Crisis de los refugiados: Salvan vidas y se les juzga por tráfico de personas: los bomberos sevillanos de Lesbos
ayuda a refugiados

Salvan vidas y se les juzga por tráfico de personas: los bomberos sevillanos de Lesbos

El 7 de mayo volverán a Grecia para afrontar un juicio que consideran una sinrazón. Aún no aciertan a explicar por qué han llegado a esta situación. Hace dos años, fueron detenidos

Para Manuel Blanco era su segunda misión. Quique Rodríguez y Julio Latorre probaban por primera vez. Recalaron en la isla griega de Lesbos en enero de 2016, en plena crisis migratoria. Viajaron con la asociación Proem-Aid, un equipo español de profesionales de emergencias que desde diciembre de 2015 ofrece ayuda para salvar vidas en el Mediterráneo. Una historia de 17 días que acabó en pesadilla y que ahora volverán a revivir.

El 7 de mayo volverán a Mitilene, capital de Lesbos, para enfrentarse a un juicio. Se les acusa de "facilitar la entrada a personas que no tienen el derecho administrativo para entrar en territorio griego en grado de tentativa". Por cada persona introducida de forma ilegal se les podría imputar una pena de diez años de cárcel. Como no es el caso, no llevaban a ninguna persona en el momento en el que fueron detenidos, no saben ni a qué se enfrentan. Es otra nota surrealista en una historia llena de sinsentidos.

Conforme se aproxima la fecha del juicio rememoran con más frecuencia los tres días que pasaron en un calabozo. El 14 de enero de 2016 está grabado a fuego en sus vidas. "Nosotros somos bomberos, funcionarios, estamos acostumbrados a salvar vidas, jamás hemos vivido algo así, imagínate", cuentan desde el parque de bomberos de Sevilla donde hacen turno esta Semana Santa.

La ONG danesa

Cuando cuentan lo ocurrido no son capaces de explicar qué pasó. Proem-Aid trabaja de la mano del Ministerio de Asuntos Exteriores, de la guardia costera del país de destino y en este caso de las autoridades griegas. Como el personal voluntario rota cada quince días se pasan puntualmente los datos de todas las personas que se desplazan a una misión. Tras la suya ha habido muchas más y no ha ocurrido nada parecido.

Aquel día estaban en la playa con su embarcación en dique seco por problemas técnicos. Se aproximó personal de la ONG danesa Team Humanity y les comentaron que había una embarcación a la deriva pero que no tenían personal para el rescate, más allá del patrón del barco y otro marinero. "Nosotros ni nos lo pensamos, nos tiramos en plancha. Es nuestro instinto. Estamos entrenados para salvar vidas", dice Julio.

Manuel Blanco, Quique Rodríguez y Julio Latorre, los tres bomberos juzgados. (Juan Bezos)
Manuel Blanco, Quique Rodríguez y Julio Latorre, los tres bomberos juzgados. (Juan Bezos)

"Esas aguas están heladas. Hay que actuar muy rápido. Te hundes 20 veces más rápido y los niños entran en hipotermia a gran velocidad. Van vestidos con lanas, con ropa de abrigo, que actúa como plomo en medio del mar", cuenta Manuel. Quienes intentan llegar a las costas griegas de la mano de las mafias tras pagar cantidades desorbitadas, unos 1.500 euros por pasaje, llevan chalecos salvavidas que les fabrican los propios traficantes y que son casi la muerte segura, explican. El mismo trayecto en ferri apenas cuesta diez euros.

El dolor de los niños

"Yo me emociono cada vez que me acuerdo de una madre agarrada al flotador de su hijo vacío porque se había hundido", dice Manuel. La conversación se aleja de su historia para rememorar todo el sufrimiento que han visto. "Es una injusticia enorme", dicen, y no hablan de su caso, que también lo es. Son sirios, afganos, iraquíes que huyen de la guerra y del horror del Daesh. "Las personas a las que salvamos tienen el estatuto de refugiados", recuerda Julio en otro momento de la conversación.

Volvamos al día del arresto. Subieron al barco de la ONG danesa, se echaron a navegar y de repente les paso al lado "un barco enorme, de más de 30 metros, que iba como un cohete", narran los tres rememorando juntos la escena. "Vimos luces por todos lados y nos asustamos. Trataron de intimidarnos. Querían darnos un susto. Fue una especie de aviso". La nave era de los guardacostas griegos. En un segundo encuentro les dieron el alto y subieron a la embarcación en la que viajaban. Les dijeron que tenían que acompañarlos pero que no estaban detenidos. Los tres bomberos sevillanos estaban tranquilos. No sabían lo que les esperaba.

