ASÍ VIVEN LA CUARENTENA

En primera persona: "Mi hijo tiene autismo y me han gritado por salir a la calle"

José Manuel Barbe explica cómo vive el confinamiento con su hijo Adrián y pide respeto ante la necesidad que tiene de salir de casa

Foto: José Manuel Barbe, con su hijo Adrián.
José Manuel Barbe, con su hijo Adrián.
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Soy José Manuel Barbe, tengo 34 años y vivo en Leganés (Madrid). Mi hijo se llama Adrián, tiene autismo y, a sus nueve años, no tiene forma de comunicarse con los demás y es muy difícil explicarle el confinamiento por el coronavirus. Cuando se pone muy nervioso, puede llegar a autolesionarse y lo estamos pasando especialmente mal con la cuarentena.

Adrián está acostumbrado a hacer deporte, como natación, y actividades extraescolares todos los días. Es hiperactivo y, a pesar de estar medicado, necesita sacar esa energía. También hace terapia para fomentar su capacidad de comunicación y para que gane en autonomía. Ahora mismo, no puede hacer nada de eso. Hemos hablado con los profesores y terapeutas, y estamos haciendo actividades en casa, pero como a la mayoría de los niños, no le gusta hacer deberes. Si no sale a la calle, no hay forma de que se relaje.

Adrián está acostumbrado a hacer deporte y actividades extraescolares todos los días. Es hiperactivo y necesita sacar su energía

Es un niño muy cariñoso, estos días estaba feliz porque, debido al teletrabajo, me tiene todo el día en casa y eso le gusta, pero no había estado fuera desde el último día de clase, el martes 10 de marzo. Aunque sabemos que existe una excepción para que personas como Adrián puedan estar fuera de casa, lo intentábamos evitar. Sin embargo, llegamos al pasado domingo y vimos que cada vez estaba más nervioso. Por eso, decidimos que era el momento de que pudiera desfogarse un rato.

Bajé con él e intenté no quedarme en la calle, porque hay muchos elementos urbanos y él lo suele tocar todo, así que nos fuimos a una pista de baloncesto vallado, y con un patinete para que tuviera las manos en él todo el rato. Durante nuestro paseo de unos cuatro o cinco minutos nos cruzamos con muchas personas que iban a la compra o paseaban a sus perros. Cuando llegamos a la pista, varios vecinos de bloques cercanos empezaron a gritarnos cosas como que yo era un sinvergüenza. Les respondí que mi hijo tiene autismo, pero no tengo por qué gritar lo que le sucede a mi hijo y dejé de contestarles. Fue aumentando el tono y el nivel de los insultos. Pasados 10 minutos, llegó la patrulla de la Policía, les expliqué lo que nos pasaba, que tenía el justificante médico, y ellos lo entendieron y no pusieron ningún problema.

Una vecina, la que más gritaba, se indignó porque me dejaban allí. Entiendo que buscaba que me detuvieran. A mí no me afectó. Mi hijo se quedó extrañado, pero al menos no es susceptible a los ruidos, que es una de las características comunes del autismo. Sé que a otra persona con autismo esos gritos le podrían haber afectado demasiado e, incluso, generar una crisis grave. Creo que no hay ningún motivo que justifique resolver una situación que no se entiende desde fuera gritando desde una ventana.

Después de lo que nos pasó, decidí difundir un vídeo en Twitter contando lo sucedido y me han llegado mensajes de familias que han vivido situaciones parecidas. La gente no es consciente de lo que implica vivir con alguien que tiene un trastorno así o una enfermedad mental. Nosotros queremos muchísimo a Adrián, pero cualquiera que vive con alguien en sus circunstancias sabe que hay que hacer un esfuerzo extra. Hay padres que se quejan de que sus hijos se mueven mucho en casa, y para nosotros esto requiere un esfuerzo mental y físico más alto. Es difícil cuando la ansiedad va creciendo día a día. Intento mantener la esperanza y las energías, pero es complicado no ver el final.

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