GUERRA EN LA CASA SOCIALISTA

Los barones heredan un PSOE en ruinas que debe afrontar cómo dar paso a Rajoy

Una gestora con Javier Fernández al frente pilotará el partido. Los socialistas asumen que no hay margen para ir a terceras elecciones y apuestan por pactar condiciones al PP

Foto: Pedro Sánchez abandona la sala de prensa tras anunciar su dimisión. (Reuters)
Pedro Sánchez abandona la sala de prensa tras anunciar su dimisión. (Reuters)

¿Y ahora qué? Esa es la gran pregunta. El Partido Socialista Obrero Español, como remarcaban muchos, ha quedado destrozado tras un espectáculo dantesco de intrigas y luchas de poder. Puede que los últimos 85 diputados logrados en unas generales sean muchos para los que obtendrían si ahora tuvieran que ajustar cuentas en las urnas. Hay socialistas convencidos de que el partido está roto sin opción de reconstruirse. Los más se muestran seguros de que todos han perdido en esta batalla y que ha faltado por todas las partes generosidad y altura de miras. Esas son las reflexiones fuera de micrófono. Oficialmente el mensaje es que ha habido antes muchas guerras como estas en las que el PSOE estuvo al borde del abismo y ha sabido salir airoso. "Ahora toca coser", y van a tener que zurcir y mucho en un momento de extrema debilidad política y electoral. "El PSOE está en la UCI", según un veterano socialista.

Las del sábado fueron 12 horas de batalla campal como broche final a la espiral de momentos surrealistas, bochornosos, vividos durante toda una semana. No fue el Pedro 'el breve' como lo apodaron sus críticos. Comenzó a sufrir zarandeos dos meses después de llegar y se va 26 meses más tarde como 'el resiliente'. Pedro Sánchez se despidió muy tranquilo pasadas las nueve de la noche con un mensaje a la militancia apelando a su orgullo de las siglas socialistas y el compromiso de ser "leal" con la gestora que a partir de ahora tome el mando. Ya es diputado raso. Nadie diría que ese hombre sereno se había resistido con uñas y dientes a presentar su dimisión. Nadie diría tampoco que había pasado solo una semana desde que el pasado domingo, tras la sexta derrota en las urnas en las elecciones gallegas y vascas, lejos de asumir las responsabilidades políticas que le pedían los principales barones del partido, iba a abrir una guerra sin cuartel. O Rajoy o yo, llegó a plantear, convencido de que de fondo había un debate ideológico y un intento de derrocarlo con un golpe de mano para dar paso al PP. Con el problema añadido de que el pulso se ha trasladado a la militancia.

Los barones heredan un PSOE en ruinas que debe afrontar cómo dar paso a Rajoy

Un plan personalista

Los barones del PSOE, quienes conservan el poder institucional y los gobiernos de las comunidades autónomas, han ganado. Han tumbado los planes de su secretario general de mantener hasta el final el no al PP y montar un gobierno alternativo con Podemos y los independentistas. Una fórmula para la que no salían los números con 85 diputados, según quienes pidieron a Pedro Sánchez un paso atrás. La única salida, según el último líder del PSOE, si el partido no quería retratarse como subalterno de la derecha. Un plan personalista trazado solo para su supervivencia política, en palabras de los principales líderes territoriales. Y así se han enredado hasta el destrozo casi total.

Javier Fernández, en el Parlamento asturiano, el pasado viernes. Ahora preside la gestora del PSOE. (EFE)
Javier Fernández, en el Parlamento asturiano, el pasado viernes. Ahora preside la gestora del PSOE. (EFE)

De fondo, un pulso durísimo por el poder y por el control orgánico librado con dos rostros, el de Pedro Sánchez y el de Susana Díaz. Ahora será una gestora la que pilote el partido. No hay plazo tope para celebrar el congreso extraordinario. Será, indican fuentes socialistas, en primavera. Será el asturiano Javier Fernández el llamado a llevar las riendas en los próximos meses, junto a otros diez compañeros. Y al que le toque abrir el debate clave si dan paso al PP o van a terceras elecciones.

Hasta ahora solo el extremeño Guillermo Fernández Vara ha asumido con claridad que la opción menos mala es dar paso al PP. Susana Díaz todavía no se ha significado con claridad. Su único mensaje es que Rajoy tiene que dar un paso atrás para que se abra el debate de la abstención. En privado todos admiten que no hay tiempo para ir a terceras elecciones, sin candidato, con el partido roto y los rescoldos del incendio aún humeantes. Apuestan por permitir un Gobierno del PP fijando condiciones y situarse en una oposición dura para una legislatura corta, de poco más de año y medio. En el fondo hay dirigentes socialistas que temen que ahora Rajoy precipite terceras elecciones porque creen que eso sería empujarlos al borde del precipicio.

Un simpatizante de Pedro Sánchez enrolla un póster a las puertas de la sede socialista en Ferraz. (Reuters)
Un simpatizante de Pedro Sánchez enrolla un póster a las puertas de la sede socialista en Ferraz. (Reuters)

Las decisiones se precipitarán en los próximos días. El plazo para que se pueda formar gobierno expira el 31 de octubre. Antes, el PSOE deberá haberse recompuesto como pueda y plantarse delante de una militancia muy encendida a explicar que no queda otra salida que hacer presidente a Mariano Rajoy. Los socialistas hasta ahora críticos insistían en que aún puede que sea el PNV el responsable de desbloquear la legislatura. De fondo al PSOE le quedan debates muy importantes. Cómo volver a ganar elecciones en un espacio electoral donde Podemos, cuya sombra ha planeado en toda la crisis, le ha hecho mucho daño. Y cómo afrontar la participación de los militantes en un partido con una estructura de poder territorial y basada en la democracia representativa, donde los barones y las federaciones han mandado mucho.

A medio plazo queda por ver si Pedro Sánchez es el gran perdedor de esta guerra. El derrotado puede presentarse como mártir y volver a optar a unas primarias para que los militantes decidan sobre su liderazgo como secretario general. También queda por comprobar si la mujer que desde Andalucía ha capitaneado con mano firme a los barones en su guerra contra el secretario general, Susana Díaz, es capaz de difuminar el pasado reciente y emerger como la única líder socialista capaz de coser el partido o está inhabilitada como parte de la cruenta batalla. 

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