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¿Cómo puede acoger España a un millón de refugiados?
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Guerra en Ucrania

¿Cómo puede acoger España a un millón de refugiados?

A diferencia del resto, los refugiados ucranianos tienen libertad de circulación en la Unión Europea. La protección temporal hace más complicado saber cuáles serán los flujos

Foto: Ciudadanos procedentes de Ucrania, en la estación de Barcelona Sants. (EFE/García)
Ciudadanos procedentes de Ucrania, en la estación de Barcelona Sants. (EFE/García)

Desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania, el número de refugiados que abandonan el país no ha dejado de crecer. Ya son más de tres millones y medio las personas que han cruzado alguna frontera, según las cifras que actualizan a diario desde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Y algunas estimaciones ya apuntan a que podría haber hasta 10 millones de refugiados y desplazados internos.

¿Cuántos ucranianos podrían llegar a cada país? Es una de las preguntas que todavía no tienen una respuesta clara. Para paliar la última gran crisis migratoria, la Unión Europea estableció un reparto a partir de un sistema de cuotas. Para determinar cuántos refugiados debería acoger cada país, se estableció un índice que tenía en cuenta la población, el PIB, la tasa de desempleo y la media de solicitudes de refugiados para contemplar el esfuerzo previo en la acogida de cada país.

Según la fórmula aplicada en su momento y con los datos actualizados, España tendría que asumir algo más del 10% de la población ucraniana que está saliendo estos días del país. Con las cifras conocidas hasta ahora, podríamos estar hablando de más de 300.000 personas. Y si se alcanzasen los 10 millones, se superaría el millón de refugiados. Esta aproximación, sin embargo, no tiene en cuenta que otros países de fuera de la Unión también acogerán a una parte de esta población —Moldavia ya ha recibido a unos 350.000 refugiados—. Además, la estimación de los 10 millones incluye desplazados internos, por lo que las cantidades planteadas en cada escenario, en realidad, serían siempre algo más bajas.

El reparto de 2015 fue un fracaso y dos años después, en septiembre de 2017, España solo había acogido a 1.301, un 13% de las solicitudes que le tocaría haber tramitado. Y la situación no era mejor en el resto de países. En 2015, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), llegaron a Europa algo más de un millón de personas, la mitad desde Siria y cerca de un 20% de Afganistán. Desde entonces, los sirios acaparan el 22% de todas las solicitudes de asilo, según cifras de Eurostat. Con todo, la suma de peticiones desde Siria a países desde aquella crisis está en torno al millón de personas, una cifra nada desdeñable, pero que ha quedado pulverizada por los números de Ucrania desde que comenzó la invasión, el 24 de febrero.

Hace unos días, empezaron a conocerse cifras concretas sobre cuántos ucranianos pueden encontrarse ya en territorio español. Unos 25.000, según afirmó el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, este lunes en una entrevista. Cerca de 10.000 tienen ya permiso de residencia, y en unos días se espera que otros tantos lo adquieran. “Es muy importante que pasen por los centros de acogida, para documentarse y evitar que haya personas que se aprovechen de esta situación”, afirmó unos días antes en rueda de prensa.

Los cálculos anteriores responden a una situación hipotética que, sin embargo, podría no tener ninguna aplicación esta vez. Ante la avalancha de personas refugiadas que se espera, la Comisión Europea puso en marcha hace unos días la Directiva de Protección Temporal, un mecanismo creado en 2001 a raíz de la crisis de Kosovo, pero nunca utilizado.

Este paraguas normativo hace que la situación para los refugiados ucranianos sea completamente diferente. En primer lugar, permite a los Estados otorgar derechos de manera prácticamente automática, como el alojamiento, acceso a ayudas económicas, escolarización o atención laboral y jurídica. A esta protección podrán acceder nacionales de Ucrania, personas con permiso de larga duración en Ucrania y sus familiares. Además, en España el Gobierno ha aumentado esta protección a nacionales que llegaron antes del 24 de febrero, a los que tienen residencia temporal —como estudiantes— y a personas en situación irregular.

