A Francia en el barco de la playa: así 'regatean' los inmigrantes a los gendarmes
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EN LA FRONTERA DE IRÚN

A Francia en el barco de la playa: así 'regatean' los inmigrantes a los gendarmes

Los 'sin papeles' abren nuevos pasos para abandonar España. El objetivo es no ser detectados por la policía del país vecino ni arriesgar la vida cruzando a nado el río Bidasoa

Foto: Un joven falleció en Irún cuando intentaba cruzar el río Bidasoa hacia Francia. (EFE)
Un joven falleció en Irún cuando intentaba cruzar el río Bidasoa hacia Francia. (EFE)

Con la pandemia se intensificó el control de los gendarmes en la frontera francesa con España. Este marcaje complicó la vida de los inmigrantes en situación irregular, que han visto cómo se ha enredado su tránsito hacia Francia desde Irún. Los pasos terrestres son infranqueables y arriesgarse a cruzar a nado el río Bidasoa, donde en lo que va de año se han registrado dos ahogamientos, es demasiado peligroso. Sin ir más lejos, el día 10 un joven de 18 años que quería llegar a Nantes murió allí. Por eso, los 'sin papeles' han buscado nuevas vías para lograr llegar al país vecino sin ser detectados ni morir en el intento. Y las han encontrado en el barco playero y los autobuses nocturnos.

Los franceses lo utilizan para cenar en las terrazas vascas. Los españoles, para disfrutar de las playas galas y, en las últimas semanas y como explican fuentes policiales a El Confidencial, también hay ocasiones en las que el popular barco playero de Hondarribia, localidad limítrofe con Hendaya, sirve para que algunos inmigrantes superen una frontera mucho más desconocida que la de Ceuta o Melilla, pero igualmente transitada por miles de 'sin papeles' cada año.

Foto: Inmigrantes en el puerto de Ceuta. (EFE)

El bajo precio del billete (menos de dos euros), el breve trayecto (apenas diez minutos), el escaso riesgo aparejado a esta alternativa y que la policía francesa no ha desplegado un control tan férreo como el dispuesto en tierra son los motivos que animan a los subsaharianos a intentar alcanzar el país galo a bordo de las pequeñas embarcaciones que unen Hondarribia y Hendaya por la bahía de Txingudi en lugar de abordar el paso desde la vecina Irún.

Esta práctica suele ser habitual entre las mafias que se aprovechan de los migrantes

Según detallan fuentes policiales, ya hay incluso oportunistas —ajenos a la tripulación de los barcos, remarcan— que, conscientes del modus operandi de los migrantes, intentan sacar rédito económico de sus dificultades. Contactan con los subsaharianos intentando ganarse su confianza y dándoles la impresión de que quieren ayudarles en su travesía.

Pero nada más lejos de la realidad, ya que antes de contarles a dónde pueden dirigirse una vez que pisen suelo francés para ser atendidos o por dónde deben avanzar para evitar ser detectados por los gendarmes, les exigen dinero a cambio de consejos. Esta práctica suele ser habitual entre las mafias que se aprovechan de los migrantes en otras partes de la geografía nacional, pero según especifican las fuentes policiales consultadas, no sería el caso de momento.

Desde las empresas propietarias de las embarcaciones subrayan, por su parte, que no se trata de una tendencia masiva, ni mucho menos, aunque sí indican que se han dado casos "esporádicos" y sostienen que en esta época, pese al verano, no hay más afluencia que en otras.

La noche como aliada

Realizar el paso entre Irún y Hendaya no supone ningún problema para la mayoría de ciudadanos de ambos países. De hecho, se puede hacer cruzando un simple puente, el de Santiago, que une ambas poblaciones, sin mayor dificultad. Pero no es una opción para los migrantes. En cuanto la policía francesa que vigila el puente los detecta, los obliga a darse la vuelta impidiéndoles el paso a Francia.

La otra opción que tienen los inmigrantes en situación irregular para 'regatear’' a los agentes es aliarse con la noche. Una vez que cae el sol, el control francés en Hendaya baja levemente. Pese a ello, el paso a pie sigue siendo imposible, por lo que pillar en un renuncio a los policías del país vecino pasa por coger un autobús nocturno. Una vez en marcha, los subsaharianos deben esperar a que el vehículo no sea sometido a un control para así entrar en Francia.

"No arman jaleo"

Con todo, la situación en la frontera norte no es especialmente problemática. Fuentes policiales subrayan que en la zona no hay inseguridad ciudadana vinculada al tránsito de los 'sin papeles': "No arman jaleo, llevan poco tiempo en España y son gente que habitualmente lo único que quiere es pasar a países como Francia o Bélgica. No quieren quedarse aquí".

Lo que sí se ha notado este verano al calor del mayor control francés en la frontera es que ha disminuido el número de devoluciones formales. Eso se debe a que, como los gendarmes impiden el paso a los inmigrantes antes incluso de que se adentren en Francia, apenas se ejecutan este tipo de procedimientos.

Foto: Imagen de archivo de uno de los traslados. (EFE)

Aunque no sea tan conocida como las fronteras del sur de España, el paso de Irún representa la salida de los miles de inmigrantes que cada año llegan en patera a las costas andaluzas o superan las vallas de Ceuta y Melilla en medio de su travesía migratoria. Según los datos que ofreció el Gobierno vasco hace quince días, en lo que va de año, los servicios de la comunidad ya han atendido a 4.100 personas, frente a las 3.493 de 2020.

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