crisis en la casa socialista

Díaz-Cano: el muñidor de la 'operación dimisiones' para echar a Sánchez

El número dos de Susana Díaz en San Telmo fue portavoz de la gestora del año 2000 presidida por Manuel Chaves y ha sido determinante para armar el golpe a Ferraz

Foto: Fotografía de archivo de Máximo Díaz-Cano. (EFE)
Fotografía de archivo de Máximo Díaz-Cano. (EFE)

"El muñidor de todo el papeleo es Máximo”, afirma con rotundidad un dirigente del PSOE. ¿Quién es la persona que ha estado encima de las firmas de los 17 dimisionarios que este miércoles entregó el diputado sevillano Antonio Pradas en Ferraz? ¿Quién dio instrucciones a Carme Chacón para que el lunes pasado ya dejara estampada su firma en un papel? ¿Quién apostó desde el principio por la gestora, buceó en los estatutos y pidió precedentes y argumentos jurídicos suficientes para que la operación no tuviera vías de agua? Busquen una foto de Susana Díaz y detrás a varios metros, sin querer salir, casi nunca flanqueándola, verán a un señor corpulento y con barbas. Es el secretario general de la Presidencia, Máximo Díaz-Cano, el hombre al que atribuyen en la sombra el último golpe maestro contra Pedro Sánchez. Un histórico de la fontanería del partido que hoy solo tiene un puesto institucional. Aunque haga mucho más.

“Él no va a entregar la carpeta en Ferraz, pero quien lleva el portafolio es él”, indica alguien muy próximo. También a Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, cuna política de Díaz-Cano, se le atribuye un papel muy importante en esta operación. Llamadas, consejos, presiones... que se han intensificado en los últimos días y que han sido frenéticas en las últimas 48 horas. Cuentan que la noche del martes ya tenían las 17 dimisiones. Casi desde el principio contaron con 15. Faltaban las matemáticas. La letra pequeña que permitía defender que eran esas, y no 18, las que hacían falta para que se fuera Pedro Sánchez.

El 'amigo' de los medios

El secretario de Organización del PSOE andaluz, Juan Cornejo, el referente de sus homólogos en el resto de las federaciones críticas, “juega con sus reglas [las de Díaz-Cano]”, insiste otro diputado andaluz. Actualmente no tiene cargo orgánico. Sí es miembro del comité federal y del comité director del PSOE andaluz. Un sillón que pidió, cuentan, porque le hacía “ilusión”. No ha faltado ni a una sola de las citas en Ferraz en la última etapa. Se quedaba en las filas traseras. Subía a prensa y hablaba con los periodistas más veteranos. Por algo lo llaman en el mundo periodístico “el redactor jefe”, el hombre que abrió a Díaz su agenda y las puertas de los medios de comunicación nacionales.

Fue el portavoz de la gestora que presidió Chaves en el año 2000 tras la salida de Almunia. Cuenta que aquella fue su mejor etapa política

Los más avezados del partido conocen perfectamente su recorrido. Díaz-Cano fue el portavoz de la famosa gestora que se constituyó en el año 2000 tras la dimisión de Joaquín Almunia. Esa comisión política que presidió Manuel Chaves y donde otro histórico de la fontanería del partido, Luis Pizarro, tenía mucho que decir. Esa gestora que condujo al partido hacia el congreso que hizo secretario general a José Luis Rodríguez Zapatero. El ahora mano derecha de Susana Díaz fue cuota de José Bono y con él, antes de que se quebrara su relación con un sonoro encontronazo público, vivió una de sus etapas políticas más dulces. Quienes lo conocen dicen que él habla de aquella gestora como “su momento de gloria”.

La campaña de Chacón

Tras un periodo en la sombra, recaló en el Gobierno andaluz de la mano de José Antonio Griñán. Había sido el coordinador de la campaña de Carme Chacón, en su envite perdido frente a Alfredo Pérez Rubalcaba. Aquella contienda fue durísima, aunque nada que ver con la actual. El PSOE andaluz tomó partido en aquella pugna. En aquel congreso de Sevilla, Susana Díaz, como secretaria de Organización del PSOE andaluz y pese al anuncio de “neutralidad activa” de la ejecutiva andaluza, atornilló a los delegados del sur para aupar a la catalana. Ha llovido mucho desde entonces. Tanto, que hoy Rubalcaba y Chacón junto con Díaz y Díaz-Cano se sientan en la mesa camilla de los críticos.