Pero, sobre todo, esta protección permite a los ucranianos la libre circulación en países de la Unión Europea. Según el Reglamento de Dublín, normalmente el primer país al que llega un solicitante de asilo debe ser el que tramite su solicitud. Sin embargo, los ucranianos podrán decidir dónde asentarse y desde allí iniciar los trámites.

Esta es la primera diferencia con otras migraciones forzosas en el pasado y condicionará el aparato de acogida desplegado a nivel europeo. “En el caso de los sirios, requería alcanzar varios países de tránsito, y no tenían esa libertad de circulación. Al contrario, se les impuso un visado de tránsito aeroportuario y se reintrodujeron mecanismos de control para que no pudiesen llegar a Europa”, asegura David Moya, experto migratorio de la Universidad de Barcelona.

“El mecanismo de la protección temporal también se planteó en 2014-16 y se desechó, ni siquiera se debatió en la Comisión, y ahora han sido los países los que han pedido a la Comisión que la activara. Y a los días estaba aprobada, eso ha sido inédito”, añade el experto, que calcula que la cifra de refugiados podría rondar los 400.000 ucranianos.

El sistema de cuotas puede quedar así superado por un sistema de redes. Y es previsible que aquellos países donde ya residen más ciudadanos ucranianos tengan más opciones de recibir más aún. “España es uno de los países con más población de origen ucraniano. Es más probable que tengan aquí red familiar y de apoyo”, aseguran desde Accem, una ONG especializada en el apoyo a refugiados.

Foto: Vlasta lleva tres años instalada en España. (Cedida)

Si se estima un reparto basado en el número de personas ucranianas que ya residen en otros países, España sería el quinto país de la Unión Europea que más refugiados acogería. Por encima estarían Polonia, Italia, República Checa y Alemania. Si se atiende a la cifra de nacidos en Ucrania en lugar de personas con la nacionalidad, España escalaría puestos como potencial receptora de refugiados del país invadido.

El sistema de cuotas obedecía “a la preocupación de ciertos países que asumen que [los refugiados] van a querer ir hacia ellos. ¿Quién querría ir a Rumanía o Hungría? Todos querían ir a cuatro o cinco países como Alemania, Francia, Reino Unido, Suecia… Por eso los Estados eran muy duros”, explica.

"España es uno de los países con más población de origen ucraniano. Es más probable que tengan aquí red familiar y de apoyo"

Así, países que se negaron en la crisis de 2015 a aceptar refugiados sirios, como Polonia o Hungría, están ahora volcados en la acogida de los huidos de la guerra con Rusia. La cercanía de sus fronteras y la comunidad ucraniana previa hacen que estén ahora mismo soportando la mayor parte del peso migratorio. Y si la guerra se alarga, sí podrán activarse mecanismos de redistribución. “De momento, estamos viendo que están yendo adonde tienen familia o contactos o se están quedando en los países limítrofes, con la idea de volver en cuanto puedan. Pero si se alarga, seguramente haya que pensar en cómo distribuirlos, porque Polonia no va a poder acogerlos a todos", explica Rosa Aparicio, socióloga y experta en asilo y migraciones del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset.

Con un 'zoom' a nivel local, en España, los municipios con mayor número de ciudadanos con nacionalidad de Ucrania son Madrid, Barcelona, Murcia, Málaga, Valencia y Torrevieja (Alicante). Gissona, en Lleida, es la localidad con más proporción de ucranianos respecto al total: el 14% de los empadronados tiene la nacionalidad.

Ayudas para garantizar la integración

El sistema que ha puesto en marcha el Ministerio de Inclusión contempla una red de centros de Recepción, Atención y Derivación, donde pasarán los primeros días aquellos que no cuenten con una red familiar o de allegados donde quedarse. Los centros, gestionados por Cruz Roja, Accem y CEAR, estarán en Madrid, Barcelona, Alicante y Málaga, zonas con alta presencia de ucranianos, y por el momento contarán con al menos 21.000 plazas más 15.000 aportadas por las comunidades autónomas.

