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"Parecía la ETA". Puerto Hurraco: cuando a la España vacía se le cruzan los cables
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30 años de la masacre extremeña

"Parecía la ETA". Puerto Hurraco: cuando a la España vacía se le cruzan los cables

El pueblo sigue conmocionado por un crimen tan salvaje como absurdo: de las peleas centenarias entre familias al estrambótico plan de los asesinos para camelarse a Felipe González

Foto: Puerto Hurraco, agosto de 2020, superviviente de la matanza. (Pablo García y Baldesca Samper)
Puerto Hurraco, agosto de 2020, superviviente de la matanza. (Pablo García y Baldesca Samper)

“Nadie quiere hablar de lo que pasó, porque si lo haces, te señalan con el dedo”. Uno vuelve a Puerto Hurraco (Badajoz) buscando heridas cicatrizadas, pero se encuentra ambiente enrarecido y personas que solo hablan bajo anonimato. Un pueblo en silencio. Lo más visceral que logras sacarle a un vecino es: “Son unos bandidos. Son unos bandidos”, como si los hermanos Izquierdo acabasen de disparar sus escopetas, como si no hubieran pasado 30 años desde la matanza sino 30 minutos. Todavía huele a pólvora en Puerto Hurraco.

“La gente gritaba por la calle que eran de la ETA”, cuenta a El Confidencial una testigo de la masace que sigue en el pueblo. La ETA de la España vacía.

placeholder Cementerio. (Pablo García y Baldesca Samper)
Cementerio. (Pablo García y Baldesca Samper)

“Vamos a cazar tórtolas”. El 26 de agosto de 1990, Emilio y Antonio Izquierdo se vistieron de cazadores, se apostaron en un callejón de Puerto Hurraco y acribillaron a varios miembros de la familia Cabanillas… y a todo el que se puso a tiro. Nueve muertos y seis heridos graves en un pueblo que no llegaba a los 200 habitantes en verano: el 5% de la población de Puerto Hurraco fulminada de golpe. ¿Por qué?

En 1984, la matriarca Isabel Izquierdo murió tras incendiarse su casa (versión oficial: accidente). Sus hijos echaron la culpa al otro clan familiar de Puerto Hurraco: los Cabanillas. Tiempo después, Jerónimo Izquierdo, que ya había estado en la cárcel por asesinar a un Cabanillas en 1967, acuchilló a otro, Antonio Cabanillas, que sobrevivió por poco. El homicida Jerónimo murió poco después en un psiquiatrico. La 'vendetta' por la muerte de la madre se había quedado a medias

Los Izquierdo creían que los Cabanillas habían quemado a su madre con la ayuda del resto del pueblo. Una enorme confabulación comenzó a centrifugar la psique de los otros cuatro hermanos, los cincuentones Emilio, Antonio, Ángela y Luciana, que pasaron el resto de los ochenta encerrados en una casa del pueblo de al lado (Monterrubio, a 10 kilómetros de Puerto Hurraco). Maquinando la venganza.

placeholder Calle del pueblo. (Pablo García y Baldesca Samper)
Calle del pueblo. (Pablo García y Baldesca Samper)

Oír un ruido que solo está en tu cabeza es malo; pero pasarte varios años así es mucho peor. Es lo que les pasó esos años a los Izquierdo. Aquel maldito ruido no dejaba de sonar en sus cabezas. ¿Serían los electrodomésticos? Decidieron cortar los plomos de la casa, y aunque el ruido siguió sonando, la casa quedó a oscuras para siempre. Oscuridad y ruidos en los cerebros. Nada bueno podía salir de ahí. Salió un plan como una serpiente de dos cabezas: una homicida y la otra enajenada.

Como en una de esas películas con escenas paralelas que retroalimentan la tensión, al tiempo que Emilio y Antonio salían hacia Puerto Hurraco de cacería un 26 de agosto de 1990, Ángela y Luciana partieron hacia Madrid. El periplo madrileño refleja aún mejor que los tiros el delirio y locura interna de todo aquello. Las hermanas iban a Moncloa, a contarle a Felipe González que los Cabanillas merecían todo lo que les pudiera pasar.

