EL EQUIPO DE LA BARONESA

Los cinco hombres de Susana Díaz

La líder socialista se resguarda con un equipo de veteranos socialistas, conocedores de todos los intríngulis del partido y en los que confiará si se decide a dar el arriesgado salto a Madrid

Foto:  (Raúl Arias)
(Raúl Arias)

Susana Díaz entrando en la sede de Ferraz o andando apresurada hacia el hemiciclo andaluz. Busquen la imagen. Flanqueando a la socialista o un paso por detrás siempre se repiten los mismos rostros. Forman su guardia de corps, la acompañan desde antes de que aterrizara en la Presidencia de la Junta de Andalucía, la mayoría ya eran parte del equipo de su antecesor, José Antonio Griñán, y formaron parte del grupo elegido para ayudarla a forjar su imagen institucional y su aterrizaje en Madrid más allá de la política orgánica. Son los apóstoles de Susana Díaz, quienes entre bambalinas vigilan dentro y fuera del partido y del Gobierno andaluz. Cinco hombres, ni una sola mujer. Al frente, la socialista sevillana, la más joven (41 años) es la que manda y tiene la última palabra.

Exigente y dura en sus comentarios y valoraciones cuando algo le disgusta. Dicen que ella critica con mucha más virulencia de lo que después es capaz de encajar. Muchas veces censurada por no formar equipos donde haya figuras que le puedan hacer sombra, por elegir gobiernos grises sin nombres propios que destaquen por encima del suyo, Susana Díaz confía buena parte de su futuro y quehacer político en cinco veteranos, la mayoría con más edad, con largas carreras y sin ambiciones propias. Desde fuera hay quien critica que su equipo se ha convertido en una corte demasiado complaciente, que le regala el oído más de lo conveniente y es incapaz de decirle a la lideresa lo que no quiere oír. Desde dentro aseguran que no hay nada más lejos de la realidad.

Máximo Díaz-Cano es el factótum. Confiesan los miembros del Gobierno que cuando hay que resolver un conflicto entre consejeros o dentro del partido, al final todos acuden a él por encima del vicepresidente y consejero de la Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, o el secretario de Organización del PSOE andaluz, Juan Cornejo. Pese a su fama de hombre discreto, este manchego al que José Antonio Griñán rescató de su plaza de funcionario en Castilla-La Mancha para ponerlo al frente de su gabinete en su última etapa política, está acaparando en los últimos meses más miradas de las que le gustarían.

Máximo Díaz-Cano, en su etapa de delegado del Gobierno. (EFE)
Máximo Díaz-Cano, en su etapa de delegado del Gobierno. (EFE)

Por ejemplo en el último Comité Federal celebrado en Ferraz, ese en el que volaron cuchillos, catalizó muchas más críticas del ‘bando’ contrario que cualquiera del resto de escuderos de Díaz, y eso que él no tiene cargo orgánico sino institucional. En teoría es secretario general de la Presidencia. En la práctica es mucho más. Experiencia en las batallas socialistas no le falta. Su currículum a sus 55 años es extenso. Se puso al frente del ejército de Carme Chacón en su batalla fallida por el liderazgo del PSOE contra Alfredo Pérez Rubalcaba. Antes ya había sido portavoz de la comisión gestora que presidió Manuel Chaves y dirigió al partido hacia 35 congreso federal que ganó José Luis Rodríguez Zapatero. En el ámbito institucional ha sido delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha, desde 2005 a 2012, y consejero de la Presidencia, Administraciones Públicas y portavoz en los gobiernos de José Bono y José María Barreda. Antes fue gobernador civil de Cuenca.

El factótum, Máximo Díaz-Cano

Dicen que es un hombre culto y gran lector. A él le atribuyen el papel de haber cincelado a la socialista Susana Díaz en su perfil más institucional y de haber limado muchas de sus aristas. De hecho, recién aterrizado al frente del equipo de Griñán, con quien compartía gustos culturales y literarios, fue uno de los primeros en saber que la joven de Triana iba a ser la elegida para quedarse al frente de la Junta. Apoyó y vio desde el primer momento la elección de Griñán: “Pepe, creo que es un acierto. La veo de presidenta”.