"Es la única opción en una situación de emergencia como esta", valora Aparicio. "La reacción ha sido rápida porque tenemos más experiencia que en 2014 o 2015. Los flujos de refugiados africanos han puesto en marcha un funcionamiento de acogida más preparado que entonces".

Foto: Pablo y su mujer están esperando a que Carolina pueda salir de Ucrania. (Cedida)

No solo habrá que crear más plazas de acogida. Teniendo en cuenta que llegarán en su mayoría mujeres con niños y personas mayores —ya que los varones en edad de combatir están en el frente—, habrá que habilitar tambíén más plazas de asistencia sanitaria, educativas, ayudas sociales y acceso al mercado de trabajo. Esto conlleva, a su vez, refuerzo en cursos de español para favorecer la integración, o más viviendas para darles techo si la guerra se alarga.

Sin embargo, esto puede favorecer a sectores donde faltaba mano de obra, como la construcción o la agricultura, y que el peso migratorio en términos laborales no sea tan grande. Y es posible también que el flujo que llegue de Ucrania sustituya a otras comunidades que estaban retornando, especialmente con la crisis generada por la pandemia, como algunos países latinoamericanos.

Como mínimo, tenemos que calcular que esto durará seis meses o un año. Y eso requiere dar los primeros pasos hacia la acogida y que la integración sea razonable. Si luego estos ciudadanos vuelven a su país porque ha cesado el conflicto, habrá que replegarlos…”, añade Moya. “Pero es mejor eso que no hacerlo, esperar a que se vayan, porque puede que en 10 o 15 años sigan aquí y no estén integrados. Es una cuestión de cohesión social. Y hay que tener en cuenta que una parte, pase lo que pase ya, se va a quedar”.

"Hay que tener en cuenta que una parte, pase lo que pase ya, se va a quedar"

El caso alemán permite ser optimista en ese sentido. Cuando Angela Merkel proclamó aquel ya famoso “Wir schaffen das!” (¡lo lograremos!), estaba abriendo la puerta a más de 1,7 millones de solicitantes de asilo que recibió entre 2015 y 2019, en su mayoría de Siria, Irak y Afganistán. Poner en marcha sistemas de acogida como los que se han mencionado fue clave para conseguir su integración laboral y social, aunque el proceso es lento. Según un estudio del Instituto para la Investigación del Mercado de Trabajo y Empleo, el 49% de los solicitantes de asilo desde 2013 consiguió un trabajo cinco años después de su llegada (aunque varía: un 57% entre hombres y un 29% para las mujeres). Además, un 85% había accedido a cursos de idiomas. “Y los indicadores de integración de las segundas generaciones son casi similares a los de los nacidos en Alemania”, añade Moya.

Foto: 28 niños ucranianos con cáncer son acogidos en un hotel de Madrid. (EFE/Sergio Pérez)

Esa infraestructura conllevará una importante inversión económica, que puede ajustarse con mecanismos como el que ha puesto en marcha Reino Unido, que España ya ha anunciado que seguirá: la acogida familiar a cambio de una compensación económica. “Permitirá gestionar una bolsa de familias y se desplegará a través de una red de mediadores sociales que verificarán la idoneidad de las viviendas ofrecidas”, ha asegurado el ministro. Este programa se desarrollará en colaboración con los servicios sociales municipales, y aunque en el caso inglés se compensará con 420 euros a las familias que acojan, no se conoce aún en el caso español.

“Pueden producirse abusos, como los hay en todo, pero si se hace bien puede haber una mayor integración y escalabilidad de las plazas disponibles, también para replegarlas si hace falta”, añade el profesor de la Universidad de Barcelona.

"Es muy buena opción a nivel emocional y afectivo, porque estar en una familia puede ayudar mucho a superar el trauma y es una relación más personalizada", valora Aparicio. "Pero a nivel de integración, tiene que ser de corta duración, y que haya otro tipo de ayudas para que puedan establecerse".

Desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania, el número de refugiados que abandonan el país no ha dejado de crecer. Ya son más de tres millones y medio las personas que han cruzado alguna frontera, según las cifras que actualizan a diario desde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Y algunas estimaciones ya apuntan a que podría haber hasta 10 millones de refugiados y desplazados internos.

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