crisis EN LA CASA SOCIALISTA

La guerra de Ferraz reabre las viejas heridas del socialismo andaluz

El principal hombre de Chaves y su rival de Juventudes se convierten en los críticos más contundentes contra Susana Díaz por la operación final para derribar a Pedro Sánchez

Foto: El diputado socialista Luis Pizarro en la sesión constitutiva del Parlamento andaluz en esta legislatura, el 16 de abril de 2015. (EFE)
El diputado socialista Luis Pizarro en la sesión constitutiva del Parlamento andaluz en esta legislatura, el 16 de abril de 2015. (EFE)

En Andalucía no hay críticos dentro del PSOE de Susana Díaz. La afirmación del aparato regional es tan irrefutable como que en plena batalla orgánica, la secretaria general convocó un comité director en Sevilla en el que se aprobó por casi unanimidad, menos una abstención, rechazar el calendario para un congreso federal propuesto por Pedro Sánchez. Nadie tomó la palabra ni se opuso a las dimisiones para forzar la salida del ya ex secretario general. Todo el que habló alabó a la presidenta de la Junta.

Pero no todo el PSOE andaluz apoya ni respalda cómo han discurrido los acontecimientos. Muchos de los que estaban en aquella reunión en Sevilla convocada para legitimar la batalla final contra Sánchez admiten en privado que todos se han equivocado. Entre tanto crítico en silencio, hay personas que han ido de frente y que han sido muy influyentes en este proceso. Ellos sí han preocupado a Susana Díaz y su entorno. El primero es Luis Pizarro, el último que queda del poderoso 'clan de los Gazules'. El hombre fuerte de Manuel Chaves en el partido durante más de 14 años, exsecretario de Organización y ex vicesecretario general del PSOE andaluz, el que atesora más victorias por mayoría absoluta en la historia del partido.

Pizarro sigue siendo diputado en el Parlamento andaluz por Cádiz. Susana Díaz se encargó personalmente de dar esa orden. Ni el secretario de Organización del PSOE-A, Juan Cornejo, ni el vicepresidente del Gobierno andaluz, Manuel Jiménez Barrios, ni la secretaria general del PSOE gaditano, Irene García, todos del clan gaditano, lo querían meter en la lista. La presidenta de la Junta dio la orden porque sabe lo que ha representado Pizarro en el partido y porque lo respeta.

El consejo a Susana Díaz

El jueves antes de que arrancara la semana negra del PSOE se vio a Luis Pizarro conversar con Susana Díaz en la cafetería del Parlamento andaluz. Fue un intercambio de pareceres intenso pero tranquilo. Al menos eso parecía desde fuera. Solo los interlocutores y el secretario general de la Presidencia, Máximo Díaz-Cano, sentado a los metros suficientes para seguir la conversación, saben de qué hablaron. Fuentes próximas a la presidenta admiten que ella pidió su opinión a un histórico del partido y él se la dio. Lo que le dijo no ha trascendido. Sí se sabe que Pizarro es uno de los pocos en Andalucía que han mantenido su apoyo a Pedro Sánchez hasta el último minuto. Uno de los poquísimos que le han dicho a Susana Díaz que estaba a punto de dilapidar su capital político por mucho tiempo cargando en abierto contra los consejos que le llegaban de su entorno.

Pizarro es uno de los pocos que han advertido a la presidenta de la Junta de que iba a poner en peligro su capital político

No es ningún secreto. Lo dijo el pasado lunes en una reunión convocada por la ejecutiva provincial con cargos públicos y orgánicos en San Fernando (Cádiz). Asistió, aunque le habían recomendando desde San Telmo que era mejor que no estuviese. Fue y dejó claro que se tuvo que marchar de Madrid el pasado sábado antes de la votación por cuestiones logísticas, perdía el AVE, pero que él tras el llamamiento de Luis Pizarro Medina hubiera votado a favor del planteamiento del entonces secretario general de convocar un congreso extraordinario.

Entonces hubieran sido cinco los andaluces que habrían ido en contra de las tesis de Susana Díaz. Consuelo Rumí, Luisa Faneca, la única andaluza que mantuvo su cargo en la ejecutiva federal, Jesús Garrido, un militante sevillano que se ha dado de baja en el partido, y el gran sanchista andaluz, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Tampoco otra histórica, Amparo Rubiales, estuvo presente durante la votación.