"Las dos hermanas Izquierdo iban a ver al señor presidente del Gobierno, a denunciar un plan diabólico, fraguado contra ellos, contra la familia Izquierdo, dirigido por todo el pueblo de Puerto Hurraco, la familia Cabanillas y la Guardia Civil. Un complot que se cernía sobre todos ellos como una manta húmeda y viscosa, desde treinta años atrás. Quizá también para hablarle del ruido que todos ellos sentían en la cabeza. Ese ruido que exigió que cortasen los cables de la luz que alimentaba la casa de la calle Constitución, antes Generalísimo, en Monterrubio. Creyeron que el zumbido de la luz era el causante de aquel rumor sordo dentro del cerebro. Tuvieron que vivir con velas, a oscuras, sin radio ni televisión, aguardando que cesaran aquellos zumbidos, mascullando entre los cuatro hermanos la venganza que daría fin a aquel tormento", escribió Juan Madrid en una crónica de no ficción sobre Puerto Hurraco del libro 'Malos tiempos'.

Su idea era acabar con todo el pueblo

En 1990, Juan Madrid investigó la matanza de Puerto Hurraco sobre el terreno para medios como ‘Interviú’ y ‘Cambio 16’. Madrid, referente de la novela negra española, analiza esos días negros en esta entrevista.

PREGUNTA. Usted ha escrito varias veces sobre Puerto Hurraco. ¿Por qué?

RESPUESTA. Es una historia asombrosa de la España primitiva y cruel que aún sigue existiendo. Restos de la España siniestra de caciques y de sangre.

P. Estuvo allí esos días. ¿Qué le chocó más?

R. La sangre fría de los dos hermanos mientras ejecutaban la matanza. De pie, andando, disparando a todo lo que se movía, su idea era acabar con todo el pueblo.

P. Cuando acabaron se fueron a echar una cabezadita no lejos de allí...

R. ¡Se fueron a dormir! Y la Guardia Civil los pilló dormidos. ¡Esto en una película no se lo cree nadie! Estaban tranquilos y no huyeron. ¿Para qué? Lo que querían eran vengarse y lo habían logrado.

P. ¿Hubo más maquinación que arrebato?

Los hermanos Izquierdo se afiliaron al PSOE porque pensaban que así tendrían protección... Hacerse del PSOE para que les salvara el Gobierno

R. El plan estaba pactado entre los cuatro hermanos. Ellos irían a Puerto Hurraco a vengarse y ellas a Moncloa a hablar con Felipe. Los cuatro hermanos se afiliaron antes al PSOE porque pensaban que así tendrían la protección del Gobierno, al fin y al cabo, en el pueblo les habían hecho la vida imposible y habían quemado viva a su madre, según ellos.

P. Es inaudito que creyeran que sacarse el carnet del PSOE les cubriría de alguna manera…

R. Creían que así accederían al presidente, y allí justificar su derecho a vengarse. Las dos hermanas se presentaron en Moncloa vestidas de negro, de luto, llorosas, un paripé antes de la matanza. Estaba todo más que pensado. Con premeditación, coartada y punto de fuga: hacerse del PSOE para que los salvará el Gobierno.

placeholder Puerto Hurraco, en agosto. (Pablo García y Baldesca Samper)
Puerto Hurraco, en agosto. (Pablo García y Baldesca Samper)

[...]

Juan Madrid reconstruyó en el libro la llegada de las Izquierdo a presidencia: "La Luciana y la Ángela se detienen junto a la puerta de entrada del Palacio de la Moncloa, en Madrid. El cabo de la Guardia Civil Teodoro Ramírez acababa de cumplir treinta años dos días antes y, sin embargo, ya estaba acostumbrado a ver cosas raras con la gente que se acercaba a la mole de granito de la residencia presidencial. Las dos mujeres, vestidas enteramente de negro, con un extraño fulgor en los ojos, parecían de otra época, aunque el cabo no sabía de qué época, como surgidas de un mal sueño. El hombre no podía saber de los zumbidos y del ruido en la cabeza de las dos hermanas, ni que se llevaban catorce años entre ellas. Ambas parecían de la misma edad indefinida. Viejas desde siempre. — Buenos días, señoras. ¿Qué desean? —Buenos días —contestó Luciana, la única que hablaba—. Queremos ver al señor presidente del Gobierno. —¿Al presidente? ¿Tienen ustedes audiencia, señoras? —¿Audiencia? —Las dos hermanas se miraron. Luciana sacó de un bolso negro con cierres dorados cuatro carnés nuevos, apenas sin tocar, y se los tendió al Guardia Civil. —Somos del partido. Nos hemos apuntado —manifestó Luciana—. Vea usted. —Sí, sí, señora. Ya lo veo. Son del partido. Pero yo no puedo dejar pasar a nadie que no tenga cita previa con la secretaría del presidente. ¿Comprenden? —El señor presidente nos tiene que hacer justicia —dijo Luciana"

P. Aunque ellos dispararon, ellas cargaron con parte de la ira popular como presuntas autoras intelectuales de la matanza. Se dijo que les habían calentado los cascos a sus hermanos…

R. El crimen fue planeado por todos. Ellas fueron a Moncloa y ellos dispararon porque eran los hombres, pero fue idea de los cuatro.

