¿QUÉ HA PASADO?

Paradoja del turismo español: regiones cada vez más ricas con habitantes más pobres

Aunque en los últimos años tanto la Administración como el propio sector han clamado por un cambio de modelo, no está claro cómo se traduciría en las condiciones de los trabajadores

Foto: Turistas alemanes aprovechan sus últimos momentos en la Playa de Palma antes de partir hacia su país. (EFE)
Turistas alemanes aprovechan sus últimos momentos en la Playa de Palma antes de partir hacia su país. (EFE)

Hace 20 años, los habitantes de Baleares eran los terceros más ricos de España, solo por detrás de madrileños y navarros. Las islas recibían casi 10 millones de turistas, una cifra en aumentó desde principios de los noventa. Pero a partir del año 2000, la renta per cápita empezó a descender con respecto de la española: en 2001, Baleares ocupaba la quinta posición; en 2007, la sexta, y ahora es la séptima. La superan Aragón, Cataluña, Madrid, Navarra, el País Vasco y La Rioja.

Al mismo tiempo, la llegada de turistas no ha parado de crecer: 2018 será, debido al descenso en todo el país, el primero en que el turismo se estanque desde 2012.

El caso es similar en las Islas Canarias y las provincias de Almería, Alicante y Castellón, cuya renta per cápita respecto de España ha caído entre el 10% y el 16% en las dos últimas décadas. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué en varias de las regiones más turísticas de España los habitantes pierden riqueza a pasos agigantados?

"Baleares es el caso más claro", explica el economista Miquel Puig. "Es espectacular: no hace mucho era de las regiones más ricas de España. La he comparado con otras zonas turísticas europeas, como el Tirol austríaco, y allí no pierden prosperidad. Mi tesis es que tiene que ver con lo que se paga a los trabajadores. El turismo español puede pagar poco porque la ley lo permite y porque hay mucha gente dispuesta a ir a ganar algo. Eso hace que en las zonas turísticas se concentre mucha población, crezcan demográficamente y, aunque el PIB suba muchísimo, el PIB per cápita vaya para atrás".

Puig no va desencaminado. Baleares y Canarias son, junto a Madrid, las comunidades que más crecen tras la crisis. En los últimos años, su PIB global ha aumentado por encima de la media española: en 2016, Canarias creció un 3,5%, Baleares un 3,8% y España un 3,2%. También son las que más turistas reciben (junto a Madrid, Cataluña y Andalucía) y las que más han disparado su población: hoy, en Baleares vive un 30% más de gente que en 1996 y en Canarias, un 24%, mientras que en España ese dato es del 14,8%.

Esta combinación de factores provoca que, aunque el producto interior bruto crezca —en gran parte, gracias al turismo—, su riqueza por habitante sea menor.

"El éxito turístico convivió durante muchos años con tasas de crecimiento económico audaz", apunta Antoni Riera, catedrático de Economía y director técnico de la Fundación Impulsa Balears. "Independientemente del ciclo, siempre había una alta correlación entre llegada de turistas y crecimiento de la economía. Pero a partir de 2000 se rompió. Aunque la economía crecía, los incrementos de turistas no se traducían en incrementos de renta per cápita. Es mal síntoma: crecer es bueno cuando supone mejoras de bienestar. Y no está ocurriendo. Una economía así está enferma. Baleares lo está".

Una industria que genera tantos ingresos debería traducirlos en prosperidad para su población

El análisis de ambos coincide en los síntomas y difiere levemente en las soluciones, pero llega a la misma conclusión: una industria que genera tantos ingresos debería ser capaz de traducirlos en prosperidad para su población. "Antes del 'boom', Baleares era pobre", explica Riera. "Sus tierras pasaron del uso agrícola al turístico y fueron muy productivas. Pero la productividad es cada vez menor. En sus primeras fases, una economía crece por acumulación: más turistas, trabajadores e infraestructura. Es exitoso. Cuando llega a un estadio de desarrollo alto, el volumen deja de ser óptimo. La estrategia ha caducado".

Puig es más contundente. Este economista catalán desarrolló su teoría en un libro ('La gran estafa: una propuesta económica para sacar a España de la mediocridad') en que sugiere que el éxito turístico no debe medirse por volumen de turistas, sino por su contribución a la prosperidad: a la renta per cápita, a su distribución y a su aportación al Estado del bienestar. Para él, el culpable está claro: los sueldos. "El turismo debe valorarse por sus salarios", incide. "Para mí, hay dos tipos de turismo: el bueno y el malo. El bueno paga bien y el malo paga mal. Los hoteles de muchas estrellas no son necesariamente buen turismo. No me importa lo que paga el turista por la cerveza, lo que nos importa socialmente es cuánto cobra el camarero: si cobra bien, pagará impuestos y gastará; si cobra mal, su puesto estará subvencionado y malvivirá".

