Sánchez se arriesga en el empeño de frenar a Ayuso durante la campaña más extraña
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CARA A A CARA ELECTORAL ENTRE PRESIDENTES

Sánchez se arriesga en el empeño de frenar a Ayuso durante la campaña más extraña

El mandatario socialista acepta el reto que le propone la presidenta de la Comunidad y arriesgará su papel y pondrá a su Gobierno al servicio de la disputa electoral

placeholder Foto: Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez. (EFE)

Empieza la campaña electoral en la que se enfrentan una presidenta autonómica y un presidente de Gobierno. Será una de las más atípicas en 43 años de democracia, porque son elecciones autonómicas, pero los principales partidos han decidido convertirlas en una especie de ensayo de generales con consecuencias claras en la política nacional. Y sobre todo porque desde la Moncloa se confronta con la actual presidenta y candidata favorita en los comicios, como nunca había ocurrido.

Isabel Díaz Ayuso era hace poco más de dos años una desconocida y ahora se ha convertido en una de las políticas más controvertidas. Abanderada de la guerra cultural sin complejos, es ya un icono para la derecha y la diana política de la izquierda. Desde el inicio de su mandato utilizó como palanca la confrontación con el Gobierno central y ha sido correspondida con creces desde la Moncloa. En la precampaña está siendo capaz de decir en la misma frase que no se debe hacer política con la pandemia y al tiempo forzar argumentos para reprochar al Gobierno central que no lleguen las vacunas o que no se cierre Barajas.

Hay referencias históricas sobre la rentabilidad de ese tipo de estrategias. Por ejemplo, José Bono se afianzó como poderoso e imbatible presidente de Castilla-La Mancha gracias a su confrontación con el Gobierno central, entonces presidido por Felipe González. Asuntos como el recorrido de una autovía y la instalación de un campo de tiro le sirvieron en los 80 como estrategia política, con el agravante en su caso de que el Gobierno al que se enfrentaba era de su mismo signo político.

placeholder La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, durante un acto de campaña electoral. (EFE)
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, durante un acto de campaña electoral. (EFE)

Ayuso, política heterodoxa y sin complejos, ha pisado siempre la fina línea entre la valentía y la imprudencia, pero el resultado es que, según las encuestas, está en condiciones de doblar el número de escaños que logró el PP en 2019.

Como en los discursos de agradecimiento de los Goya o los Óscar, Ayuso podrá decir si gana que, además de por su actuación y sus méritos, el premio le llega gracias al empeño de tres personas: Pablo Casado, Miguel Ángel Rodríguez y Pedro Sánchez.

El primero, líder del PP, apostó por ella en 2019 en contra de la opinión de muchos en el partido. Aguantó luego la presión de los barones que no entendían que Ayuso fuera por libre, especialmente, en la lucha contra la pandemia.

Casado aguantó la presión de los barones que no entendían que Ayuso fuera por libre, especialmente, en la lucha contra la pandemia

El segundo, antiguo responsable de comunicación de José María Aznar, fue contratado por Ayuso como jefe de Gabinete y ha controlado su estrategia política con evidente éxito. No hay nadie que le conozca mínimamente que pueda sostener que hay alguna posibilidad de frenar o someter a Rodríguez, para quien no existe la distinción entre exceso y mesura.

El tercero, presidente del Gobierno y líder socialista, ha ayudado a crear la figura de Ayuso aceptando confrontar con ella y concediéndole momentos como el de la foto de las banderas de septiembre de 2020, dándole tratamiento casi de jefa de Estado. Se supone que se trataba de aupar a Ayuso para opacar a Pablo Casado, según explican fuentes del PSOE, pero terminó por fortalecerla.

También cuando aceptó que el pacto de Presupuestos incluyera que el portavoz de ERC anunciara en rueda de prensa el acuerdo para subir los impuestos en la Comunidad de Madrid.

Foto: La candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, junto a Pablo Casado. (EFE)

Y más recientemente cuando el presidente del Gobierno aceptó convertirse de facto en el candidato del PSOE, ninguneando a Ángel Gabilondo. Hace poco más de una semana, desde Senegal, confrontó con la presidenta de la Comunidad poniendo en duda los datos de Madrid sobre la pandemia, pero lo hizo sin aportar pruebas y en rueda de prensa oficial en Dakar.

Sánchez ayudó a Ayuso también cuando decidió crear en plena precampaña electoral un grupo de trabajo sobre una futura reforma fiscal que elimine las reducciones de impuestos en Madrid, justo después de que Gabilondo dijera que si gana las elecciones no tocaría los impuestos. Los socialistas madrileños, que en décadas anteriores tuvieron autonomía plena, dicen estar perplejos.

La arriesgada estrategia de Moncloa

Ahora el PSOE llega con una extraña estrategia que superpone dos campañas: la de Sánchez y Gabilondo diseñada en Moncloa por Iván Redondo y la del resto de candidatos y bases del partido que se prepara en Ferraz. En esta última se busca movilizar el voto de municipios del llamado 'cinturón rojo', donde gobierna el PSOE, en algunos casos con mayoría absoluta.

placeholder El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su visita a Senegal. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su visita a Senegal. (EFE)

Sánchez arriesga y pone su Gobierno al servicio de las elecciones autonómicas. A la salida del vicepresidente segundo del Ejecutivo se suma la de dos secretarias de Estado (Hana Jalloul e Irene Lozano) y la extraña situación en la que queda Reyes Maroto como ministra de Industria, casi en precario y pendiente de lo que ocurra el 4 de mayo. Hay que añadir la marcha en enero de Salvador Illa hacia las elecciones catalanas. Cabe concluir que Sánchez usa su Gobierno como arma electoral en las comunidades autónomas.

