Historia de España

Sangre en los escaños: los 130 diputados (de ambos bandos) asesinados en la Guerra Civil 

La contienda española desató una persecución también en las cortes, rivales políticos de toda afiliación e ideología que acabaron en las tapias y las cunetas

Foto: Jose Calvo Sotelo, primera víctima política antes de la sublevación del 18 de julio.
Jose Calvo Sotelo, primera víctima política antes de la sublevación del 18 de julio.

"Los milicianos se apoderaron del registro y fueron escudriñando los nombres que más les sonaban, buscándolos uno a uno por el laberinto de galerías y celdas, y apartándolos en un banco. Después los bajaban a un sótano y los fusilaban". De esta forma relataba Manuel Azaña los terribles comienzos de la Guerra Civil y los asesinatos indiscriminados que se dispararon en agosto de 1936 contra los rivales políticos.

"Así perecieron más de treinta, bastantes de ellos personas conocidas (Conocidas o no, la atrocidad sería la misma, pero se agravaba el caso desde el punto de vista político) De las autoridades de Madrid, quien estuvo bien fue el ministro de Gobernación, general Pozas, que hizo cuanto pudo parar restablecer el orden. Otros brillaron por su ausencia. Cuando los magistrados, con el presidente, se presentaron en la cárcel, todavía sonaban tiros".

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Como apuntaba Azaña, la gravedad desde el punto de vista político era notoria: el inicio de la guerra desató una persecución también en la esfera de los diputados de las cortes, rivales políticos de toda afiliación e ideología, que acabaron en las tapias y las cunetas. La violencia política y el total de asesinados como resultado de pertenecer a un partido con representación en el parlamento, ha sido el tema que ha leído en su ingreso en la Real Academia de la Historia el catedrático de Historia Contemporánea por la Universidad de Granada, Octavio Ruiz Manjón, quien formara parte del comisionado del Ayuntamiento de Madrid para el polémico proyecto de renombrar las calles en la aplicación de la ley de Memoria Histórica, aprobada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2007.

Cadáver de José María Albiñana, fusilado en la cárcel Modelo.
Cadáver de José María Albiñana, fusilado en la cárcel Modelo.

En total fueron asesinados 150 diputados y exdiputados del periodo 1931-1936, con prácticamente el mismo número de víctimas en ambos bandos: 77 en el republicano y 73 en el nacional. El primero de la lista, según Octavio Ruiz Manjón, habría sido José Calvo Sotelo, ahondando precisamente en la polémica que se creó cuando la consejera de cultura del Ayuntamiento de Madrid, Celia Mayer, del gobierno de la ex alcaldesa Manuela Carmena decidió quitar la placa conmemorativa al líder de Renovación Española en la Plaza de Castilla, que se tuvo que recolocar ante las protestas de no haber sido fusilado durante la Guerra Civil, sino antes.

La primera víctima

Para Manjón, en cambio, José Calvo Sotelo "había sido asesinado en unas condiciones tan atroces que si no provocó la sublevación de los militares como a veces se ha querido hacer creer, encendió los ánimos de muchas personas que dieron ya por imposible la convivencia civil entre españoles (...) al que no sería descabellado considerar la primera víctima de la Guerra Civil" -O. Ruiz Manjón 'Violencia Vs Representación Los diputados de las cortes de 1936, víctimas de la Guerra Civil Española'-.

Sin duda, el asesinato del líder de Renovación Española, primera víctima de la Guerra Civil o no, fue el momento álgido de la violencia durante la Segunda República después de la revolución de Asturias de 1934 y significó un cambio definitivo en la creciente espiral de violencia.