¿Por qué el turismo paga tan mal?

Antonio Catalán es un empresario peculiar. Fundó NH en 1977, vendió su participación en 1997 y creó los hoteles AC. En 2011, vendió el 50% de AC a Marriott, la cadena hotelera más grande del mundo. Desde entonces, AC es una de las marcas de Marriott, pero la única con la que comparte sociedad: el resto son 100% de su propiedad.

Hace dos años, Catalán se hizo famoso porque dijo que pagar tres euros por habitación a las limpiadoras era explotación y pidió la derogación de la reforma laboral. "Siempre lo he defendido: no su derogación completa, sino medidas como que se puedan hacer convenios por debajo del sector", cuenta a este periódico. "La ley hoy permite que despida a todas las camareras de piso y las externalice. Y que a una que ganaba 1.200 euros la contrate una ETT por 700. ¿Qué pasa? Perjudica a todo el mundo: la gente paga poco, las pensiones se complican... Los salarios no han subido y se han troceado. La gente tendría que estar con los convenios provinciales". AC tiene a todas sus camareras de piso contratadas bajo convenio.

Catalán resume el que, junto a la temporalidad, es uno de los principales problemas del sector: la externalización. La reforma del PP en 2012 permitió que prevalezcan los convenios de empresa sobre los sectoriales y facilitó los ERE. "Los hoteles despidieron a plantillas enteras del departamento de pisos para subcontratarlas", cuenta Ángela Muñoz, de Las Kellys Madrid. "Las ETT te bajan el salario el 40% y en vez de trabajar por jornada lo haces por número de habitaciones. Te contratan a tiempo parcial, pero la carga de trabajo es mayor. Y si no llegas a lo establecido, te penalizan". Así, aunque alguna de las múltiples subcontratas (Staff, Serco, Denbolan, Exeo...) pague el sueldo del convenio sectorial, las camareras trabajan más de lo que pone en su contrato y cobran un pequeño plus por producción. De ahí salen los tres euros por habitación.

Muñoz recorrió con sus compañeras los hoteles más lujosos de Madrid para saber cuántos externalizaban: querían defenderse con datos de las críticas de Exceltur (el 'lobby' turístico) y la Cehat, que negaban sus denuncias. "Fuimos de Cibeles a plaza de España, hotel por hotel, preguntando y averiguando. Llamábamos y decíamos que dónde podíamos presentar el CV. Y casi todos externalizan, aunque sean de lujo. La Cadena Catalonia, Barceló, NH, Meliá... Una de nuestras reivindicaciones es que se vincule la categoría del hotel con el trabajo que realizamos. Hay compañeras en hoteles 5 estrellas que no llegan a los tres euros. Baja el paro, pero porque lo que antes hacía una ahora lo hacemos dos".

"Los empresarios españoles pueden pagar poco", sentencia Puig. "Y esta es la consecuencia: se crean muchos puestos de trabajo poco cualificados. Suiza, por ejemplo, está obsesionada con los salarios altos: los convenios impiden pagar poco y los inspectores te pillan si te lo saltas. Entienden que si un trabajador cobra poco, es una carga para la sociedad".

A más turismo, mayor abandono escolar

Cedric tiene 30 años y lleva casi media vida trabajando en el sector. "Empecé con 16 de mozo de habitaciones. Luego fui ayudante de recepcionista, animador turístico y ahora soy recepcionista", explica desde Mallorca. "Mi familia pasaba por una mala situación financiera y el mundo laboral me daba independencia. Aquí los inviernos son duros, porque la mayoría de la gente trabaja directa o indirectamente del turismo, así que cualquier ingreso extra viene bien. En zonas turísticas cogen a chavales de 16 años que vivan allí, no se preocupen del transporte y trabajen tres meses en un curro mal pagado".

Para el economista Puig, hay otro indicador para analizar cómo el turismo español arrastra la prosperidad: la tasa de abandono escolar. Aunque en los últimos años desciende en toda España, las regiones del Mediterráneo mantienen niveles muy por encima de la media europea. Europa considera que el porcentaje de gente que deja la escuela a los 16 años no debe superar el 10%. En Baleares es del 26,5% y en Canarias, aunque ha caído al 17,5%, no hace tanto, en 2013, era del 27,5%.

"El turismo favorece la salida de los jóvenes al mercado laboral. Se van porque no les interesa la escuela, pero también porque hay oportunidades fuera", explica el investigador Mariano Fernández, autor de estudios sobre el tema. "El alto grado de estacionalidad, que hace que entre y salga constantemente mucha gente, facilita el acceso. Y el trabajo de turismo es menos cualificado que el de construcción".