El salto en 2014

El expresidente de la Junta Manuel Chaves felicita a Susana Díaz. (EFE)
El expresidente de la Junta Manuel Chaves felicita a Susana Díaz. (EFE)

Pizarro ha sido durante años un secretario de Organización con todas las letras. Ha sido duro en ocasiones, admiten los socialistas andaluces, pero el partido lo recuerda con especial cariño y respeto. Fuentes cercanas al político gaditano aseguran que en muchas ocasiones en los últimos meses le ha dicho a Susana Díaz lo que pensaba, que era muy distinto de lo que le recomendaba su círculo de confianza. Es sabido que en 2014, tras la marcha de Alfredo Pérez Rubalcaba, tanto Manuel Chaves como Luis Pizarro pidieron con claridad a Susana Díaz que se pusiera al frente de la nave socialista. La reclamaron como la mejor preparada para encarnar ese liderazgo en un partido que era un páramo de personas fuertes y solventes capaces de encarnar el proyecto socialista, y que ella no podía arriesgar su capital político. Muchos creen que si en aquel momento se hubiera presentado, habría barrido en las primarias y el PSOE no estaría donde está. Pero muchos otros socialistas andaluces le aconsejaron que no se fuera y pusieron a Pedro Sánchez.

Desde entonces, los socialistas que más han mandado en Andalucía, Chaves y Pizarro, dicen que le han aconsejado encarecidamente a la baronesa socialista, siempre desde un papel discreto y callado ante la opinión pública, que se estuviera quieta y respetara el papel del secretario general. No porque Pedro Sánchez les pareciera un político de altura precisamente. Más bien por cultura del PSOE, porque entendían que el partido en Andalucía siempre ha jugado un papel equilibrador que se quebró cuando los socialistas andaluces, con José Antonio Griñán al frente y Susana Díaz de número dos, tomaron partido por Carme Chacón contra Alfredo Pérez Rubalcaba. Ahí sitúan los veteranos el primer crujido grave.

Pizarro se ha mantenido firme hasta el final junto a Sánchez, a pesar de que sabía días antes que su caída iba a ser inevitable. Chaves, que ha preferido guardar silencio por su imputación en los ERE pero que cuentan que ha sufrido mucho en las últimas semanas, se sintió engañado como Felipe González y viró en su apoyo. Al final sí estuvo con Susana Díaz, insisten fuentes de la actual dirección andaluza, tratando de legitimar sus últimas maniobras.

Con Luena en Sevilla

Desde el entorno de Sánchez han contado que Chaves y Pizarro estuvieron reunidos con César Luena en Sevilla tras las elecciones y le recomendaron encarecidamente no ir a terceras elecciones. Las versiones difieren, pero al parecer el entonces número dos de Ferraz se mostró de acuerdo. Los históricos socialistas dieron por hecha la abstención que luego Sánchez defiende que nunca llegó a plantearse. Cuentan también que el expresidente andaluz ha mediado en los últimos días pidiendo al ya ex secretario general, a través de Patxi López, que diera un paso atrás, que echara el freno. Sánchez ya no escuchaba. Incluso aseguran que la fórmula que lanzó un acorralado líder socialista el pasado sábado por la tarde, ofreciendo readmitir a los dimisionarios de la ejecutiva y celebrar un debate político, fue una de las sugerencias que había hecho Chaves días antes. Llegó tarde.

El exsecretario de Organización del PSOE César Luena. (EFE)
El exsecretario de Organización del PSOE César Luena. (EFE)

En la actualidad, Pizarro es el único histórico que conserva escaño. En 2011 dio un portazo al entonces presidente José Antonio Griñán y dimitió como número tres de su Ejecutivo, dejando el cargo de consejero de Gobernación. Detrás estaba la guerra orgánica en el PSOE de Cádiz. La ruptura fue total y escenificó la mayor crisis del PSOE andaluz en 20 años. Aquel episodio resulta menor comparado con lo que ha pasado en los últimos días en el partido.

Su rival de Juventudes

El otro hombre de Pedro Sánchez en Andalucía, que jugó desde el primer minuto un papel muy relevante a favor del sanchismo en el territorio de Susana Díaz, es Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, alguien que conoce muy bien a la presidenta de la Junta. Él la fichó para Juventudes y ambos han militado siempre en bandos distintos en cada guerra interna del PSOE andaluz y sevillano. Como dos imanes que se repelen aunque también desde el respeto mutuo. Sánchez lo propuso como miembro de su ejecutiva federal, pero Díaz lo vetó y a cambio le dio un sillón en el organigrama de la Junta, como director general de Puertos en la Consejería de Fomento.

Díaz y Gómez de Celis han militado siempre en bandos distintos en cada guerra interna del PSOE andaluz y sevillano. Se repelen pero también se respetan

Él también se ha mantenido firme hasta el último momento a favor de celebrar un congreso federal para acabar con el pulso interno. También intentó una última solución para evitar más espectáculo y convenció a Pedro Sánchez de que trasladara como oferta la llamada fórmula Almunia, dimitía pero a cambio pactaba con Susana Díaz la fecha de un congreso y la composición de una comisión política. Tampoco sirvió para nada. El político sevillano ha dejado claro que no participó ni apoyó el surrealista momento urnas tras mampara, el error que precipitó la caída de Sánchez, pero defendió hasta el final el orden del día escrito por Ferraz y que la votación debía ser secreta.

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