Ángel Galarza, diputado del PSOE: "Contra el jefe de los fascistas, la violencia es legítima y se puede llegar al atentado personal", 1 de julio de 1936

Según recoge el propio diccionario biográfico de la RAH, el 1 de julio de 1936, diez días antes de ser asesinado en Madrid, protagonizó una trifulca en la sede del parlamento con sus rivales del PSOE: "Los abucheos no permitieron a los taquígrafos recoger sus últimas palabras y a punto estuvo de reproducirse la trifulca de sesiones anteriores, pero el presidente consiguió poner orden, e intervino Ángel Galarza para decir que los socialistas eran enemigos de la violencia personal, pero contra quien quería ser el jefe del movimiento fascista español y conquistar el poder por la fuerza para meterlos en la cárcel, “la violencia es legítima y se puede llegar hasta el atentado personal” (L. Romero). El presidente ordenó que las últimas palabras no fueran recogidas por los taquígrafos".

PSOE y CEDA: condena a muerte

La mayor parte de los asesinatos se dieron en Andalucía y Madrid, por los nacionales y republicanos respectivamente y también sorprendentemente en una pequeña provincia como Ciudad Real, en la que fueron asesinados casi una decena de diputados de la derecha, además de Galicia, en la que cayeron una cifra similar de representantes de la izquierda. Andalucía fue el lugar donde la represión nacional fue más cruenta, con casi la mitad de todos los fusilados por los nacionales mientras que Madrid fue el lugar más peligrosos para los militantes de la derecha.

Los sucesos de la cárcel Modelo en agosto de 1936 que relataba Azaña fueron especialmente significativos: si el asesinato de Calvo Sotelo ha sido uno de los acontecimientos más discutidos de la Guerra Civil o el final de la Segunda República, los sucesos de la cárcel Modelo, aún antes de las sacas de Paracuellos, significaron para el bando republicano un descrédito internacional y la sensación de que el gobierno y las instituciones habían perdido el control en la capital.

Entre los políticos que perdieron la vida se encontraba nada menos que el antiguo mentor de Manuel Azaña, Melquíades Álvarez del Partido Reformista o el ultraderechista José María Albiñana del Partido Nacionalista Español, lo que denota que no hubo una gran diferencia a la hora de ser asesinado entre los moderados y radicales.

Melquíades Álvarez.
Melquíades Álvarez.

Lo mismo ocurrió en el bando nacional, en donde la mayoría de los políticos asesinados fueron del PSOE, muchos de ellos del ala más moderada, mientras que las siguientes formaciones en cuanto a número fueron Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, y Unión Republicana, de Martinez Barrio, que podrían considerarse de centro izquierda.

Por el bando nacional, la mayor parte de las víctimas militaban en la CEDA, lo que no es extraño ya que era el partido con más representación pero según Manjón y otros autores no existe una correlación entre muertes y radicalismo, aunque en este caso sí se puede entrever una motivación especial con los dirigentes significados religiosamente.

José González y Fernández de la Bandera antiguo alcalde de Sevilla y militante del PSOE fue fusilado por impedir el intento de golpe de Sanjurjo en 1932

Como era de esperar, el estallido de la Guerra Civil sirvió en muchos casos de mera justificación para ajustar cuentas del pasado, lo que se produjo en muchas localidades y que podría explicar el alto índice de asesinatos en Toledo, Ciudad Real y Galicia. Es sintomático el caso de la fallida Sanjurjada, el golpe del general José Sanjurjo cuatro años antes en 1932.

Inmediatamente cayó el diputado socialista José González y Fernández de la Bandera quien había suido entonces alcalde de Sevilla y que ayudó a frustrar entonces el pronunciamiento. El que fuera en cambio el abogado defensor precisamente de Sanjurjo tras el fallido golpe de Estado, Luis Barrena y Alonso de Ojeda, fue también fusilado por los nacionales en Galicia, porque tras pasar por las filas de una candidatura monárquica en 1933 se pasó al año siguiente al partido de Diego Martínez Barrio, Unión Republicana.

Según Octavio Ruiz Manjón, la principal diferencia entre las víctimas de ambos bandos radica en que la mayoría de asesinatos en lado republicano se cometieron sin juicio previo, mientras que en el nacional fueron más habituales los juicios sumarios, lo que podría indicar que las víctimas de los partidos de la derecha no fueron tan premeditadas como las de los sublevados. Por otra parte, la cifra final de muertes estaría incompleta sin los 19 diputados izquierdistas que fueron fusilados tras la Guerra Civil.

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