Asaltaron la embarcación en la que iban y les aseguraron que no estaban detenidos pero no era verdad. Pasaron 72 horas en un calabozo

En aquel momento se les acusó también de tenencia ilícita de armas por portar un cortacabos de punta roma que es reglamentario que vaya atado a los chalecos salvavidas. Ese delito se retiró antes de formalizarse la acusación. Los recuerdos sobre los tres días que pasaron en el calabazo se les agolpan. Todos son malos. Quique se rememora sosteniendo "el típico cartelito para hacerte la foto de las películas cuando entras en la cárcel". Él no pudo hablar con nadie de su familia. A sus compañeros sí les permitieron una llamada. Para Julio uno de los momentos más duros fue cuando les obligaron a desnudarse antes de cambiarlos de calabozo. Compartían baños con los presos comunes. Las condiciones de la celda eran duras. "Estábamos desconcertados. Preocupados por nuestras familias. Desbordados. No sabíamos qué estaba pasando", cuentan. A las horas de estar detenidos comenzó la hostilidad. Todo cambió.

Fuera, su organización, Proem-Aid, se movilizó para sacarlos de la cárcel. El cónsul español fue muy activo, según les han contado después. Una voluntaria a la que conocían de la playa se preocupó de buscarles un abogado griego que habla español. Haris Petsikos se encarga de su defensa y los representará en el juicio. Ellos saben que hubo contactos con el Gobierno de Tsipras para que los dejaran en libertad. Lo hicieron previo pago de 5.000 euros de fianza por cada uno y 1.200 euros de tasas judiciales y abogado. Su asociación desembolsó el dinero. Ahora tienen dificultades para reunir fondos con los que pagar el billete de avión para ir al juicio.

Manuel Blanco, Quique Rodríguez y Julio Latorre, los tres bomberos juzgados. (Juan Bezos)
Manuel Blanco, Quique Rodríguez y Julio Latorre, los tres bomberos juzgados. (Juan Bezos)

A cada voluntario de Proem-Aid viajar a Lesbos a salvar vidas en el Mediterráneo no solo les cuesta tiempo, días libres o de vacaciones, sino 300 euros para subsanar gastos. Ahora están a la espera de una entrevista con el ministro de Asuntos Exteriores. El Parlamento andaluz ha hecho una declaración institucional de apoyo a estos bomberos. También se han visto con la presidenta de la Junta, Susana Díaz. "Claro que tenemos miedo. Nos sentimos apoyados, pero decide la justicia griega y visto lo visto no tenemos todas las garantías", explica Manuel.

Impotencia y desconcierto

Tras una caótica vista oral, donde la traductora, una chica de origen venezolano, admitió muchos nervios y dificultades para traducir palabras como "frontera", los dejaron libres sin que se adoptaran medidas cautelares. Ninguno habla inglés y eso les hizo sentir aún más inseguridad. No entendían nada. El dinero que les reclamaron era una fianza para garantizar que volverían al juicio. Aún no saben cómo ni por qué les ha tocado vivir esta pesadilla, pero los tres aseguran que repetirían. Manuel lleva 25 años en el cuerpo de bomberos, Quique y Julio entraron en las oposiciones de 2013.

"Estábamos en el lugar equivocado en un mal momento", acierta a decir Julio para explicar por qué cree que están en esta situación. "Llevo dos años de mi vida preocupado dándole mil vueltas a todo esto y no sé, siento mucha impotencia", agrega Manuel. "Confío en que esto se quede en nada pero sí, claro que sentimos miedo, no entendemos por qué hemos llegado hasta aquí", dice Quique. Tras ellos, el 'Equipo 3', el suyo, ha realizado tres misiones más sin ningún problema. Ninguno ha vuelto a pisar Lesbos desde aquellos 17 días que se convirtieron en una pesadilla. En la constitución del mar, explican, se recoge la obligación de ayuda y el deber de socorro en caso de naufragio y lo que se pena es precisamente la omisión de ese deber.

Han participado en accidentes difíciles como el del Airbus A400M en Sevilla o recientemente en la búsqueda del guardia civil que perdió la vida en Guillena tras arrojarse a un arroyo para salvar a una pareja. Saben lo que es el horror y la satisfacción de salvar a alguien de entre las llamas. Pero todos repiten que nada es igual a lo que han visto en el Mediterráneo. "Cuando abrazas a un niño que salvas del mar y lo arropas bajo tu chaleco para que entre en calor piensas en tus hijos y entiendes que podría ser el tuyo", cuenta Manuel. "Hemos visto a mucha gente morir por hipotermia y piensas esto no puede pasar, no puede pasar, es el horror sin sentido, por qué", dice Julio. Responden al unísono, tras todo lo pasado, sin titubear. ¿Volverías a Lesbos a hacer lo mismo? "Sí. No me arrepiento. La labor que hacemos allí, la de vidas que se salvan, supera con creces todo esto".

La avalancha migratoria entre 2015 y 2016 dejó un saldo de unas 800.000 personas que pasaron por Lesbos para llegar a Europa. El pequeño Aylan se convirtió en símbolo de aquella tragedia. El número de muertos es incuantificable.

Andalucía

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios