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Los idiomas ya no son tan necesarios para tener trabajo, y quizá no sea sorprendente
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El inglés no es imprescindible

Los idiomas ya no son tan necesarios para tener trabajo, y quizá no sea sorprendente

La pandemia ha provocado que el número de ofertas que piden conocer otra lengua disminuya a niveles de 2008, pero la tendencia venía de antes. ¿Qué está ocurriendo?

Foto: Imagen: CSA.
Imagen: CSA.

Durante los años más duros de la crisis, era habitual que se viralizasen ofertas de trabajo que exigían idiomas aunque el puesto no pareciese requerirlos, como aquella que exigía un nivel medio-alto de inglés para ser monitor de limpieza. En un mercado laboral con altos niveles de paro y una gran cantidad de oferta, los idiomas se convirtieron en un lujo para muchas empresas y una condición imprescindible para los trabajadores, algo que debía aparecer sí o sí en los currículos para ser tenido en cuenta. El inglés se pedía por defecto.

La situación puede estar cambiando, y no solo debido a la crisis del coronavirus. El último informe de empleo de Adecco e Infoempleo muestra que el número de ofertas que piden idiomas ha descendido a su nivel más bajo desde al menos 2008. Tan solo un 12,6% de las ofertas que ha recogido el portal durante el último año piden conocer un idioma, cuando en 2017, el año récord, eran un 34,48%. Aunque el mayor descenso se ha producido en este año, debido a la pandemia, la tendencia ya era descendente en 2018.

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"Por una parte, muestra el gran peso que tiene a nivel nacional el turismo y el sector servicios, que es donde las ofertas cayeron de forma significativa en 2020", explica Alberto Gavilán, director de talento de Adecco. "También pueden haber influido otros factores como el colapso del comercio internacional, lo que probablemente provocó que esa clase de empresas retrajesen las contrataciones".

Esto se refleja en las regiones donde más ha descendido el número de ofertas que piden inglés u otras lenguas: Galicia, Navarra, La Rioja y Aragón, donde solo un 6% lo hace, cuando en La Rioja, por ejemplo, el porcentaje había sido de un 22,98% apenas un año antes. La región vitivinícola es un buen ejemplo de lo que está ocurriendo con los idiomas a nivel nacional.

"Tiene que ver mucho con el tejido empresarial y qué tiene más peso en cada región", prosigue el experto. "Son zonas de mucha industria y donde el sector alimentario tiene un gran peso, y que últimamente han vivido de la internacionalización y del comercio exterior. Todo lo que ha pasado con el covid o con los aranceles y la limitación del comercio exterior ha hecho que estos sectores hayan tenido que retraerse". El ejemplo más claro es la exportación de vino riojano, que se detuvo con la imposición de aranceles durante aquel año.

En el otro extremo se encuentran las comunidades donde se concentran las multinacionales y el turismo. Por un lado, Madrid, que sigue siendo la comunidad que más idiomas pide (con un 21,7%). Por otro, las ultraturísticas Canarias y Baleares, paraísos ingleses y alemanes, donde los porcentajes son del 16,6% y 15%, respectivamente, seguidas por Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. Un dato que calca casi la diferencia entre las regiones más ricas y más pobres de España.

¿Qué está pasando?

La pregunta del millón de libras es si estamos viendo por primera vez cómo se deshincha la burbuja de los idiomas en favor de otras cualidades. Gavilán recuerda que hace no tanto, no pasaba nada por solicitar el conocimiento de un idioma en una oferta de trabajo aunque no se necesitase realmente para el puesto, pero que en un mercado más estresado como el actual "las empresas se dan cuenta de que solicitar un idioma te limita el número de candidatos y hace que, de alguna manera, te esté obligando a presentar una oferta salarial superior".

"Los idiomas se piden en áreas de ventas, comercio exterior, etc."

La época de pedir inglés por defecto parece haber llegado a su fin. Lo lógico, como añade Juan Martínez de Salinas, experto en recursos humanos y autor de 'Ejercita tu talento' y 'Cuarto y mitad de contactos', es que las empresas afinen mucho más la búsqueda. En definitiva, que si uno va a pagar, que pague por algo que le resultará útil: "El dato llama la atención, aunque se debe en parte a la especialización de las ofertas y los puestos, es decir, vamos a pedir los requisitos y competencias que requiere cada persona que opta a un rol", explica.

Martínez de Salinas apunta precisamente al vicio de pedir lo que no se va a necesitar, que parece haberse ido relajando. "Pedir conocimientos y habilidades que no se precisan hace que las expectativas de las personas queden mermadas. Parece que esto va mejorando". Gavilán recuerda que, más allá del inglés, aprender otra lengua adicional exige mucho más esfuerzo e inversión, lo que sale más caro al empleador, por lo que al final "un empresario pagará por lo que necesite". Aunque todos los idiomas caen, la bajada es más atenuada en otras lenguas comunitarias como el francés (un 2,5% menos) o el alemán (2% menos).

Es revelador fijarse en qué áreas se nota menos la caída de los idiomas: en las que los idiomas sobreviven son las relacionadas con administración, 'marketing' y comunicación. Es decir, los puestos que exigen un trato directo y continuado con los clientes o proveedores. "Los idiomas se piden en áreas de selección, ventas, comercio exterior, etc., centradas en un rol internacional", recuerda el experto. De ahí que para la mayoría de empresas españolas, "micropymes y pymes que operan en el mercado español", ya no sea tan necesario contar con trabajadores con idiomas.

Durante los últimos años ha sido difícil encontrar a nadie que se manifieste abiertamente en contra de la obligatoriedad de idiomas como el inglés, pero el catedrático Juan Carlos Moreno, de la Universidad Autónoma de Madrid, nunca ha tenido problemas para hacerlo. "Creo que es una consecuencia de un hecho perfectamente verificable: existe mucha gente muy valiosa en distintas especialidades que no sabe inglés y que, por tanto, queda descartada de antemano para acceder a muchos puestos de trabajo", valora.

"El requisito de saber inglés para casi cualquier cosa es un absurdo que supone restringir de forma radical el número de personas que pueden optar a muchos puestos de trabajo. La única salida que encuentra mucha gente es decir que sabe inglés aunque en realidad no sea así. Por tanto, se trata de corregir una exigencia casi totalmente injustificada en la mayoría de los casos. Por desgracia, no parece deberse a que la ideología del supremacismo lingüístico de unas lenguas sobre otras esté siendo superada. La circunstancia que comentamos es puramente coyuntural y en mi opinión no es síntoma de cambio alguno en el predominio de esta ideología".

El nuevo Office nivel usuario

Otro detalle interesante es que si hasta hace poco era en los puestos directivos donde más idiomas se solicitaban, hoy ya no es así. En el último año, estos han quedado rezagados frente a los puestos técnicos y los mandos intermedios, donde además se exige una mayor flexibilidad de idiomas. Es coherente, como recuerda Gavilán. "Se da por hecho que un director de Recursos Humanos va a saber inglés seguro", explica. "Es un factor que ya se da por supuesto en los directivos y los directores de departamento".

Lo que les está ocurriendo a los idiomas, especialmente al inglés, es que se están convirtiendo poco a poco en el 'Office nivel usuario' de nuestros días, un comodín difícil de comprobar en el que todo el mundo se desenvuelve pero pocos lo manejan como expertos. Es decir, algo tan necesario (y extendido) que ya no es un factor diferenciador, como sugiere David Fernández Vítores, profesor titular en la Universidad de Alcalá y responsable desde 2010 del informe 'El español, una lengua viva', del Instituto Cervantes. "El inglés ya no es tan necesario, entre otras cosas, porque todo el mundo ya sabe inglés", valora. "Pero ocurre un poco como con el Office a nivel usuario, que cuando rascas un poco te das cuenta de que el nivel de inglés es un poco de aquella manera".

Como recuerda Moreno, "lo que no se dice nunca es que para poder prosperar en los trabajos en los que realmente se necesita la lengua inglesa, lo esencial no es tener conocimientos de inglés, sino tener una competencia en ese idioma alta o muy alta. No dominar suficientemente el inglés o conocerlo de modo imperfecto no solo es en sí mismo discriminatorio, sino que, además, supone un obstáculo importante para conseguir un buen empleo en el que realmente sea necesario el inglés".

"El inglés ya no es tan necesario, entre otras cosas, porque todo el mundo ya sabe inglés"

Y añade: "Otra cuestión importante es manifestar algo que es una verdad de Perogrullo: no es verdad que para conseguir un buen trabajo sea necesario saber inglés, lo que es cierto es que esto es válido solo para aquellos trabajos que exigen dominar la lengua de Shakespeare. No es lo mismo decir: 'El inglés es necesario para encontrar un buen trabajo' que afirmar, 'el inglés es necesario para aquellos trabajos en los que hablar inglés es imprescindible'. Esto segundo es siempre cierto, pero lo primero es cierto solo parcialmente. Presentarlo de forma absoluta es una manipulación interesada".

El 'boom' del inglés durante las últimas décadas ha terminado provocando su devaluación, al menos desde el punto de vista de la empleabilidad, frente a otras cualidades más demandadas. Como recuerda Gavilán, más relacionadas con "competencias como la capacidad de gestionar equipos o la resolución de problemas, que es lo que marca la diferencia entre un candidato u otro. Sin denostar los idiomas, se están produciendo cambios empresariales que hacen que te resultará difícil si no eres capaz de entender en qué momento se encuentra tu empresa".

Como él mismo recuerda, para otras generaciones que no habían tenido la posibilidad de estudiar idiomas, o que habían aprendido francés en el instituto, el conocimiento del inglés era más prestigioso. "En nuestra generación, ser bilingüe sí era un valor, te posicionaba de manera importante, ahora el uso de los idiomas está mucho más generalizado", recuerda. Como suele mostrar la encuesta anual realizada por Education First, que analiza el nivel de inglés en nuestro país, hay una brecha entre los menores y los mayores de 40, y hoy, recuerda Vítores, se entiende que cualquier veinteañero o treintañero en busca de trabajo maneja razonablemente bien el inglés.

'We are the robots'

Hay otras razones por las que los idiomas pueden estar en retirada como valor seguro, como la aparición de herramientas informáticas que facilitan el acceso a idiomas minoritarios. Como recuerda Fernández Vítores, el número total de traducciones que se solicitan en el mundo se ha disparado, pero las que se solicitan a traductores se han reducido. En otras palabras, en el campo de los idiomas sí que ha irrumpido con fuerza la automatización: "Es tirar piedras contra mi propio tejado, pero tengo que reconocer que hay programas que hacen traducciones técnicas que dan miedo. No son impecables, porque siempre hay cabos sueltos, pero sí sirven para entenderlo".

La exigencia de inglés se ha desplazado a los mandos intermedios

Ahí se encuentra una de las claves: el nivel medio de inglés de la mayoría de hablantes es el suficiente para entenderse. Algo muy común, recuerda el profesor, es que los directivos quizá no tengan el mejor nivel de inglés posible, pero siempre consiguen salir adelante. "Todos se manejan en un inglés de medio a alto, muchas veces de andar por casa, pero que les sirve perfectamente a la hora de tomar decisiones", recuerda.

De ahí que la exigencia de inglés se haya trasladado a los mandos intermedios, porque son los que están obligados a comunicarse continuamente en otros idiomas. "Son quienes hacen el trabajo de subalternos, sobre todo en las grandes empresas, que tienen plantillas multilingües donde sí se necesita que manejen esa lengua franca", añade Fernández Vítores.

Foto: ¿Para qué aprendemos idiomas? (Reuters)

En otras palabras, el conocimiento del idioma ya no es la llave que abre la puerta de las barreras lingüísticas. Poco a poco, su función es más parecida a la de un embajador, lo que implica ya no solo aspectos lingüísticos, sino también culturales. "Es un saber multilingüe, que te permita rodearte de los jefes de las grandes empresas, donde ya no vale cualquier inglés, sino conocer las implicaciones de la lengua, saber hacer chistes o conocer las peculiaridades de cada cultura", elucubra el lingüista. "Ahí hay un nicho, tal vez muy pequeño, donde vestirá más el prestigio y la labor diplomática de expresión". Para todo lo demás, Deepl.

Una posible salida para un gremio, el de traductores y lingüistas, que lo tienen mucho más difícil de lo que habrían pensado hace unos años, cuando ser bilingüe en un idioma era sinónimo de tener trabajo. "Todavía no acabo de creerme que las máquinas nos estén comiendo terreno", concluye con cierta tristeza el filólogo, echando la vista atrás. "Cuando empecé en este mundo, era absolutamente impenetrable, pero hace unos 15 o 10 años empiezan a aparecer pequeñas manchas y alrededor de 2014 se produce un salto cualitativo con la traducción neuronal de Google casi de un día para otro. Y eso va a ir a más".

Durante los años más duros de la crisis, era habitual que se viralizasen ofertas de trabajo que exigían idiomas aunque el puesto no pareciese requerirlos, como aquella que exigía un nivel medio-alto de inglés para ser monitor de limpieza. En un mercado laboral con altos niveles de paro y una gran cantidad de oferta, los idiomas se convirtieron en un lujo para muchas empresas y una condición imprescindible para los trabajadores, algo que debía aparecer sí o sí en los currículos para ser tenido en cuenta. El inglés se pedía por defecto.

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