La baja cualificación de los puestos que crea un sector tan importante provoca también el efecto contrario: la sobrecualificación. "Tengo amigos con carrera que, como no encuentran de lo suyo, acaban de camareros", cuenta Héctor Blasco, trabajador de hostelería en Valencia. "Hay intrusismo, pero tanto de gente que no ha estudiado como de gente que ha estudiado cosas diferentes".

Para Puig, la solución a estos problemas es el establecimiento de un salario mínimo en turismo, que cifra en 14.000 euros anuales y podría variar por comunidad. Esto obligaría a los empresarios a pensárselo bien antes de crear puestos de trabajo poco productivos, algo innecesario en nuestro país porque la proporción de gente con estudios universitarios es muy alta. "Es muy fácil decir: no pagamos porque no son profesionales. Si los empresarios estuvieran obligados a pagar, exigirían más. Pero España ha desarrollado un turismo barato y lo quiere mantener. Y lo hace con sueldos bajos".

La eterna búsqueda del "turismo de calidad"

"Con salarios bajos, el servicio es peor", considera Catalán. "No somos capaces de hacer turismo de calidad. En 'low cost' nos ganarán. ¿Por qué este año ha ido peor? Si Turquía, Argelia o Túnez se abren y dicen: aquí cuesta 500 euros y en España 1.500, no hay nada que hacer. Cuando competimos con países en vías de desarrollo, los salarios bajan y entramos en el ¿se puede vivir con 700 euros? No. O somos capaces de darle la vuelta a la tortilla o... Yo prefiero menos turistas y más calidad. Tendríamos mejores salarios y pagaríamos más a la Seguridad Social".

Es otra de las viejas preocupaciones españolas: el sol y playa y la turoperación. Según datos del sector, el 75% de turistas internacionales viene con paquete de vuelo y hotel. "El turoperador alemán o inglés llega al hotel, reserva el 90% de las habitaciones a precio fijo y el hotelero solo tiene que adaptar sus costes", resume Fabián González, socio director en The Digital Band, consultora especializada en turismo. "No salen a vender porque ya está todo vendido. Pero la única forma de competir con destinos que ofrecen lo mismo es el precio, así que el turoperador paga muy poco. Es el drama del turismo. Es fácil decir: cambia. Pero no tienes estructura ni personal. Y no vale con que un solo hotel lo haga. Si el destino no promociona sus valores, es muy difícil. No se hace de un día para otro".

Aunque en los últimos años tanto la Administración como el propio sector han clamado por un cambio de modelo —que aleje a España del sol y playa, la posicione como 'turismo de calidad' y sea más rentable, porque venga menos gente pero gaste más dinero—, no está claro cómo se traduciría en las condiciones de los trabajadores. Ya sabemos que los establecimientos de lujo no pagan mejor porque la ley lo permite. Y aunque a sitios como Ibiza van turistas con mayor poder adquisitivo, la riqueza no se traslada a la población.

"Ibiza creó un producto y aumentó el volumen de turistas. Es la isla que mayores incrementos de PIB tiene. Pero la renta per cápita cae por debajo de la media balear. Su turismo es poco eficiente: es como si llenas una tubería de agua pero solo te llegan cinco de los 10 litros. Ibiza no ha transitado del volumen al valor, pese a que los turistas que llegan tienen más poder adquisitivo. Hay un agujero en la tubería", explica Riera. "Vieron que el turismo de borrachera no compensaba y apostaron por el de lujo", añade Puig. "Y los trabajadores cobran más. Pero sube el nivel de vida para todos". El efecto más evidente es el alquiler: Ibiza es la ciudad con el metro cuadrado más caro de España.

¿Qué otras soluciones proponen los expertos? Además del salario mínimo y la prohibición de la externalización del trabajo estructural que sugieren Las Kellys, Catalán insiste en la concentración hotelera —que no haya tantos pequeños hoteles, sino pocos grandes— para poder negociar frente al turoperador. Riera, por su parte, apuesta por la profesionalización.

"Cuando hablamos de turismo, tenemos una visión tradicional. Pero también puede ser exportar conocimiento. ¿Por qué no somos primeros en eso? La cadena de valor turista está en fases muy primarias. Se sofisticará si dejamos de ser solo productores, metemos comercializadores y conseguimos más adecuación entre la formación y el puesto de trabajo. ¿Cómo hacerlo bien?", se pregunta. "Que intervengan todos los agentes: empresarios, escuelas... Es complejo, pero hay oportunidades. Tenemos que dar el salto. No gestionamos bien lo ricos que somos y estamos empobreciéndonos. Es como el que hereda una herencia y no sabe administrarla".

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