiores que se la había guardo. Fue detenido de inmediato y al día siguiente lo fusilaron. Recuerdo que Verdera, así se apellidaba, fue quien iba denunciando al que le pillaba con una octavilla comunista o al camarada que hablaba en el bar con unos amigos y le acusada de ser un 'rojo'.

El Partido Comunista

De adolescente viví en Écija (Sevilla) y en Valencia también estuve unos cuantos años. También me fui a trabajar temporalmente a Francia para plantar arroz. Allí encontré a unos patronos que tenían una finca. Talé árboles, plantaba naranjos y segaba. En las navidades de 1962, todos mis hermanos y yo (uno vivía en Alemania) fuimos a pasar las vacaciones a Jerez. Alquilamos un local para pasar la Nochebuena. El día 22 de diciembre tuve un accidente de automóvil y fallecieron mi mujer, tres de mis hijos y mi suegro.

Puedes calcularte lo que supuso para mí ese golpe de mi vida. Estuve 11 años solo. Luego me casé con una camarada del Partido Comunista, del grupo de españoles que estábamos en Aviñón. Estuve casado 43 años con Ana. Ella murió hace cuatro años. Tenía 83.

placeholder Rafael, a la derecha de la imagen, con el poeta Marcos de Ana (en centro), su amigo.
Rafael, a la derecha de la imagen, con el poeta Marcos de Ana (en centro), su amigo.

Me quedó una niña que vive en Málaga y ella ya está jubilada. Sus ideas eran libres. Mi hija estuvo en París. Estuvo seis meses en la Unión Soviética. Estando allí, con mi hija, tuve la mala suerte de caerme de un tejado a una altura de ocho metros. Estuve tres meses postrado en una cama.

El Partido Comunista ha sido mi vida. Pertenezco al PCE desde los 16 años, cuando vivía en Écija con mis padres. Fue mi padre quien me llevó a la Casa del Pueblo. Primero fui del PSOE y luego, cuando se crearon las Juventudes Comunistas, me apunté y sigo en el PCE.

Ahora, con el confinamiento, me levanto tardecito, a las 8:30 o 9:00 de la mañana. Almuerzo sobre las dos y luego me echo una siesta. Ahora lo que hago es dormir, pero eso no es bueno porque hay que estar luchando por lo que nos quieren quitar, luchar por la libertad de España y de los españoles; sin molestar, ni denunciar a nadie.

"No tengo muy claro el futuro de España. Lo veo muy oscuro. Yo ya soy algo mayorcito y me parece que no me quedará mucho"

Yo como de todo. Antes del coronavirus, desayunaba un café con leche en casa y luego me iba al bar La Campera donde paso la mañana. Ahora Magni y Vicente, amigos míos desde hace 35 años, son los que me arreglan, me lavan la ropa y limpian la casa. Están pendientes de mí. Soy un abuelo privilegiado a pesar de mi soledad y la falta de mi familia y mis amigos he encontrado un matrimonio que me quiere.

No tengo muy claro el futuro de España. Lo veo muy oscuro. Lo peor son los que no tenemos un duro y no tenemos un sueldo. Somos los que siempre nos hemos levantado muy temprano por un coscurro de pan y hemos trabajado de día y de noche. Eso lo he sufrido, lo sufrió antes otra gente y ya veremos. Yo creo que ya voy a sufrir poco porque soy algo mayorcito... me parece que no me quedará mucho, pero lo que venga aquí estamos para recibirlo y siempre, siempre, siempre, siempre, mientras que pueda hablar, defendiendo a mi clase obrera.

"Color de oro que enciende la sangre"

Tengo el gran orgullo de que me moriré siendo comunista por muy feo que lo vea la gente. No hay ideas malas si el que las lleva es una buena persona. Tuve que tirar mi primer carné del PCE en una alcantarilla del Paseo del Borne de Palma para que los franquistas en Mallorca no supieran que era comunista, pero mis ideas nuncas las he tirado.

¿Lo que recomiendo? Yo que soy ahora un monje, pero un monje comunista, estoy aguantando gracias a beber vinito blanco de Montilla que tiene color de oro, enciende la sangre y brilla y vale más que un tesoro. Y si pudiera salir a ayudar a la gente que lo está pasando tan mal... pero si mis años no me lo permiten y me han dicho que yo me quede en casa, yo me quedo en casa.

[Agradecimientos a Alfonso Alba y Carmen Reina, periodistas de 'Cordópolis', quienes pusieron en contacto a El Confidencial con Rafael Martínez].

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