el discurso de la derrota

Pedro Sánchez: "Ha sido un orgullo, presento mi dimisión. Ha sido un honor"

El ya exlíder del PSOE toma la palabra después de conocer la votación del comité federal, por 132 votos a 107, y después se despide de la prensa en una comparecencia sin preguntas

Foto: Pedro Sánchez, durante la comparecencia en la sala de prensa de Ferraz, tras anunciar su dimisión ante el comité federal, este 1 de octubre. (EFE)
Pedro Sánchez, durante la comparecencia en la sala de prensa de Ferraz, tras anunciar su dimisión ante el comité federal, este 1 de octubre. (EFE)

Hicieron falta casi 12 horas para que Pedro Sánchez diera el paso atrás que medio partido le pedía. Dimitir. Y lo hizo tras perder en el comité federal la votación, pública y por llamamiento, de su propuesta de congreso federal extraordinario, por 132 votos contra 107. 25 votos de diferencia a favor de los barones que, encabezados por Susana Díaz, lideraron la ofensiva contra el secretario general. La diferencia podía haber sido mayor si no se hubiera producido la renuncia de 17 miembros de la ejecutiva, aunque tres sí pudieron hacerlo por ser líderes autonómicos (Ximo Puig, Valencia; Emiliano García-Page, Castilla-La Mancha, y José Miguel Pérez, Canarias). 

A las 20.10 horas se conoció el resultado de la votación, tras un comité turbulento, agónico, esperpéntico. Enseguida Sánchez tomó la palabra y anunció su dimisión ante sus compañeros de partido, y luego lo hizo ante la prensa. En ambos casos para proclamar su "orgullo" por militar en el PSOE, defender hasta el final su propuesta de cónclave extraordinario y la necesidad de un Gobierno alternativo y prometer su "apoyo" a la gestora que reemplaza su dirección, presidida por el asturiano Javier Fernández. "Para mí ha sido un orgullo, y presento mi dimisión. Ha sido un honor", solemnizó ante los delegados del máximo órgano de poder del PSOE. 

Sánchez explica que su apuesta era clara, promete su "apoyo leal" a la gestora de Javier Fernández y hace de nuevo un llamamiento a la militancia

El ya ex secretario general compareció en la sala de prensa de Ferraz —el único momento de día en el que los periodistas pudieron acceder a la sede, tras 13 horas de guardia en la calle, un hecho insólito— sobre las nueve de la noche. Se despidió de los informadores y reconoció tras un día agotador, de "mucho debate y acaloramiento", había sufrido un revés que le había conducido a su renuncia. Explicó que había llevado al comité su propuesta de congreso extraordinario exprés —con primarias entre militantes el 23 de octubre y cónclave con delegados el 12 y 13 de noviembre— porque había dos cuestiones que "dirimir" dentro del PSOE: primero, su liderazgo, que había sido "puesto en cuestión" por la dimisión de 17 miembros de su ejecutiva, y también por el posicionamiento del PSOE respecto a la investidura. Pensaba que tenía que dar la voz a las bases para que decidieran la postura del PSOE respecto a la gobernabilidad de España y que gestionara esa decisión una nueva ejecutiva surgida de ese congreso

[Lee aquí en PDF la despedida de Pedro Sánchez como secretario general]

Su apuesta, esgrimió, era clara: no a Mariano Rajoy e intentar formar un Gobierno alternativo. Y, como ya dijo ayer viernes que haría, al perder la votación en el comité, no tenía más sentido seguir, pues no podía "administrar una decisión" que él no compartía. Su empeño era equiparar la constitución de la gestora con la abstención al PP. Pero el debate que se sustanció este sábado era otro: era su continuidad o no como secretario general del PSOE. La posición sobre la investidura no se discutió. "Dije ayer [por el viernes] y subrayo hoy que mis padres me enseñaron que lo más importante es mantener la palabra. Esa es mi palabra, la di a todos los militantes, la di ante el comité federal". 

El comité federal del PSOE de este 1 de octubre. Al fondo, la ejecutiva en funciones de Pedro Sánchez. (EC)
El comité federal del PSOE de este 1 de octubre. Al fondo, la ejecutiva en funciones de Pedro Sánchez. (EC)

Sánchez se dirigió a continuación a la militancia del PSOE, a los afiliados y socialistas "con o sin carné", para decirles que "hoy más que nunca está justificado" estar "orgulloso de militar en el PSOE". Después, aseguró que la gestora de Javier Fernández contará con su "apoyo leal", apoyo que "siempre" pidió y que "afortunadamente" tuvo en "muchísimas ocasiones" en los 26 meses en los que ha estado al frente del partido. 

"Sin más, muchísimas gracias de corazón —se despidió—. Gracias por vuestra atención, por vuestro trabajo. Y es todo cuanto tengo que deciros". Sánchez dejó el atril y se marchó rápidamente con sus colaboradores sin decir ni una sola pregunta más a los periodistas. Ni una.

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El escándalo de la votación y la urna escondida

La derrota de Sánchez se producía después del momento de máxima tensión del comité, cuando su ejecutiva colocó una urna tras una mampara para que los delegados votaran sobre su propuesta de congreso. Pero sin interventores, sin censo y sin garantías, lo que enardeció los ánimos de los dirigentes. De inmediato se sucedieron gritos, sollozos, acusaciones de "pucherazo". Susana Díaz, a la que se le saltaban las lágrimas, llamó a la calma.

La ruptura era definitiva. De inmediato se puso en marcha la recogida de firmas para una moción de censura. Se necesitaba el apoyo del 20% de los miembros del comité, pero se recabaron 129 rúbricas, la mayoría absoluta de los 253 acreditados. Ahí se vio que Sánchez ya no controlaba al máximo órgano. 

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Tras 11 horas de discusión, oficialistas y críticos llegaron al acuerdo de votar sobre el congreso federal extraordinario que quería el secretario general. Los críticos aceptaban que votasen la dirección de Sánchez que aún se mantenía en pie. Los sanchistas, mientras, renunciaron a la votación secreta en urna —creían que así los delegados del comité podían deshacerse de la presión de los aparatos regionales— y dijeron sí a la votación pública y por llamamiento. Al final, una derrota clara, de 107 votos a favor de Sánchez y 132 en contra. Sánchez había perdido el pulso frente a los barones. 

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