Es fácil verlo conversar con los periodistas más veteranos e influyentes de Madrid, con quien aclara que comparte amistad tras muchos años de batallas socialistas. No ha cultivado ese perfil en Andalucía, donde sus relaciones con los periodistas de calle son casi inexistentes. Sus críticos, que los tiene, lo sitúan detrás de la 'operación Susana' en Madrid. Aseguran que con ella se quitará la espina de no haber logrado situar a Carme Chacón al frente del partido. Le recriminan que siempre haya estado mucho más interesado en la política nacional que en la andaluza. Sus partidarios aseguran que es una pieza clave en el equipo de la baronesa andaluza. Aporta sensatez, aplomo y solvencia en un equipo esencialmente andaluz y de perfil muy orgánico.

Susana Díaz y Juan Cornejo. (EFE)
Susana Díaz y Juan Cornejo. (EFE)

Cornejo, del partido hasta la médula

Juan Cornejo fue el elegido para tomar las riendas del PSOE andaluz como número dos cuando Susana Díaz se hizo con la Secretaría General del partido. Desde la secretaría de Organización es quien ha vivido en primera persona los choques más duros con el equipo de Ferraz y con su homólogo federal, César Luena. A sus 60 años, Cornejo puede presumir de que no tiene ninguna ambición personal ni jamás se ha mostrado incómodo en su papel de secundario. Todo lo contrario. Fue alcalde de su localidad natal, Medina Sidonia (Cádiz), donde casi cada día vuelve a su casa, desde 1987 a 1995. A partir de ahí ha sido alto cargo de la Junta de Andalucía en todo tipo de responsabilidades, desde la Delegación de Medio Ambiente en la provincia gaditana hasta la Dirección General de Política Interior con el fallecido Alfonso Perales como consejero, uno de los más destacados miembros del conocido como ‘clan de los Gazules’ junto a su primo Luis Pizarro.

Cornejo y 'Chiqui' son los dos gaditanos del equipo presidencial, sus ejecutores en el partido y el Gobierno

Cornejo es un hombre de partido hasta la médula, de izquierdas sin complejos, sosegado en sus análisis, poca veces presa de arranques de genio pese a sus fuertes convicciones, al que es difícil oírle elevar la voz. Es un gran desconocido para muchos y ofrece a veces una imagen de persona seca, poco dada a la broma. Sin embargo este socialista es posiblemente uno de los menos sectarios de un equipo donde las filias y las fobias en las relaciones con el entorno político y periodístico están a la orden del día.

Susana Díaz saluda a Mario Jiménez (izquierda), detrás Manuel Jiménez Barrios. (EFE)
Susana Díaz saluda a Mario Jiménez (izquierda), detrás Manuel Jiménez Barrios. (EFE)

Ejecuta sin broncas lo que le pide su ‘jefa’ y dicen que será posiblemente uno de los pocos que sepa de verdad cuál va a ser el futuro político inmediato de Susana Díaz. En materia orgánica contrapesa la imagen de ‘killer’ de Susana Díaz. Cornejo no disfruta con las batallas internas aunque es un fontanero con mucho cálculo que sabe de encuestas, de censo y de militantes más que la media. Y cuando hay que ir a ganar, va.