De todas las maniobras hechas para el 4-M, quizá la decisión más estrambótica es la de buscar un supuesto 'efecto Maroto' cuando ni siquiera es una de las ministras mejor valoradas, según el CIS. No es conocida porque según el último sondeo oficial el 51,8% no sabe quién es y está entre los seis ministros peor valorados.

La misma jugada hizo Iván Redondo en las campañas de Sánchez y de Salvador Illa. En el debate electoral de 2019, Sánchez anunció que Nadia Calviño sería su vicepresidenta económica si ganaba; Illa anunció lo mismo con Maurici Lucena y ahora Gabilondo con Maroto.

El papel de Gabilondo

El hoy candidato socialista estaba en trance de irse de la Comunidad porque ya había sido aceptado por el PP para el cargo de Defensor del Pueblo, pero los escollos de esa negociación le han hecho acabar como aspirante electoral de nuevo. Sánchez valoró las dificultades de estas elecciones para el PSOE y le resultó determinante que la Asamblea sea renovada dentro de solo dos años. Decidió mantenerle como cabeza de lista, aunque con varios nombres en la candidatura con opciones de sustituirle si hay mal resultado y poder hacer oposición en la Asamblea durante estos dos años. Fuentes socialistas ven incómodo a Gabilondo en la interpretación del papel que le marca Redondo, confirmando que es siempre aconsejable que el asesor se adapte al candidato, antes que el candidato al asesor, porque el resultado es una visible impostura.

Fuentes socialistas ven incómodo a Gabilondo en la interpretación del papel que le marca Redondo

El PSOE aspira a que PP y Vox no lleguen a los 69 escaños de la mayoría absoluta y que, por tanto, pueda cerrar un acuerdo con Más Madrid y Unidas Podemos para un gobierno de coalición de izquierdas. Ninguna encuesta hasta el momento ha mostrado esta posibilidad.

Los socialistas admiten que, según las encuestas, no logran atraer votos de Ciudadanos y hay nada menos que unos 500.000 sufragios que obtuvo el partido de Inés Arrimadas en disputa por el resto de candidaturas.

Casado también ha aceptado involucrarse a la campaña y dar trascendencia a las elecciones para la política nacional, pero en el sentido contrario al de Sánchez. El líder del PP ha decidido subirse a la ola de una previsible victoria para fortalecerse, frente a un Ciudadanos en liquidación y un Vox que frena su ascenso sostenido. Esa es su estrategia, según fuentes de Génova. Sánchez, en cambio, corre el riesgo de tener que asumir como propia la derrota, como le ocurrió al líder del PP en Cataluña.

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Una sorpresa que impidiera a Ayuso gobernar, obviamente, fortalecería a Sánchez y volvería a dejar en el aire el liderazgo interno de Casado. Hasta el inicio de campaña, Ayuso ha conseguido imponer un mensaje, basado en la disyuntiva entre libertad y restricciones. Sánchez y Gabilondo utilizaron reiteradamente la palabra “desmadre” para responder a “libertad”.

Si las campañas electorales buscan despertar emociones, esta lo hace desde la carne viva del año de pandemia. La fatiga vuelve atractivo el final de las restricciones, que es lo que vende Ayuso. Obviamente, su adversario es la evolución de las cifras hasta el día de las elecciones, además de la confianza en una victoria segura que desmovilice a sus electores. Por eso le interesa mantener la idea de que su victoria está en peligro y le va bien que el CIS siga diciendo que derecha e izquierda están empatados. Es decir, que lo de los sondeos oficiales es también otra actuación sorprendente del Gobierno.

Si las campañas electorales buscan despertar las emociones, esta lo hace desde la carne viva del año de pandemia

El otro elemento diferenciador de las elecciones es la presencia en las urnas de quien hasta hace poco era vicepresidente segundo y durante los últimos años ha sido dinamizador de la política española. La presencia de Pablo Iglesias ha logrado poner a Unidas Podemos por encima del 5%, siempre según las encuestas. Tiene la contraindicación de movilizar también el voto de la derecha que de por sí ya estaba altamente movilizado. Su campaña está siendo hasta el momento de recorrido por la comunidad, con vídeos editados y distribuidos a los periodistas y un mensaje que apela a votantes que habitualmente no acuden a las urnas y con algunos mensajes que entran y agitan la agenda política general, como la crítica a los medios de comunicación.

En la carrera electoral se incluye Mónica García (Más Madrid) que parte con el empuje de la oposición activa a Ayuso desde 2019 y, especialmente durante la campaña, ocupando el hueco que dejó libre el estilo de Gabilondo. Aspira a ser el tercer partido de la Asamblea.

Ciudadanos vive sus peores momentos y la mayoría de encuestas le otorga resultados por debajo del 5%. Es revelador de sus expectativas reales que su cabeza de lista, Edmundo Bal, no haya dejado su escaño en el Congreso y su puesto de portavoz parlamentario hasta no ver los resultados del 4 de mayo.

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