P. Para la historia quedó la entrevista televisiva a las hermanas en el tren de regreso a Extremadura tras la matanza. Gemían y decían todo el rato que ellas eran muy católicas…

R. Decían que eran católicas, apostólicas y romanas. La entrevista es increíble. ¿Pero esto qué es? ¿La España de 1750?

P. ¿Qué papel jugó la Guardia Civil?

R. Lo de las pelis sobre la valentísima Guardia Civil aquí no funcionan: de Puerto Hurraco huyeron acojonados, la primera dotación que llegó al pueblo retrocedió tiroteada, tuvo que venir luego una con 200 agentes para controlar aquello. Los hermanos Izquierdo dominaban el pueblo, eran cazadores, se ponía uno delante y otro detrás. Eran tripudos, pero ágiles, barrieron todo a disparos, sabían lo que hacían, en una revolución hubieran sido la leche, capaces de acojonar a la Guardia Civil.

placeholder Agricultor en Puerto Hurraco. (Pablo García y Baldesca Samper)
Agricultor en Puerto Hurraco. (Pablo García y Baldesca Samper)

Bienvenidos al neolítico

Mucho antes de que la matriarca de los Izquierdo muriera calcinada en 1984, las relaciones entre las dos familias ya eran terribles. Con dos problemas recurrentes: lindes y relaciones sentimentales. La primera puñalada (literal) entre los clanes data de 1929, por una relación mal vista entre una Cabanillas y un Izquierdo. El mismo motivo generó el primer asesinato en 1967. Todo ello en un pueblo con decenas de habitantes, es decir, donde no era fácil liarse con alguien que no fuera de la familia rival... o de tu propia familia.

Dicen que las rencillas empezaron hace más de un siglo, cuando los Cabanillas llegaron de Cuba y disputaron la hegemonía histórica del pueblo a los fundadores Izquierdo (y cuando queremos decir hegemonía histórica del pueblo queremos decir cuatro pedregales).

placeholder Camino a Puerto Hurraco. (Pablo García y Baldesca Samper)
Camino a Puerto Hurraco. (Pablo García y Baldesca Samper)

La paradoja es que cuanto más profundiza uno en las rencillas, más lejos está de entender nada. Se habla de disputas salvajes sobre las lindes y de odios atávicos entre dos familias, pero cuanto más subimos el tono solemne, más nos alejamos de encontrar sentido a toda aquello, pues llevar un siglo de reyertas por tres metros de terreno baldío va más allá de la razón. Dicen que no hay conflicto por enquistado que esté que no tenga causas y resoluciones sociales, pero la tangana de Puerto Hurraco parece venir de un lugar previo a todo eso. Cuando las cosas no tienen enganche con la realidad, no hay ni principio ni fin, y todo es sensacionalismo, paranoia y rechinar de dientes treinta, cincuenta y doscientos años después.

PD: El juez que tomó declaración en caliente a los hermanos Izquierdo les preguntó por qué lo habían hecho. Así lo describió Juan Madrid: "Emilio, que es el que habla siempre, se encogió de hombros. Los dos hermanos se encontraban tranquilos y reposados, como si estuvieran viendo una película. Al juez le pareció que aquello no tenía nada que ver con la sangre fría. Era otra cosa. Algo impalpable y viscoso. —Ya nos hemos vengado —contestó al fin Emilio—. Ahora que sufra el pueblo".

“Nadie quiere hablar de lo que pasó, porque si lo haces, te señalan con el dedo”. Uno vuelve a Puerto Hurraco (Badajoz) buscando heridas cicatrizadas, pero se encuentra ambiente enrarecido y personas que solo hablan bajo anonimato. Un pueblo en silencio. Lo más visceral que logras sacarle a un vecino es: “Son unos bandidos. Son unos bandidos”, como si los hermanos Izquierdo acabasen de disparar sus escopetas, como si no hubieran pasado 30 años desde la matanza sino 30 minutos. Todavía huele a pólvora en Puerto Hurraco.

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