El amable 'Chiqui'

Otro gaditano, posiblemente el más accesible y de mejor trato en las distancias cortas es el vicepresidente y consejero de la Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, al que cuando llaman con su nombre de pila le cuesta reconocerse. Para todos es ‘Chiqui’. Es el rostro amable. Siempre sonriente y dispuesto para la broma es capaz de destensar los momentos más delicados. Se quedó al frente de la presidencia de la Junta durante la baja maternal de Susana Díaz aunque ella seguía dándole instrucciones a través del teléfono a las horas más intempestivas. Este año saldrá de Rey Mago en su casa, Chiclana de la Frontera, donde también fue alcalde. Conoce bien las guerras del PSOE de Cádiz, pero tiene ese don de parecer ajeno aunque esté en todo el meollo. Aun así es un hombre querido en el partido en Andalucía. Ejerce un papel protector, casi de hermano mayor de una política a la que rinde admiración. Era el típico nombre que encajaba casi siempre en las quinielas de los presidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán pero hasta que Díaz lo eligió no llegó al Consejo de Gobierno y lo hizo por la puerta grande, en la Consejería de la Presidencia.

En el núcleo, casi de familia, de Díaz hay una mujer, la secretaria general del PSOE de Sevilla, Verónica Pérez, su amiga, alguien de total confianza y lealtad

Muchos creen que ‘Chiqui’, a sus 58 años, podría ser el elegido para quedarse al frente de la Junta de Andalucía si la actual titular deja el cargo para dedicarse a la política nacional. “Sería un gran regente”, dicen maliciosamente quienes creen que ese cargo le vendría grande. De lo que nadie duda es que no maniobrará ni presionará para ser el elegido. Es más, muchos en su entorno creen que no aspira.

Susana Díaz abraza a Verónica Pérez, secretaria general del PSOE sevillano. (EFE)
Susana Díaz abraza a Verónica Pérez, secretaria general del PSOE sevillano. (EFE)

En esas quinielas de sucesores hay otros dos perfiles opuestos, el de la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, que dicen que es una de las socialistas que más claro le habla a la presidenta aunque a veces eso le cueste disgustos, y el del consejero de Turismo, Javier Fernández, que forma parte del grupo de amigos personales y fieles de la dirigente socialista. En ese núcleo, casi de familia, hay otra mujer, la secretaria general del PSOE de Sevilla, Verónica Pérez, la dirigente más próxima a Díaz, su amiga, otra de sus grandes admiradoras políticas, alguien de total confianza y lealtad hacia la presidenta.

Mario Jiménez (i) y Miguel Ángel Vázquez (arriba), junto a Díaz y Jiménez Barrios. (EFE)
Mario Jiménez (i) y Miguel Ángel Vázquez (arriba), junto a Díaz y Jiménez Barrios. (EFE)

Vázquez y Jiménez

En el club de los cinco magníficos faltan dos nombres, amigos entre ellos, el portavoz del Gobierno, Miguel Ángel Vázquez, y el portavoz del Parlamento, Mario Jiménez. Ellos sí que han tenido algún encontronazo con Díaz a lo largo de sus carreras políticas. Vázquez ha sido el periodista del PSOE durante mucho tiempo, desde 1997 en los tiempos de Chaves, y es el único que conoce el oficio de periodista más allá del ‘lado oscuro’. Mantiene abierto un blog donde se quita el gusanillo. Díaz lo dejó fuera de la lista del PSOE de Sevilla en las elecciones andaluzas de 2012, aunque Griñán le había pedido expresamente que fuera en la candidatura. Él aguantó el chaparrón sin quejarse públicamente y el líder socialista lo rescató para su equipo dándole la Portavocía del Gobierno. Muchos dudaron de que la sucesora le mantuviera en el cargo, pero lo hizo.

Es amigo personal de Mario Jiménez, quien durante mucho tiempo formó con Susana Díaz tándem en el PSOE andaluz de Griñán. Fueron los jóvenes elegidos para renovar el partido y ambos figuraban en las quinielas de la sucesión. Ganó ella, pero Jiménez también estuvo muchas veces en la cabeza del expresidente. Pone el rostro duro, da voz a las declaraciones más bélicas, es el más incendiario aunque ha trabajado mucho por moderar su discurso. Es el único del equipo que ha competido de tú a tú con Díaz en la carrera política aunque sus relaciones con la presidenta son ahora buenas y ha sabido integrarse en su equipo y asumir que ella manda. Para muchos podría ser el elegido como su hombre fuerte en Ferraz, si llega el momento.

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