Tras perder el pulso con Rubalcaba, se cruzó unos tuits con Bono de los que posiblemente se arrepintiera. "He oído decir a Bono que los que han perdido se tienen que someter a los que han ganado. Pues yo no me someto; respeto y acepto el resultado", dejó escrito. Díaz Cano fue recuperado por Griñán con un puesto de honor en su gabinete y una relación personal muy estrecha con el entonces presidente. Cuando Susana Díaz fue elegida sucesora, él dio el visto bueno a la operación. Y cuando la dirigente socialista iba a tomar posesión, la entonces candidata a presidenta le confesó a una periodista: “Este no se va. Lo quiero conmigo”.

Es sin duda, para muchos, el hombre más culto y preparado de los que rodean a Susana Díaz. Un lector voraz al que le encanta intercambiar recomendaciones de los últimos libros. “Compara a Díaz-Cano y a César Luena y sabrás quién va a ganar esta batalla”, presumía un dirigente provincial del PSOE-A. Con un perfil intelectual muy por encima de la media del equipo de la presidenta. Ha sido consejero en Castilla-La Mancha, delegado del Gobierno en esta comunidad, diputado y senador. Su actual cargo, pese a la importancia en el organigrama de la Junta, no es ni de lejos el más importante que ha desempeñado. Pero su influencia en el PSOE y el poder de sus consejos a la baronesa andaluza cuentan que van mucho más allá de su rango institucional. “Bueno, sí, creo que fue secretario general del PSOE de Cuenca”, dice un sanchista con sorna.

Es para muchos el más culto y preparado de quienes integran el equipo de Susana Díaz. Sus consejos son los que más oye la presidenta

“Díaz-Cano será el secretario de Organización del PSOE cuando Susana Díaz alcance el poder en Ferraz. Que no se os olvide. Y así verá cumplido el sueño que acarició cuando dirigió la campaña de Carme Chacón”, asegura un testigo directo de las maniobras internas. Dicen que quien sabe de verdad del PSOE, además de Susana Díaz, es él. Si Díaz-Cano no le hubiera garantizado a la presidenta que tenía todo amarrado y que la operación de las dimisiones de la ejecutiva era totalmente segura, posiblemente este miércoles en Ferraz no se habrían entregado las 17 firmas.

Cuando en mayo de 2014 Rubalcaba anunció que se iba tras unos pésimos resultados electorales, superados eso sí por Pedro Sánchez, ya Susana Díaz le había pedido en privado su dimisión. Algo que cuentan que no ha hecho con el actual líder del partido cara a cara. Entonces, todos miraron a la baronesa andaluza, llamada a entrar bajo palio en Ferraz en el congreso convocado para julio. Eduardo Madina, jaleado por quien dejaba la secretaría general, dio un paso al frente y pidió primarias. Aquel día, en el patio del Parlamento andaluz, se respiró algo del durísimo final para el PSOE que se ha escrito dos años más tarde.

Díaz-Cano: el muñidor de la 'operación dimisiones' para echar a Sánchez

Susana Díaz no aceptó el reto. Fue el número dos del partido, Juan Cornejo, quien bajó para decir a los periodistas entre dientes que daban la bienvenida a las primarias. Desde arriba, mirando por los cristales, cerca del despacho de la presidenta, estaba Díaz-Cano al teléfono. Ahí comenzó un desconocido Pedro Sánchez a ganar su congreso. Susana Díaz lo llevó al sillón de Ferraz al que ahora se aferra. Una curiosidad, cuentan en el PSOE que fue Antonio Pradas, el mismo de las firmas y las dimisiones, el que le reunió y le registró los avales. Y fue Verónica Pérez, la secretaria general de Sevilla, amiga de Susana Díaz y ahora mismo para los críticos la mayor responsable del PSOE, la primera que abrió las puertas del PSOE sevillano a Sánchez en un acto multitudinario que fue su puesta de largo ante la militancia andaluza.

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